Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez nace el 23 de diciembre de 1881 en Moguer (Huelva), lugar y paisaje que influirían en su obra. Una obra caracterizada por su sensibilidad, entendida como belleza. Si Machado es el poeta del sentimiento, JR lo es de la belleza. En sus propias palabras:

Mi vida es todo poesía. No soy un literato, soy un poeta que realizó el sueño de su vida. Para mí no existe más que la belleza”.

Cuando se le otorgó el Premio Nobel, en 1956, el mensaje de la Academia sueca dirá: “Representa la orgullosa tradición española, y haberle concedido el laurel es también laurear a Antonio Machado y Federico García Lorca, que son sus discípulos y le elogiaron como a un maestro”, considerándolo un tributo a la literatura española en general.

JR estudió en el colegio de San Luis del Puerto, de los jesuitas, en el Puerto de Santamaría. En 1897 estudia pintura en Sevilla, creyendo que sería en tal arte donde se volcaría su sensibilidad, pero pronto comienza a devorar lecturas y escribir versos.
De hecho su padre le envía allí a estudiar Derecho, lo que él rechaza al regresar a Moguer.

En 1900 se traslada a Madrid, lleno de curiosidad por las noticias de la vida literaria de la capital y cargado de proyectos. Allí le esperaban varios amigos. JR no sacaría una buena impresión del bullicioso ambiente poético modernista, en trance hacia la generación del 98, chocante con sus maneras pulcras y disciplinadas, pero él sí les impresionaría a ellos. Eso, y la muerte de su padre le deciden a regresar a Moguer, donde cae en una profunda depresión, que le traerá su obsesión por la muerte como fin definitivo.

A sus 20 años pasa un año en un sanatorio francés, visitando Suiza e Italia. Se familiarizará entonces con los poetas simbolistas, escribiendo “Rimas”. A finales de 1901, aún en tratamiento, regresa a Madrid. Conoce a los Machado, publica “Arias Tristes”, “Pastorales” y otros. Y regresa a Moguer, su eterno retorno. Allí encuentra su patrimonio arruinado, sus hermanos casados, y su decaimiento continúa. En medio de esa soledad, de ese abatimiento, se está gestando la obra cumbre: “Platero y yo”, reeditado en 1914 y traducido a todos los idiomas.

A pesar de los ruegos de sus amigos de Madrid permanecerá en Moguer hasta 1911, escribiendo, entre otras, “Elegías” y “Soledad Sonora”.

En 1910 rechaza un sillón de la RAE, pero al año siguiente regresa a Madrid, deseoso de comunicarse con otros poetas, siendo ya él uno consagrado, viviendo en la Residencia de Estudiantes, con Machado, Unamuno, Alberti, García Lorca, Dalí... Allí conocería a su gran amor, Zenobia Camprubí, de madre portorriqueña y padre navarro. Se casaron en Nueva York el 2 de marzo de 1916, el mismo año de la muerte del poeta Rubén Darío, tan sentida, volviendo posteriormente a Madrid, publicando, entre otras, “Estío” y “Sonetos Espirituales”, mientras su mujer realiza traducciones y colaboraciones en revistas.

En 1927, año que bautizaría a la generación literaria de la que JR será puente, edita la revista literaria “Índice”, y después otra, “”. Publica “Belleza” y “Poesía” y colabora en varias revistas, y al mismo tiempo se recluye aún más, se convierte de hecho en el sacerdote de la poesía y será el faro poético de la generación del 27.

En 1919 publica su “Segunda Antología Poética”. Con el estallido de la Guerra Civil Española se dirige a París y de allí a Nueva York, pero pensando siempre en Moguer y en el drama sangriento que sacude a España. Su mujer será en esos momentos su consuelo y apoyo.

Invitado a Puerto Rico, abandona Nueva York, al que encuentra sucio y bullanguero. Allí le reciben como al máximo exponente de la intelectualidad española. Viajan a Cuba y Nueva York, a Miami y Washington, residiendo en la Universidad de Maryland como profesores largo tiempo.

La depresión personal y por el recuerdo de la Guerra Civil no le abandonan. En 1948 emprende un viaje por Sudamérica, donde será recibido multitudinariamente en Argentina, en Uruguay... Al año siguiente publica “Animal de Fondo” y ese mismo año mueren dos hermanos suyos, en-fermando JR de tristeza y de trabajo. A finales de 1950 se traslada a Puerto Rico para regresar a Maryland a los 90 días por cuestiones económicas, yendo de hospital en hospital por su trastorno nervioso.

En marzo de 1951 se instalarán definitivamente en Puerto Rico, donde JR se curaría en septiembre del año siguiente, decidiéndose incluso a dar clases en la Universidad. Tiene dos recaídas, en 1954 y 55, siendo en esta última cuando cede a la Universidad sus libros, aunque continúa enviando otros a la “Biblioteca Juan Ramón Jiménez” de Moguer, creada en 1947.

El 25 de octubre de 1956 le comunican la concesión del Premio Nobel, que llega en un momento especialmente triste para él: su esposa se muere. Será cuatro días después; una pérdida que JR no aceptará jamás. El 29 de mayo de 1958 fallecerá. Sus restos serán trasladados a España, donde descansan junto a los de su esposa, en el Moguer que tanto cantara y que hizo inmortal.

Índice de Los Nuestros 
Volver al inicio del Documento