Pedro Páez Jaramillo

Nació en 1564, en el seno de una familia noble, en Olmeda de las Cebollas, a 40 km. de Madrid. Estudió en la Universidad de Coimbra, en Portugal, y con 18 años ingresó en la Compañía de Jesús, los jesuitas.

Inició un viaje misionero por África y Oriente que le llevó a Etiopía desde Goa (India), llevado por la idea de convertir a este país en aliado de España en el cerco al Imperio Otomano de los turcos. Salió de España en 1588 y no regresó jamás.

Allí fue capturado por los árabes junto al padre Antonio de Montserrat, y vendidos como esclavos a los turcos, hasta que fueron liberados tras siete años de duro cautiverio, en el que estuvieron encadenados y recluidos en subterráneos, obligados a cruzar el desierto de Hadramaut, al sur del Yemen, del que no se tenía conocimiento hasta 1843, siendo los dos primeros europeos en hacerlo.

Tras la liberación, gravemente enfermos, el padre Montserrat murió en Goa y Páez regresó a Etiopía en 1603, donde a su impecable formación como arquitecto y políglota unió una capacidad extraordinaria para el estudio de la lengua y cultura etíopes, enormes dotes para la tarea pastoral, un fino sentido de la diplomacia y una gran simpatía.

Todo ello le permitió ganarse a los emperadores etíopes Za Dengel y Susinios Segued III, a los que convirtió al catolicismo, y establecer alianzas con España. Siempre pensando en España.

Y en uno de los viajes con este último emperador alcanzó, en 1618, las fuentes del Nilo azul, verdadero enigma geográfico y reto científico cuyo descubrimiento ha sido adjudicado al británico Burke erróneamente, 152 años después. No sólo fue la curiosidad el motivo sino el control de la fuente para también controlar las zonas bañadas por el río más largo del mundo.

Mapa de Etiopía en el s. XVII.Exento de vanidad, siempre quitó importancia a un descubrimiento que había obsesionado al mundo hasta el mismo siglo XIX. También fue el primer europeo en probar el moka, el café, y en escribir sobre él.

En los cuatro años siguientes Páez levantó un palacio de piedra de dos plantas a orillas del lago Tana, por encargo del emperador etíope, mostrando sus cualidades como arquitecto, albañil, carpintero y herrero.

No obstante, vivió humildemente y escribió una “Historia de Etiopía”, en portugués, de enorme valor científico e histórico que no se conoció hasta tres siglos después y se editó en 1945.

Murió el 25 de mayo de 1622 y fue enterrado en la iglesia de Górgora que él mismo había construido, hoy abandonada, junto a las fuentes del Nilo.

Ahora, en el 400 aniversario de su primer viaje a Etiopía, su figura está siendo reivindicada. Está prevista una expedición que siga su recorrido y diversos actos oficiales, su obra se va a publicar, uniéndose a las obras que se han escrito en los últimos 40 años sobre su figura. Una figura gigantesca que ha de ser reivindicada en toda su magnitud como hombre, como genio y como español que jamás quiso dejar de serlo en tan lejanas tierras.

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