Félix Arenas Gaspar

Félix Arenas nació en Puerto Rico en 1892, hijo de un capitán de Artillería allí destinado, y que regresó poco después a España, en concreto al pueblo de su familia, Molina de Aragón (Guadalajara). Cursó sus estudios en el Colegio de los Escolapios, y en 1906, a los 14 años de edad ingresó en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, siendo promovido a teniente a los 18 y a capitán a los 21. Se diplomó en la Escuela Superior de Guerra a los 26. Sirvió como teniente en el Servicio de Aerostación y en los Talleres del Material de Ingenieros de Guadalajara hasta octubre de 1913, en que fue enviado a Melilla.

En el contexto de la Guerra de Marruecos, en que las tropas españolas fueron atacadas traicioneramente por las cábilas marroquíes, el ya capitán de una compañía de telégrafos, Arenas ascendió por el río Zeluán, llegando hasta Batel, donde el enemigo les impidió avanzar. Allí se vio obligado a tomar el mando de todo el ejército por ser el capitán más antiguo. Sin montura por haberla cedido a un sargento herido para que fuera evacuado, combatió en la retaguardia donde fue abatido en el puesto de mayor peligro, habiendo organizado con serenidad el repliegue y defensa de Tistutín y luego de Monte Arruit, demostrando su valor y valía militar. Cerca de esta última plaza fue abatido de un tiro en la cabeza muriendo con el fusil en las manos la noche del 29 de julio de 1921. Sus hombres llevaron el cadáver al general Navarro para exigir para él la Cruz Laureada de San Fernando, que le sería concedida. En 1928 se inauguró en su pueblo un busto a su memoria.

El capitán Félix Arenas es el representante de una generación de militares que vivieron, lucharon y murieron en una época y un momento histórico muy duros, simbolizados en unas guerras y unos medios militares quizás las más desfavorables de nuestra Historia moderna . Nombres de lugares como Kandusi, Buhafora, Azur, Ishafen, Annual, Igueriben, Tzelata, Tiliuin… de 1921 a 1957.

Su ejemplo es el de una lealtad y un valor absolutos, a su patria, a su misión y a sus hombres, que sólo cabe calificar de generosos, agigantados por su juventud.

Por ello figura, como uno más, en representación de todos ellos.

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