Álvaro de Bazán

Álvaro de Bazán nace en Granada el 12 de diciembre de 1526, hijo del capitán general de las galeras españolas, responsable de la defensa del sector costero de Gibraltar frente a los corsarios franceses y británicos y a los piratas berberiscos.

En 1544 participa en la victoria sobre la flota corsaria francesa en aguas gallegas. En 1546 dirige su primera acción contra naves corsarias británicas que transportaban armas para los piratas de Fez, incendiando 7 carabelas y tomando 60 cañones.

En 1556 el nuevo rey Felipe II encomienda a García de Toledo y Álvaro de Bazán acabar con el acoso de los corsarios. Los acosará en sus propias guaridas, reconquistará el peñón de Vélez de la Gomera, bloqueará las escuadras enemigas en sus puertos (río Martín, cerca de Tetuán) y atacará los barcos de suministro británicos.

En 1568 es nombrado capitán general de las galeras de Nápoles, limpiando sus aguas de piratas y construyendo una poderosa escuadra de 38 galeras con las que combate en Fez, Orán, Malta, Sicilia, Génova, Venecia, Corfú... España está entonces en condiciones de plantar cara en el Mediterráneo a las naves turcas.

El rey le nombra Marqués de Santa Cruz. Su actuación en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571 fue fundamental al mando de la cuarta flota en retaguardia, auxiliando a la escuadra de la Santa Liga de modo impecable. Bajo su mando lucharon Miguel de Cervantes y Garcilaso de la Vega, literatos españoles de fama universal.

En 1582 volverá a triunfar al derrotar en la batalla de San Miguel (Azores) a la escuadra francesa de Catalina de Médicis y de Isabel de Inglaterra comandada por Philippe Strozzi, que acudía en apoyo del gobernador de la isla Terceira, aliado del prior Antonio de Crato, el aspirante exiliado al trono portugués frente a Felipe II.

Murió en Lisboa, el 9 de febrero de 1588, de fiebres tifoideas mientras preparaba la expedición de la Armada Invencible contra Inglaterra, seguramente de inspiración suya y que sigue la misma norma de atacar el origen del peligro que guió siempre su actuación militar. De haberla comandado podría haber evitado el encuentro con el desastre climático que la abatió en las aguas del Atlántico.

Dejó importantes monumentos arquitectónicos tras él, en España y África, liberó miles de esclavos cristianos, centenares de buques y arrebató al enemigo casi 2.000 piezas de artillería.

Se ha dicho de él que “peleó como caballero, escribió como docto, vivió como héroe y murió como santo”, y es un ejemplo de tesón y audacia.

Índice de Los Nuestros
Volver al inicio del Documento