Los iberos: los orígenes de la vida

Conocemos los altos talentos de los pueblos del Occidente por su arte paleolítico, sus grandes facultades espirituales y por sus admirables conocimientos astronómicos, que sobrepujan todo lo que cualquier otro país del mundo pudiera presentar. Debemos reconocer que los habitantes del extremo oeste de Europa y especialmente de la Península Ibérica, ofrecieron ya, en las épocas más remotas de la Humanidad, valores éticos al mundo antiguo de incomparable importancia y máxima trascendencia”.

Estos valores forman la base de las insuperables ofrendas culturales que la Europa moderna presta al mundo entero. La gran familia de los pueblos europeos debiera recordar el origen común de su elevada cultura y civilización. Y hemos de reconocer, sin reservas, que el centro más antiguo y fundamental de la cultura europea, es el círculo ibérico con su religión astral y monoteísta”.

Waldemar Fenn

Pinturas ruperstres de la Cueva de AltamiraLa presencia ibera en la primera proto-historia está documentada ya en los clásicos griegos y romanos: Herodoto, Estrabón, Séneca o Filón de Alejandría. La historia biera no es sólo la de sus más recientes hallazgos arqueológicos. Ya lo indicaron Pellicer de Ossau o el Padre Mariana en el siglo XVII y en el XX Fernández Amador de los Ríos.

Tampoco son nuevas las numerosas investigaciones que suman indicios de su papel civilizador como “pueblos del mar” que colonizaron con naves la otra orilla mediterránea (el gran petroglifo de Santa María de Oia representa un barco igual a los egipcios del Imperio Antiguo -siglo XXI a.C.- pero está fechado en 8000-9.000 a.C.), dando lugar a civilizaciones como la egipcia, hace 11.000 años, en el Neolítico, cuando allí no existía civilización alguna. Por no hablar de su vinculación directa con la mítica Atlántida, y su heredera Tartessos, investigaciones de las que siguen ocupándose numerosos estudiosos de la Antigüedad, entre los que destacan los españoles Ribero-Meneses, Márquez Triguero, Jorge Diaz o Díaz-Montexanos. Numerosos monumentos clasificados como romanos o ibero-clásicos son mucho más antiguos, según todos ellos.

Si la investigaciones sobre la etapa ibera tardía indican que la península ibérica estaba habitada desde el 3.000 a.C. aproximadamente, y según otras fuentes desde antes del 5.000 a.C., la basada en hallazgos del Museo Arqueológico de Huelva en 2007 muestra la existencia de escritura ibera hace 6.000 años, 2.000 antes de lo que se creía, lo cual confirma las informaciones del griego Estrabón. Los iberos la habitan desde entonces, puesto que la población primitiva pertenece a ese tronco étnico.

Fueron famosos guerreros, empleados por cartagineses y romanos, excelente caballería e infantería, resistentes, leales y fieles hasta la muerte. Creadores del gladio, la espada que adoptaría el ejército romano, y de la estrategia ofensiva que requería.

En medio de todos estos datos contrastados aparece el nacionalismo vasco y su teoría “tubalista”, que defiende que ellos son la población y lengua primígenas de España e incluso de Europa. No es cierto.

Los vascos son de origen norteafricano, descendientes de las tropas cartaginesas de Aníbal (o de su hermano Asdrúbal años despues) que desertaron al pasar los Pirineos.

Población endógena, se dedicaban a efectuar expediciones para robar y capturar mujeres (eran sólo hombres al ser desertores del ejército) en los valles, partiendo de sus refugios en las montañas.

Cristianizados tardiamente, colaboraron con sus hermanos musulmanes, muichos de ellos bereberes del norte de Marruecos (y no árabes), y por lo tanto parientes. Entraron en conflicto con la élite administrativa de los financieros y escribanos judíos, por lo que elaboraron la teoría de la “hidalguía colectiva” de todos los vascos, mentira absoluta y contrasentido profundo, que el nacionalismo aprovechó para sus teorías racistas que llegarán a avergonzar a Hitler.

Estos mismos nacionalistas, y las élites locales a lo largo del tiempo, fueron adoptando como propios símbolos y medios culturales de poblaciones adyacentes iberas y celtiberas, especialmente de los cántabros. Posteriormente, como todos los nacionalismos, convertirían conflictos campesinos y de competencia señorial en “rebeliones nacionalistas” (¡¿antes de la existencia del nacionalismo?!). Trucos nacionalistas.

Su historia es la de la apropiación y la mentira.

Por otro lado, tanto los intelectualoides nacionalistas vascos como los catalanes han fluctuado en sus seudo-teorías a la hora de definir sus “antepasados”, según los descubrimientos antropológicos del momento y dependiendo de las teorías que utilizaran los analistas españoles. Así, han negado o afirmado alternativamente “su” iberismo según lo hicieran las principales tendencias científicas españolas.

