Rogelio Vigil de Quiñones

Nacido el 1 de enero de 1862 en Marbella (Málaga), era hijo, nieto y biznieto de militares. Después de ejercer la medicina durante doce años en España fue voluntario a Filipinas como teniente médico provisional en noviembre de 1897.

Después de un mes de estancia en el hospital militar de Marlate, en Manila, fue destinado a acompañar un destacamento del batallón expedicionario de Cazadores número 2, de 55 hombres, que relevaría a la guarnición de Baler, en la provincia de Nueva Écija. Ocupan la iglesia del poblado, en la costa oriental de Luzón, acompañados por el párroco Cándido Gómez Carreño, y ante los ataques la transforman en una fortaleza asediada cuya persistente resistencia, después de la firma del tratado que puso fin a la soberanía de España en el archipiélago filipino, asombraría al mundo entero.

El asedio comenzó el 30 de junio. Tienen provisiones para pocos meses, compuestas por carne de carabao, desagradable para la tropa, y arroz descascarillado. Sin relajar la disciplina, se organizan para adecentar su vida en el asedio: excavan un pozo para el agua, plantan hortalizas en el pequeño huerto...

Al cabo de un mes aumenta el número de atacantes. El responsable final del puesto, tras fallecer de enfermedad antes de la Navidad el capitán Enrique de las Morenas (gobernador del distrito) y el 2º teniente Alonso Zayas, es el segundo teniente Saturnino Martín Cerezo (recompensado con la Cruz Laureada de San Fernando y el ascenso a capitán, llegando a ser general), desconfió de todos los emisarios que le informaron del hecho, incluidos los enviados por el gobierno español, no rindiéndose hasta que obtuvo pruebas claras y terminantes del fin de las hostilidades y de la renuncia de España a la soberanía sobre las islas, 337 días después.

Aspecto y plano de la Iglesia de Baler, el último reducto.Martín Cerezo obliga a celebrar la Navidad para mantener la moral, se canta y se honra a los caídos. A los nueve meses, tras rechazar la primera noticia del Tratado de Paz por considerarla falsa y acabarse la comida, se dan algunas deserciones. A tres desertores se les apresa y juzga, conmutando la pena de muerte.

Tras reunirse, deciden resistir hasta la muerte para defender la que consideran tierra española. Efectúan una salida con 14 hombres en la que logran comida, destruir las trincheras enemigas y quemar las casas circundantes. Esto último les permite abrir la puerta trasera de la iglesia, aumentando la ventilación y disminuyendo las enfermedades.

Los EEUU, ahora enfrentados a los filipinos, intentan ayudarles, siendo rechazados por las tropas tagalas con emboscadas y artillería.

Los sitiados se alimentan ya de ratas, caracoles, insectos y pájaros. Escasean las municiones. En marzo, en una salida, logran capturar dos búfalos.

La Iglesia de Baler.Vigil fue herido gravemente en un costado durante el asedio, viéndose afectado el riñón. Tuvo que curarse él mismo a través de un espejo. También padeció, como el resto de los sitiados, el “beri-beri”, terrible descomposición intestinal.

Sentado en una silla era transportado para tratar a los heridos y enfermos. Su intervención fue decisiva para detener a tiros el asalto por sorpresa del día 20 de abril de 1899, según relata en su diario el teniente Martín Cerezo. El 31 de mayo preparan una salida desesperada para intentar llegar a Manila, que se intenta al día siguiente, fracasando.

El día 2 de junio, el teniente Martín Cerezo, ya convencido de la realidad del Tratado por un detalle en una noticia de un periódico, tras 337 días de resistencia, sin alimentos ni artillería, en inferioridad numérica de 18-1, abandonan la posición con honores y libres 32 hombres.

El presidente filipino Aguinaldo les recibe y expresa su admiración, comparándolos con el Cid y Pelayo, los periódicos les elogian, y el 1 de septiembre de 1899 desembarcan en España, siendo condecorados.

14 soldados murieron de enfermedades, 4 en combate y 5 desertaron.

Durante esta acción estos soldados españoles demostraron el más alto concepto del valor y del deber, llevado más allá de lo exigible, y escribieron una página más de la tenacidad y coraje que caracteriza a las tropas españolas desde la época de los guerreros iberos. Las tropas de los EEUU, en el mismo lugar posteriormente, no resistieron más de una semana, con medios superiores, los ataques filipinos.

Fueron los últimos de Filipinas, pero no los últimos héroes de esa época, y sus enemigos les rindieron los honores y el respeto debidos.

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