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Nuestros símbolos: nuestro pasado y futuro

Prueba de la importancia de los símbolos es la rapidez contundencia, y éxito, con que el nacionalismo ha atacado destructivamente los nuestros.

La definición más técnica de cultura dice que es un sistema vinculante de significación, es decir, un sistema en el que los símbolos y actos tienen un significado prefijado que influye y canaliza a todos los miembros de la sociedad.

La llamada identidad colectiva es el resultado de un proceso de construcción social a través de la producción de definiciones comunes de las que los símbolos son sus representaciones. Nos interesa conocerlas y valorizarlas porque si no, el olvido y las imágenes colectivas activas distintas de la nuestra, de la auténtica, natural e histórica que es España, se encargan de sustituirlas (y esa ha sido una de las tareas primordiales a las que el nacionalismo, conocedor de su importancia y capacidad movilizadora e inhibidora del "otro", se ha entregado con vehemencia, violencia y premura). El vacío no es una alternativa real ni humana.

Blanco de las banderías políticas, nuestros símbolos nacionales son representaciones de nuestra colectividad y su Historia mientras mantengamos la voluntad de seguir siendo. No despreciemos su valor porque la manipulación política de los nacionalismos separadores se basa precisamente en la invención y manipulación de la simbología colectiva.

Nuestra bandera nacional, la roja y gualda, es la más antigua de Europa. Aunque se ha especulado con su origen italiano (en base a los colores del escudo de Nápoles, del que fue rey Carlos III, que fijó oficialmente los colores de la bandera para la Marina de Guerra, entre 12 modelos que se presentaron basándose en ambos colores).

Nápoles no es el único municipio italiano que tiene esos colores por emblema, por el contrario predominan en muchos de ellos, y de este hecho general surgió la teoría del origen napolitano.

De hecho los colores de nuestra bandera tienen como origen los de la antigua religión ibera de culto al sol, el origen de todas las religiones y el culto primigenio de la Humanidad. Los sacerdotes llevaban una capa amarilla con los rebordes rojos (el fulgor del sol y sus rayos). Queda también descartada la teoría, muy extendida, del origen en los colores del antiguo reino de Aragón. Al contrario, esta bandera es muy posterior y sus colores son copiados de los iberos.

Este origen histórico ibero se plasmó en los estandartes cántabros, rojos con barras verticales laterales doradas, que copiaron las legiones romanas como “cantabrum” o “labarum” desde la época del emperador Augusto, fundador del Imperio Romano, y también de la caballería romana, cuyas tácticas son las de los guerreros del noroeste de Hispania. Estos estandartes cántabros servían para comunicarse entre los diversos regimientos y los custodiaban los 50 hombres más valientes y fieles. Curiosamente, serán los cántabros y astures los más empecinados entre los empecinados hispanos en resistirse al poder romano (200 años tardó este en dominar Hispania, frente a 20 de la Galia), y sin embargo los hispanos rápidamente se integran en el sistema romano y forman el eje y élite del ejército, la administración y la cultura en la misma metrópoli. Eso demuestra la similitud étnica, cultural y lingüística entre ambos.

Estos mismos colores serán los del emperador Carlos I: fondo gualda (oro) y la cruz de Borgoña de su familia en rojo.

Anteriormente al periodo de Carlos III, se usó, desde la batalla de Pavía en 1525, la bandera blanca con la cruz de Borgoña, introducida por el rey Felipe el Hermoso en 1506, emblema de su familia. Quedaría vinculada a los Tercios y por ello al Ejército.

En cuanto al Himno, se ha encontrado su partitura en un documento del año 1761, el "Libro de Ordenanza de los toques militares de la Infantería Española", de Manuel Espinosa, en el que aparece como Marcha Granadera, de autor desconocido. Su origen militar es evidentemente cierto.

Algunos historiadores, como Otaño, citan las similitudes entre la Marcha y algunos aires militares de la época del Emperador Carlos I y de Felipe II (siglo XVI), generando la hipótesis de que en la Cantiga nº 42 de Alfonso X el Sabio se encuentra una estrofa de nuestro Himno.

