La Leyenda Negra: Hispanofobia ayer y hoy

El libro de Juderías y el de Las Casas, que constituye uno de los pilares sobre los que se ha construido la Leyenda Negra.El termino Leyenda Negra nace de un libro escrito en 1913 por Julián Juderías titulado “Leyenda Negra y la verdad histórica” y que ganó un concurso literario. Definía la leyenda negra así:

Por leyenda negra entendemos el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en todos los países, las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y como colectividad, la negación o por lo menos la ignorancia sistemática de cuanto es favorable y hermoso en las diversas manifestaciones de la cultura y el arte, las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España, fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad ...”.

La respuesta, en diversas épocas, de intelectuales españoles a estas difamaciones (Quevedo, Gracián, Saavedra, Cadalso, Moratín, Balmes, Donoso, Valera, Galdós...), ha generado un debate que llega hasta nuestros días, exacerbado por el hecho de que ahora la Leyenda Negra la generan traidores con fines internos. Asimismo, las luchas políticas internas incidirían en ella, forjando una leyenda rosa tan falsa como la otra, de hecho su reverso y con motivaciones políticas tan ilegítimas como las de aquella. Las raíces de ambas son las mismas: envidia, resentimiento y manipulación política.

Es cierto que la rivalidad entre las naciones ha producido campañas de propaganda en casi todas ellas, pero lo singular de nuestra Leyenda Negra es su persistencia en el tiempo, su constancia, heredera sin duda de la excepcionalidad de nuestras características históricas. El escritor Julián Marías diría que sólo dos naciones en la Historia han poseído esta característica que confiere a la Leyenda Negra su verdadero carácter: España, y los Estados Unidos hoy.

Existe también una leyenda negra americana, contra el papel civilizador español en América, contra su especificidad con respecto a los modernos colonialismos.

Artífices de la Leyenda Negra. Personajes españoles cuyos oscuros intereses e inquietantes historias personales generaron el origen material de lo que fue aprovechado para una intensa propaganda que perdura hasta hoy pese a su total descrédito histórico, y que solo pervive gracias a la envidia.  Los comienzos de la Leyenda Negra se sitúan en la explosión publicista del Barroco, inserta en la lucha entre la Reforma protestante y la Contrarreforma católica. Allí ya están todas las características de la propaganda: distorsión, manipulación, exageración...

Sus bases historiográficas son: Exposición de algunas mañas de la Santa Inquisición Española, de Reginaldo González Montano, El libro de los mártires, de John Foxe, la Apología, de Guillermo de Orange, Relaciones, de Antonio Pérez, y la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, del padre De las Casas.

De Montano no se conoce su identidad exacta, se cree que quizás fue un ex-fraile sevillano, convertido al protestantismo y exiliado en Londres. Su obra es un verdadero cuento fantástico, escrito en 1567.

Artífices y divulgadores de la Leyenda Negra como instrumento propagandístico en las guerras de religión (luteranismo, calvinismo, iglesia Anglicana e Iglesia Católica) bajo las que se dirimen intereses políticos y económicos.Foxe era un exiliado inglés en Holanda y su obra se recrea en la supuesta rapacidad inquisitorial. Tuvo también gran audiencia. Guillermo de Orange fue el líder de la rebelión holandesa y escribió su obra como respuesta a las acusaciones de Felipe II. Acusa a los ministros y asesores, y califica al rey y a sus representantes de esclavos del Papa. Contiene numerosos elementos morbosos como el falso asesinato del hijo loco del rey por este, relato del que el escritor romántico Schiller extraería su obra “Don Carlos” y de ella Verdi su ópera.

De los otros dos ya se ha hablado y son conocidos. Es destacable el hecho de que una buena parte de estos personajes son españoles renegados. Ningún pueblo ha interiorizado y aceptado con tan buen talante como nosotros las críticas externas.