En 1906, el ideólogo nacionalista catalán Prat de la Riba niega el celtismo catalán y afirma el iberismo para distanciarse de la teoría en boga en el resto de España. En 1929 el arqueólogo nacionalista Bosch Gimpera afirma lo contrario de la tribu de los ausetones, habitantes del noreste, porque la tendencia en España había cambiado hacia el iberismo. Conocidos son los esfuerzos del fundador del nacionalismo vasco, el racista y antisemita Sabino de Arana, por inventarse un origen no-ibero de la población vasca.

Los iberos son la primera población neolítica europea. Surgidos quizás de un antiguo Sahara fértil, desertizado como el que conocemos hoy, o bien originarios de Hispania, llamados por otros muchos nombres, se expandieron por todo el Mediterráneo.

Los escitas, civilización de Rusia en los siglos VI-II a.d.C., serían iberos, así como los griegos y egipcios, hititas y asirios. Ya para los clásicos los iberos pasaron al norte de África y la colonizaron antes de la llegada de los fenicios. Conquistaron Italia y llegaron hasta Sicilia, donde sus descendientes se llamaron sículos. Esta misma raíz ibérica es la que dio origen a oscos, etruscos y ausonios, que estuvieron presentes, incluso, en la fundación de Roma.

Estos mismos clásicos nos dicen que los ligures, asentados en Italia desde la protohistoria, y a los que se atribuye la construcción de dólmenes y menhires, son de Iberia. La prueba es que el Carbono-14 da la mayor antigüedad precisamente a los dólmenes y menhires de España y Portugal: 5.000 a. C. Los primeros europeos.

Esa población originaria ibera sería la responsable de la propagación de la cultura megalítica y de la agricultura en Europa. Su lengua sería una variante de la hablada en aquellos tiempos en puntos tan lejanos como Creta, Anatolia, Grecia, España y Palestina. El latín sería una variante del antiguo ibero y ello explicaría la rápida y completa integración hispana en la estructura imperial romana.

Ello no sería contradictorio con el hecho de la fusión con hipotéticas anteriores poblaciones autóctonas, del mismo modo que las diversas e hipotéticas oleadas celtas quedarían diluidas en la población ibera (de hecho eran un mismo pueblo dividido por una migración anterior, de vuelta al Occidente originario), tal y como ocurriría con las posteriores invasiones germánica y musulmana. El papel de estos pueblos ha sido interesadamente sobrevalorado y mitificado; la teoría del origen indoeuropeo es insegura e interesada.

Otro efecto de todo esto sería que resta importancia al aporte indoeuropeo posterior, tan caro a los racistas germánicos. A lo cual también ayuda el descubrimiento de las placas de Vinca, en Tartaria (Rumania), definidas por el investigador Haarmann como escritura y como pre-indoeuropeas y que serían precedentes de la cultura cicládica del mar Egeo y de la escritura lineal cretense. Están datadas en el 5.000 a.C., anteriores en varios milenios a la civilización sumeria, considerada hasta ahora como el primer foco de la escritura.

(El primer franquismo, en los años 40, llegó a negar la existencia de los iberos para fundamentar los orígenes españoles en un celtismo más acorde con el arianismo del nazismo victorioso de entonces).

De aquel entonces datan los colores de nuestra bandera: el amarillo sobre fondo rojo, los colores del culto solar primigenio a la diosa Abandia/Abundia, proveedora de la abundancia. Heredera de ella fue la bandera imperial de Carlos I, fondo amarillo con la cruz de Borgoña en rojo. De ella surgió la actual española, sintetizada por Carlos III para la marina de guerra.

Un estudio genético del ADN mitocondrial (órganos celulares productores de energía, heredados por vía materna) de 10.000 europeos, publicado en enero de 2003 (Elisabeth Hamel, Theo Venneman... Peter Foster y otros), llega a la conclusión de que las migraciones europeas partieron del oeste hacia el este, y no al revés.

La población europea después de la última glaciación partió del norte ibérico y sur francés, a salvo de ésta por su clima benigno, en varias oleadas hace 10-6.000 años.

Un 75 % y un 40 % de los europeos tienen uno de los dos genes identificativos. El 2º ya presente en la etapa glacial.

Otro estudio publicado en diciembre de 1999 lo complementa. Basado en investigaciones sobre el yacimiento arqueológico de Cactus Hill (Virginia, EEUU), de 17.000 años en principio, más antiguo que el clásico de Clovis (Nuevo México) de 12.000 años y el más reciente de Meadowcroft (Pensilvania) de 14.000, y en el que han participado tres universidades norteamericanas, afirma que los primeros americanos eran iberos, llegados en embarcaciones cubiertas de pieles, similares a las esquimales, aprovechando las corrientes, en un viaje de unas tres semanas, hace 18.000-20.000 años.

