Leonardo Torres Quevedo

Torres Quevedo por Joaquín Sorolla.Nacido el 28 de diciembre de 1852 en Santa Cruz de Iguña (Santander), Torres Quevedo es nuestro ingeniero más universal. Representó además, frente al carácter creativo y entusiasta de Juan de la Cierva, el método, la investigación y la multidisciplinariedad en la ciencia española, sin perder el marchamo de pionero en todas ellas.

Sus trabajos generaron multitud de patentes y son los precursores de la Cibernética, el Cálculo Analógico y la Informática. Una obra inmensa y pionera en campos hoy punteros y que fueron abiertos por científicos españoles con escasos recursos pero tenacidad de sobra.

Su familia residió en Bilbao, donde en 1868 terminó sus estudios, trasladándose a París para continuarlos por dos años. En 1870 se trasladan a Madrid. En el 71 ingresó en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, acabando sus estudios en 1876.

Durante el sitio de Bilbao por las tropas carlistas se alista voluntario para la defensa. Viaja por Europa, informándose de los adelantos técnicos y se casa a su regreso en 1885, en Santander; tendría 8 hijos.

En un principio se dedica a la investigación propia, autofinanciándose. En 1899 se traslada a Madrid, ya famoso y prestigiado, y se zambulle en la vida cultural de la ciudad.

En 1901 es nombrado director del Laboratorio de Mecánica Aplicada (después de Automática), recién creado, donde desarrollará su trayectoria.

El diseño del sistema de membrana autorrígida fue patentado por Torres Quevedo y la firma francesa Astra (1908).Dirigió la construcción del primer dirigible español, el “España”, en 1905, muy superior a los ya existentes. Sería el primero de los “Astra-Torres”. En 1907 construyó el primer transbordador apto para personas, en San Sebastián. También es obra suya el que aún está sobre las cataratas del Niágara, el “Spanish Aerocar”.

Construyó asimismo el primer aparato de radiodirección del mundo, pionero en el campo del mando a distancia. Construyó una serie de máquinas analógicas de cálculo de tipo mecánico, muy complejas. También dos versiones de autómatas jugadores ajedrecistas a final de partida, con resultado determinado algorítmicamente, siendo el primero en el mundo que jugase.

En el campo teórico de la automática, la aportación de Torres Quevedo es vital. De hecho él introdujo el término en España en su “Ensayos sobre Automática”, un clásico de esa materia. Por esta obra se puede afirmar que podría haber construido un computador digital electromecánico, con un adelanto de 20 años, con la debida financiación.

Sus trabajos fueron presentados en los más reconocidos congresos científicos y fue una personalidad en su época, siendo consideradas sus aportaciones como extraordinarias.

Falleció el 18 de diciembre de 1936, con 83 años.

El prestigio y reconocimiento internacionales de Torres Quevedo fue inmenso. Aparte de los numerosos reconocimientos y medallas, entre ellas la Gran Cruz de Carlos III y el de Comendador de la Legión de Honor francesa, fue propuesto para ministro de Fomento en 1918, cargo que rechazó. En 1920 ingresó en la RAE, sucediendo a Benito Pérez Galdós, por su empeño, inconcluso, de redactar un Diccionario Tecnológico, ante la invasión de neologismos anglosajones, como hoy ocurre.

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