La primera LN surge en Italia, producto de la intervención militar española allí y sus conquistas. Pero sobre todo por la intervención económica catalana, así como la piratería protagonizada por estos.

Un tercer factor sería las costumbres licenciosas de la corte española y del papado de Borgia, que deja una imagen de sensualidad y supuesta inmoralidad. Y el cuarto es la visión de la cultura española como mezcla de elementos orientales y africanos, de influencias judías e islámicas, lo que genera una actitud racista (en realidad producto, como todo racismo, de un complejo de inferioridad) y de integrismo religioso que tendrá fatales consecuencias en las minorías religiosas españolas por las presiones de la cristiandad del resto de Europa sobre la Iglesia y Monarquía españolas.

Esta opinión es promovida sobre todo por el Papa Clemente VII, que vivió el saqueo de Roma por las tropas imperiales, y aunque autores como el conocido historiador Guicciardini del siglo XVI exculpa a los soldados españoles y los ensalza y acierta a acusar a los mercenarios alemanes, la opinión negativa sería sostenida por autores como Tassoni y Boccalini. Este saqueo fue provocado por la actitud traicionera de las tropas papales.

En el caso de Flandes, los estereotipos antiespañoles vienen dados por la oposición de la nobleza holandesa, de tipo feudal, a los ministros burócratas del rey, de origen burgués, escogiendo la persecución a los protestantes como bandera.

Las excusas fueron la reorganización de la jerarquía obispal en 1550-1561 y el edicto de Carlos I contra el protestantismo, al que acusaron de intentar establecer la Inquisición española (muy benigna además con respecto a las europeas), cuando ya existía una holandesa.

Igual que la visión holandesa del Duque de Alba, el absurdo difamatorio llega hasta hoy. Esta imagen está capturada de la página: www.reformation.org/new-world-holocaust.html. ¡Una joya para subnormales!Ayudó en esta labor el libro del burgalés Francisco Dryander, heterodoxo, publicado en 1518, y el de Antonio del Corro, apóstata sevillano y ministro calvinista de Amberes, en 1567. En este último insinúa el autor la mezcla racial española con moros y judíos, motivo de su “lujuria y falsedad.

En una vorágine de mentiras y exageraciones, llegaron a acusar a la Inquisición de organizar partidas de delincuentes para atacar iglesias, y a distribuir documentos falsos donde se narraban planes de exterminio de la población. Y, por supuesto, la acusación de querer establecer un “imperio mundial”.

Se falseó la cifra de los ejecutados por el Duque de Alba, enviado del rey, de 1.073 a 200.000. Se transformó a este en un monstruo, cuando en realidad propuso leyes en 1570 de humanización del derecho criminal y un sistema progresivo de impuestos que fue rechazado porque era lesivo para la oligarquía holandesa.

Las acciones de respuesta militar a las barbaridades de los rebeldes "watergeuzen" fueron resaltadas, y ocultadas las de ellos. Fue la propaganda la que creó un estado de oposición en el pueblo. Además, la mayoría de los soldados del ejército imperial eran italianos, alemanes, valones e incluso albaneses. Los españoles formaban el núcleo más disciplinado, aunque aplicaban el derecho de guerra como todos los ejércitos.

La acusación que más fortuna hizo fue la de la “crueldad innata” española, y la difusión de las exageraciones del padre De las Casas, de cuya obra se apropió la propaganda holandesa.

El fin de la amistad hispano-británica en 1585 viene marcada por el auge de la piratería corsaria autorizada por el gobierno inglés, fundamentalmente por el comercio americano. Esta actividad corsaria, en la que participaban comerciantes, generó una verdadera mitología de la que sólo un pueblo de piratas puede enorgullecerse. Se justificó con la defensa de la libertad de comercio (el mismo truco que los yanquis en el siglo XX) y de cruzada protestante, ya que coincidió con la “Revolución Puritana” de 1640, una campaña religiosa-política para inculcar la religión a una población que era apática.