Hay que tener en cuenta que el nivel de las aguas oceánicas entonces era más bajo que el actual, con costas heladas y con bancos de tierra intercalados: de Irlanda a América habrían 2.500 km.

El hallazgo en dicho yacimiento de lanzas bifaces, sólo existentes en la cultura Solutrense (de España y del sur de Francia), producto de cromañones, el hecho de encontrarse los asentamientos americanos en las márgenes de grandes ríos (y el de Monte Verde -Chile-, de 14.000, costero) y los rastros genéticos solutrenses son bases de la teoría, que no niega la posterior aportación asiática.

Otra teoría, profusamente difundida, del profesor Ribero-Meneses, defiende la existencia de un único foco ibérico para Asia, Europa, norte y centro de África y Oriente Medio, basado en estudios de los yacimientos españoles y la comparativa lingüística y toponimia, por la cual el foco primigenio estaría en el nacimiento del río Ebro, (hace 50.000 años y cuya última oleada sería hace 5-10.000 años, en una Europa parcialmente inundada), de lo que las poblaciones de la Antigüedad, descendientes de iberos (europeos, judíos, árabes, negros y asiáticos, posteriormente diferenciados) habrían conservado el recuerdo en sus tradiciones, mitos, religiones y lenguas. Teorías que están siendo verificadas paulatinamente por la comunidad científica.

Investigaciones genéticas recientes (1996, 2000) en Asia, Australia y Europa (España, Portugal) niegan la tesis africana (“Eva africana”, Lucy) y afirman la del foco multiregional en la aparición del Homo Sapiens (de los 200.000 años de la tesis africana a 1 millón) y de la coexistencia de este con los Neandertales hace 40-30.000 años en España y 27-53.000 en Asia.

La tesis africana fue formulada recientemente por motivos políticos, dada la triste comprobación de las alucinaciones racistas de los nazis alemanes y sus letales efectos políticos. Y sobre todo, debido al deseo de las principales naciones de que ninguna otra sea considerada el origen de la Humanidad. Científicamente, las investigaciones de campo sobre el fósil Lucy no tuvieron el rigor científico necesario y no son fiables.

Homo antecesor (Atapuerca).Todas ellas nos hablan del norte peninsular como foco originario, por su clima benigno y de una influencia que se prolongaría culturalmente en las antiguas civilizaciones y en Roma, y posteriormente en el Imperio europeo de Carlos I y la conquista americana, exentos de racismo.

Un equipo de genetistas de la Universidad de Oxford dirigido por Brian Sykes, identificó los siete linajes mas antiguos que intervinieron en las formaciones de poblaciones en Asia, América y Europa; estos grupos eran originarios de España y norte de Africa

El racismo elitista nórdico-germano, tribus superpuestas en la época romana que destruyeron el Imperio y se repartieron su territorio, se debe a su ínfimo grado de civilización y escasa raigambre en el territorio.

Por cierto, que esos grupos autocalificados erróneamente como patriotas, que se adornan con los símbolos de los bárbaros germánicos (cruces gamadas y célticas, triskeles, etc), no sólo cubren nuestras banderas con su basura y nos desprestigian sino que le hacen el juego al imperialismo norteamericano y desde luego al alemán. Ellos jamás pueden representar otra cultura que no sea la del racismo y el exterminio, la barbarie y la ignorancia. La opuesta a la nuestra, a esa “raza cósmica” de la que hablaba Vasconcelos.

En América se mostró la posibilidad de una mezcla fértil y una fecundación cultural que es reflejo de la unidad humana originaria.

Nosotros construimos, ellos sólo saben saquear y destruir. Como los nacionalistas separadores que nos explotan. Los racistas y fascistas varios no hacen más que desviar la atención de los verdaderos opresores: la histórica tiranía vasco-catalana. Por otra parte, el estudio de los orígenes de la población europea no revela ninguna pureza racial, ni siquiera tribal, sino la mezcla fecunda que funda identidad cultural e histórica.

Nosotros somos el origen de la cultura occidental. Del Norte de Europa sólo nos ha llegado barbarie y disgregación. Y fue en la vieja Hispania en la que la civilización romana obtuvo, desde las armas y técnicas militares (el gladio hispano y el encuadramiento en cohortes), hasta el desarrollo y profunda imbricación en la cultura y la organización imperial romana (de Séneca a Trajano, de Quintiliano a Adriano). Además, el latín fue un idioma del mismo tronco lingüístico que el ibero, y ello explica la inmediata integración en el Imperio pese a la resistencia de dos siglos en ser conquistada siendo la primera invadida. Explicaría que Hispania fuera la joya del Imperio, que el ejército romano occidental estuviera compuesto fundamentalmente de hispanos y que fuera una dinastía de emperadores hispano-galos los que finalmente dominaran el Imperio.

No necesitamos mentir porque nosotros s o m o s.

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