El mito, totalmente falso, de su origen prusiano en el siglo XIX, se debe al historiador Moreno Espinosa que lo expandió desde su “Compendio de Historia de España”, texto oficial de enseñanza durante varios años.

La Marcha Granadera era ya conocida en la primera mitad del siglo XVIII, y utilizada en otras piezas musicales. Esa música de los Toques de Guerra era genuinamente española, pues sus giros melódicos y ritmos aparecían en obras religiosas del siglo XVI, como villancicos y tientos de batalla para órgano.

El 3 de septiembre de 1770, el Rey Carlos III declaró “Marcha de Honor” a la Marcha Granadera, formalizando así su interpretación en actos públicos y solemnidades. La costumbre y el arraigo popular la erigen en Himno Nacional, llamada Marcha Real, sin que exista ninguna disposición escrita.

Después de la "Revolución Gloriosa" de 1869, el General Prim convocó un Concurso Nacional para crear un Himno oficial, que se declaró desierto, aconsejando el Jurado que la Marcha Granadera continuara. Una etapa turbulenta.

La Real Orden, Circular del 27 de agosto de 1908 dispone que las bandas militares ejecuten la Marcha Real Española y la Llamada de Infantes, ordenadas por el músico mayor del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, Maestro Don Bartolomé Pérez Casas, natural de Lorca. El rango de la norma restringió su publicidad, pues se dirigió a todas las bandas militares, ordenándose que se insertara únicamente en la “Colección Legislativa del Ejército”, y no en la “Gaceta de Madrid” o en la “Colección Legislativa de España”, publicaciones oficiales en las que se recogían todos los Reales Decretos de interés general.

La Marcha Real es uno de los raros casos de himno nacional que sólo tiene música y no dispone de letra. Durante el reinado de Alfonso XIII se compuso una que no fue oficial ni llegó a cuajar en la tradición popular, realizada por el autor teatral Luis Marquina. Hay que poner una adecuada a nuestra Historia y alejada de las imposiciones políticas, especialmente las del enemigo interno.

La Marcha Real ha sido siempre el Himno de España, salvo durante la II República (1931-1939), cuando se adoptó el “Himno de Riego”, una marcha de los Batallones de las Milicias Nacionales de principios del siglo XIX. Acabada la Guerra Civil, el Himno volvió a ser la Marcha Real, bajo su viejo nombre de Marcha Granadera.

Durante la dictadura de Franco el Himno se cantaba a veces con los versos del poeta falangista José María Pemán, no reconocidos oficialmente.

El Decreto de 17 de julio de 1942 la declara Himno Nacional sin incluir ninguna partitura, por lo que continuó vigente la versión del Maestro Pérez Casas: tres repeticiones de la Marcha Granadera, idénticas la primera y la tercera, y cambiando el tono la segunda.

Actualmente, tras el informe favorable solicitado por el Gobierno a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se aprobó una versión de la Marcha Granadera que, respetando la armonización del Maestro Pérez Casas, recupera la composición de su época de origen, despojándola de los cambios de tono impropios del siglo XVIII.

Con respecto al escudo, el original de España es el de Fernando III el Santo, con la unificación de Castilla y León en 1230, consistente en el león y el castillo. Pero estos dos símbolos no son contemporáneos de esa época, sino que son originarios de otra antiquísima, al filo del comienzo de la primigenia civilización ibera. Las columnas de Hércules sobre el mar, símbolo también de esa antigua época, que hace referencia al inicio de todos los mitos europeos, al origen de la Humanidad, de Europa y de la antiquísima civilización ibera, fue incluida por el Emperador Carlos I.

Anteriormente fueron usados ya desde la época goda. El historiador Julián del Castillo, en su “Historia de los Godos” cita el símbolo de bandas amarillas con dos leones rojos rampantes.

No cabe duda que tantas coincidencias son producto de un saber transmitido a través de los milenios y expresado por nuestros reyes en periodos sucesivos en testimonio del origen e importancia histórica y cultural de nuestro pueblo y nuestra tierra.

¡Defendámoslos frente a los disgregadores y los renegados.!