Aparte del libro de Foxe, de innegables cualidades literarias, otros como Hakluyt y Gage escribieron obras en el mismo tono popular de relatos de aventuras, basados en narraciones de ingleses e irlandeses en estrecho contacto con el mundo hispano, por ejemplo en su ejército, o exiliados por motivos de rebeldía o religión.

En la corte de Jacobo I y la de Carlos I llegó a formarse una especie de “partido español”, compuesto por ministros, admiradores de la cultura española, católicos o casados con católicas y enemigos de las nuevas corrientes políticas de su país. Contra ellos se armó una campaña popular que implicó a España y a su embajador, Gondomar.

Las motivaciones eran también políticas: el viejo método de desviar la atención de las disensiones internas montando un conflicto externo.

En la vecina Francia se forjó en su literatura polemista del siglo XVI un prototipo ofensivo que abarcaba al conjunto de la población española. Estos escritos fueron muy numerosos, más de 800, con casi 1.000 impresiones en un siglo. Los más conocidos quizá fueron “El Antiespañol” y “El Francófilo”, que formaban parte de la campaña del futuro rey Enrique IV contra el jefe de la Liga, el duque de Mayenne, los jesuitas y los españoles.

La propaganda creó imágenes dantescas y grotescas de gran impacto.Se trata de un cúmulo de insultos retorcidos para formar una caricatura grotesca poseedora de todos los defectos, que fue retomada en posteriores campañas del siglo XVII. Dos son los ejes en los que se articula: la impureza racial y la religiosa. A la vista está quién eran los fanáticos y los racistas.

Los vicios eran pues raciales y por lo tanto hereditarios: orgullo, pereza, mentira, avaricia, crueldad, dureza, lujuria ..., todo ello producto del miedo y oposición a la política imperial, a los tercios y a la tenacidad que demostraban la nación y el pueblo españoles.

El caso portugués tiene más relación con fidelidades sectarias, con intereses políticos de élites concretas (clero, nobles, mercaderes...) y con proyectos de control del imperio ultramarino que con enfrentamientos nacionales, inexistentes en un siglo como el XVI, en el que el intercambio cultural y los proyectos de unión fueron numerosos.

En la práctica política se valoraba la residencia del monarca en el reino y la facilidad de comunicación con él, y la cuestión de la nacionalidad era mínima.

La historia del Consejo de Portugal, tantas veces reformado y restablecido es la historia de los intentos de organizar esa comunicación con el rey a satisfacción de las diversas élites y estamentos.

Algunos recalcitrantes incluso sostienen que el  "exterminio" se llevó a cabo mediante la "guerra biológica" (¿?) e incluso la antropofagia...E incluso en las Cortes portuguesas del siguiente siglo se hallan ausentes los tópicos nacionales y predomina la política sectorial y local; la representatividad política en el Antiguo Régimen nada tenía que ver con los conceptos actuales.

El poder central de entonces no tenía los medios de control de hoy, y por otra parte, las instituciones locales y reales de Portugal estaban ocupadas por portugueses; la excusa fiscal es también falsa, ya que era mínima la carga impositiva imputable a gastos de extranjeros.

Más bien eran los intereses sectoriales: el antiregalismo de la Iglesia, la inexistente Corte de Lisboa que minimizaba la cuota de poder de la clase noble, y la propia autonomía portuguesa les impedía el acceso a los cargos centrales en Castilla, los oficiales veían recortadas sus prerrogativas por las juntas y los comisarios españoles, las guerras imperiales que obstaculizaban el negocio de los mercaderes...

No se dio un enfrentamiento nacional ni cultural sino de intereses socio-económicos que afectaba a ciertos estratos de modo distinto. Sobran las reconstrucciones de la Historia en clave nacionalista.

La LN en el siglo XVIII es predominantemente francesa, procedentes de la élite de filósofos ilustrada contra su enemiga la Iglesia católica. Es en esta LN donde se estructura la teoría de la decadencia y del atraso español que harían suya los críticos internos.

