Daoíz y Velarde

Los nombres de Daoíz y Velarde están unidos a la revolución popular-nacional del Dos de Mayo de 1808. Una fecha que debiera ser nuestra Fiesta Nacional y que ha sido marginada por los conservadores (por su carácter de alzamiento popular) y por los progresistas (por su carácter interclasista).

Un estallido en el que participaron fuerzas organizadas, de las cuales la principal fue la de los artilleros Daoíz y Velarde. Las posiciones estratégicas ocupadas por las fuerzas napoleónicas invasoras y la afluencia de gentes de fuera de la capital a esta, demuestran la intencionalidad de la rebelión en el pueblo y sectores militares, si bien precipitada por los hechos.

Pedro Velarde Santiyán nació en Muriadas (Santander) el 19 de octubre de 1779. De origen noble, ingresó como cadete en el Real Colegio de Artillería de Segovia a los 14 años, finalizando sus estudios en 1799.

Participó en la llamada “guerra de las naranjas” en Extremadura, y en 1804 es destinado como profesor al Real Colegio de Caballeros Cadetes de Segovia, aunque su carácter inquieto le impulsó a solicitar destino a cualquier puesto de campaña, en cualquier lugar.

Al mismo tiempo absorbía todo tipo de información militar, siendo destinado por ello a ocupar la Secretaría de la Junta Superior Económica del Estado Mayor de Artillería.

De esa época datan sus estudios, memorias y cambios sobre piezas y trayectorias de artillería, conservadas en el Archivo facultativo del Cuerpo e incluso en la Academia de Ciencias de París.

Luis Daoíz Torres nació en Sevilla el 10 de febrero de 1767. Educado en el Colegio de San Hermenegildo, en 1782 ingresó en el Real Colegio de artillería, y elegio subteniente por su aplicación y reflexividad.

Participó en la defensa de Ceuta y Orán, alcanzando el grado de teniente de Infantería en 1791. En 1794 hace la campaña del Rosellón contra la República Francesa. Fue hecho prisionero en noviembre, y el respeto que suscitó entre los oficiales franceses hizo que se le invitara a servir a Francia, lo que rechazó de plano. En 1797 combate en Cádiz, en cañoneras improvisadas contra los buques de Nelson, logrando rechazarle.

Embarcado en el “San Ildefonso” da dos veces la vuelta a América, ascendiéndole a capitán en 1800. En enero de 1808 queda al mando de la 3ª compañía de Artillería y del Parque de Monteleón.

Daoíz domina los idiomas francés, inglés e italiano, aparte del latín, y posee un carácter muy distinto, opuesto de hecho, al de Velarde, aún siendo ambos oficiales brillantes.

Ese carácter impulsivo de Velarde le llevó a construir un plan insurrecional militar contra el invasor, preparado con minuciosidad: análisis de las tropas enemigas, valoración de los emplazamientos, lugares de reunión, milicias civiles, aprovisionamiento, entrenamiento...

Daoíz a su vez se preocupaba de captar prosélitos, lo que logró en gran número y entre la alta oficialidad artillera, el cuerpo más cohesionado del Ejército español, extendiéndose a Segovia, Toledo...

La errónea confianza en el afrancesado ministro O´Farrell provocó la dispersión territorial de los principales conjurados.

Cuadro de Joaquín Nin y Tudó (detalle, 1876).Los conocidos hechos del Dos de Mayo precipitarían la impulsiva actuación del pueblo y de numerosos soldados que desobedecieron las órdenes de no intervenir, incluidos los presos de la cárcel de Casa y Corte, que solicitaron ser liberados y cayeron como una tromba sobre las tropas francesas de la Plaza Mayor. Los superviventes se presentaron al día siguiente en prisión como habían prometido, habiendo sólo un prófugo.

En cuanto a los soldados, en los hospitales constan ingresados heridos de regimientos de Sevilla, Valencia, Toledo, Burgos, Murcia, Mallorca y América.

El Parque de Artillería de Monteleón fue ocupado por artilleros y paisanos comandados por Velarde y Daoíz, al convencer al destacamento francés para que se rindieran, con constantes vivas a España y a Fernando VII, y mueras a Francia y a Napoleón.

Tras el asalto final de fuerzas de infantería, artillería y caballería superiores en número, Velarde murió al invadir las tropas francesas el patio del cuartel, con 28 años de edad, y Daoíz de una estocada dada por los oficiales y la guardia del general Lagrange, en combate con él, a traición. Herido de muerte fue trasladado a su casa, donde falleció a las 6 de la tarde, a los 46 años de edad.

Junto a la compañía de infantería del teniente Ruiz, los artilleros de Daoíz y Velarde fueron las tropas organizadas del amordazado (por sus superiores colaboracionistas) Ejército español, junto a numerosos soldados, que participarían en la gloriosa insurrección armada del Dos de Mayo de 1808, fecha puntal en nuestra Historia contemporánea.

Pero el ejemplo de esos soldados sería seguido por otros muchos que desertarían o colaborarían con las fuerzas guerrilleras. Hasta la derrota y expulsión del que era el mejor ejército de entonces y provocando la caída del imperio napoleónico.

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