Miguel de Cervantes Saavedra

Cervantes, figura cumbre y eje de la literatura universal y española, nació en Alcalá de Henares en 1547, probablemente el 29 de septiembre, hijo de un médico cirujano.

Recorrió varias ciudades españolas por el empleo de su padre, y en 1569 se va a Italia, donde al año siguiente se alista en la expedición contra los turcos, participando en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, en la galera “Marquesa”, donde quedó inútil del brazo y la mano izquierda de resultas de un disparo de arcabuz, sintiéndose sumamente orgulloso de su participación en el hecho.

En los años siguientes luchó en las acciones militares de Corfú, Ambarino, Túnez y La Goleta, seguramente con su hermano Rodrigo, con el que regresa a España en 1575, en la galera “Sol” y siendo apresados por los piratas argelinos.

Hasta 1580 no es liberado tras el pago de rescate, instalándose después en Madrid y consagrándose al teatro. Tras trabajar en varios empleos, se casó en diciembre de 1584.

En 1587 se traslada a Andalucía como comisario para el ejército. Una mala época para él ya que los pagos se retrasaban, el trabajo es desagradable y es encarcelado por irregularidades económicas en Sevilla en 1597.

En 1604 se traslada a Valladolid, donde estaba la Corte, siendo otra vez encarcelado por sospecharse su participación en una agresión, estando implicadas también sus dos hermanas, su hija y una sobrina.

Ese mismo año se imprime la primera parte de “El Quijote”, trasladándose Cervantes a Madrid en 1606. A partir de entonces sus obras se publicarán continuamente. En 1615 se publica la segunda parte de “El Quijote”.

El 2 de abril de 1616, veinte días antes de su muerte por diabetes, profesa en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento.

La vida de Miguel de Cervantes, como la de tantos personajes de su época, estuvo surcada por periodos heróicos y por otros llenos de necesidades de supervivencia y fatigas, de las que sacó enseñanzas que se reflejarían en sus obras (“Rinconete y Cortadillo”).

Junto a la obra poética de Cervantes, que fue un gran admirador de Gracilaso de la Vega y de Fray Luis de León, y la obra dramática, se encuentra su obra novelística, elogiada ya en su tiempo: las “Novelas Ejemplares” (“Rinconete y Cortadillo”, “La gitanilla”, “El licenciado Vidriera”, etc) y su novela pastoril “La Galatea” (1585), y sobre todo “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

Esta obra cumbre de la literatura universal y española, que funda la modernidad literaria, como las de Garcilaso y Calderón fundan la modernidad dramática universal, está basada en una crítica burlesca de los libros de caballerías, base de la literatura de entonces, de carácter épico y con fuertes conexiones sicológicas con la vida popular y los hechos históricos (los Reyes Católicos prohibirían que se exportaran estos libros a América, y los conquistadores no dejan de ver relación entre las aventuras en ellos relatadas y la epopeya americana y sus hechos más exóticos).

Pero es mucho más que su argumento, y más que otras características, como la contraposición de prototipos humanos en las personas de Don Quijote y Sancho Panza, y más que un retrato de la sociedad de su época, en pleno tránsito de la Edad Media al Renacimiento, reflejado en relatos al margen de la narración principal (más evidente en la primera parte), de hecho es un compendio de las formas novelísticas de su época y del desarrollo de la novela moderna (sobre todo en la segunda parte).

“El Quijote” es portador de valores humanos permanentes y de sus símbolos, pero también del choque entre estos y la crudeza de la realidad, tratado con ironía y humor, agudizada por la contraposición del lenguaje llano frente al culto y arcaizante.

Se ha dicho que “El Quijote” es la epopeya del hombre español y también del Hombre. No cabe mejor definición, una aportación española a la totalidad que es el Universo.

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