Destacar la labor publicista catalana en la Guerra de Sucesión, continuadora de una anterior y producto de la conjunción de la aristocracia y sus aliados clericales con un cuerpo de juristas y abogados que ocupaban un lugar preferente en la oligarquía.

Esta propaganda, pagada por el Consejo de Ciento o la Diputación, se extrajo en parte de traducciones de manifiestos portugueses y napolitanos de carácter antiespañol; una buena parte de estos panfletos estaba destinada al exterior, lógicamente... en español. Continuamos igual.

Regeneracionistas como Costa, Morote, Picabea o Mallada, e intelectuales posteriores como Sánchez-Albornoz, Menéndez Pelayo, Marías, Aranguren, Américo Castro, Calvo Serer, Laín Entralgo, Menéndez Pidal... han continuado sosteniendo el mito del carácter “religioso”, “austero”, “pesimista”, “místico” o “caótico”.

Ya en el siglo XX, la llamada “generación del 98” (y también la del 14) crearía el concepto de “España como problema”, que haría fortuna sostenida por los bandos del enfrentamiento político.

Ambos bandos sostenían interpretaciones de la Historia nacional heredadas de bipolaridades ideológicas anteriores y que eran falsas y fragmentarias. Unos rechazaban en bloque esa Historia por considerarla reaccionaria y otros defendían una interpretación de lo tradicional que jamás fue así. Ambos defendían pues una interpretación reaccionaria de la Historia española como real, ya fuera para defenderla o para atacarla.

Ambos también consideraron como propia esa parte de la Leyenda Negra (porque la “leyenda rosa” es el reverso de la negra), que trató a España como singularidad negativa y decadente. Justificaba así los fracasos de sus ideologías (lo siguen haciendo), abandonando toda defensa de la tradicional cultura española de la libertad (que es la misma definición de la esencia española) y se abocaban al enfrentamiento y el doctrinarismo.

Porque el patriotismo que surca todo el siglo XIX, de 1808 a 1898, no fue jamás nacionalista. Nunca existió ni existe el nacionalismo español. El nacionalismo es la ideología de los que no son. Los españoles somos la nación más antigua de Europa, su cultura más rica y su pueblo más temprano.

No necesitamos, por lo tanto, de alteraciones nacionalistas, que son anormalidades tumorales. Quienes han intentado hacer de España una bandera partidaria se han encasillado en características ajenas a la tradición española, como el catolicismo integrista, el fascismo, o el racismo.

Esa explosión crítica del regeneracionismo, del 98 y del 14 requirió de sendas crisis para poder cabalgar sobre ellas, y sobre el orgullo egocéntrico de sus componentes: Azaña, Unamuno, Azorín, Maeztu, Ortega...

Lo que comenzó con la II República y sus posiciones viscerales, en el franquismo se agravó, porque uno de los bandos utilizó y manipuló lo nacional para alejar lo político y para integrarlo en su ideología.

A los otros, la izquierda, les faltó tiempo para terminar de desnacionalizarse y defender con ardor cualquier desvarío totalitario con tal de que fuera antiespañol. Y aún continúan, ignorando los caracteres únicos, milenarios y populares de la cultura española: libertad, independencia, unidad, populismo, igualitarismo, tan similares entre ellos.

Ahora esta lánguida democracia de partidos, sacudida por el acoso de los nacionalismos disgregadores, verdaderas dictaduras fascistas, ha restaurado lo político frente a lo nacional.

Nos han insertado en la mentira de los nacionalismos y en la miseria cultural frente a lo que somos y sentimos. Y, sin embargo, seguimos sobreviviendo como somos y siendo por encima de unos y otros, en mil detalles y expresiones vitales.

Por encima de sus mentiras, de su querer-ser frente a nuestro ser, de su envidia frente a nuestra ansia de vida

¡S O M O S!

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