La Hispania romana

La conquista de Hispania se inicia con la II Guerra Púnica, que enfrenta a romanos y cartagineses por el dominio de sus enormes riquezas agrícolas y mineras (oro, plata, plomo, vino, lino, caballos, conejos, cerdos, pesca y alfarería), especialmente las de la Bética y el Levante, en las que estaban establecidas colonias griegas y fenicias. Hispania es pues un motivo económico en los planes del Senado. Hispania, Iberia, es además el eje estratégico principal en una guerra de movimientos donde la conquista de las ciudades es lo de menos.

En el año 218 a.C. desembarca en la colonia griega de Emporion el general romano Escipión para debilitar la retaguardia del general cartaginés Anibal Barca. Derrotado Anibal, Escipión funda varias ciudades y divide su zona en Hispania Citerior en el norte y Ulterior en el sur.

Pero el carácter del pueblo hispano, consistente en la lealtad a sus líderes, la “fides” (un juramento de compromiso ante la colectividad) y una gran audacia, que les llevaron a formar parte del ejército cartaginés y después del romano, se manifestó en una guerra de guerrillas y resistencia ante los abusos y la corrupción de algunos jefes romanos como Lúculo y Galba.

Si la Galia fue conquistada por Julio César en 20 años, Hispania tardaría 200 años en serlo. “La primera en ser invadida, la última en ser conquistada” dijeron.

La civilización ibera, desarrollada del siglo VI al I a.C. en su etapa tardía, poseía un alto grado de desarrollo tecnológico y artístico, y serían admirados en todo el Mediterráneo como guerreros. Las distintas tribus estaban unidas por la lengua y la cultura comunes.

Aníbal y Escipión.Escipión completa la rápida conquista y salta a África en el último acto de la guerra. Aníbal regresa a Cartago con sus soldados púnicos y españoles y algunos galos, dejando a los demás galos y a todos los italianos abandonados en Italia. Escipión vence a Aníbal en el año 202 a.C. en la batalla de Zama, donde mueren casi todos los españoles defendiendo sus posiciones hasta el final.

La línea política de los Escipión, basada en la conquista tranquila, en la asimilación de los pueblos conquistados mediante una influencia cultural y social recíproca, la romanización, la civilización, que fue la línea que siglo y medio después seguirían Pompeyo y César, fue sustituida por la línea de Marco Porcio Catón, líder de los ultraconservadores, después llamados optimates, una auténtica mafia. Esta línea era la de la explotación económica, la del imperialismo rapaz.

A la política romanizadora del pretor Graco en el 180 a.C., con sus leyes y derechos, con sus obras públicas, le sigue en el 153 a.C. la del saqueo, traiciones repetidas y opresión que causará las mayores derrotas y humillaciones de la antigua historia romana. El Senado está teniendo muchas dificultades para reclutar dos nuevas legiones ante las noticias de las proezas de los guerreros españoles, vinculados entre sí por extraños pactos sagrados y armados de sus gladius que masacran legiones enteras.

Derrotadas y desarmadas frente a Numancia, las legiones de Roma son obligadas a desfilar ante los guerreros españoles y enviadas a Roma. Es la mayor humillación jamás soportada por Roma. Ni siquiera la que sufrieron en las Horcas Caudinas cuando los samnitas enviaron al ejército romano de regreso haciendo pasar a todos los legionarios por debajo de un yugo.

El jefe lusitano Viriato se rebeló y fue asesinado a traición. En el 137 a.C. los ciudadanos de Numancia prefirieron luchar hasta la muerte y el suicidio antes que rendir la ciudad, lo que causó gran asombro en Roma.

El futuro emperador Augusto completó la conquista con las guerras cántabras y la victoria sobre continuas rebeliones entre los años 24 y 19 a.C. Augusto continuó con la labor administrativa de César con una reforma provincial que dividió el territorio en tres partes: Tarraconense, Bética y Lusitania. Tras finalizar la conquista en el año 19 a.C. se añadieron dos provincias: Cartaginense y Gallecia.

La conquista romana se caracterizó por fundar colonias que serían los focos de la urbanización y cultura romanas. Parcelas de tierras fueron dadas a los veteranos del Ejército que, al casarse con nativas crearon un nuevo pueblo mixto.

Fundaron ciudades como Barcelona, Tarragona, Lugo, Elche, Zaragoza, Mérida, León, Sevilla, Valencia, Écija, Astorga, Úbeda o Cáceres. Algunas de esas ciudades fueron sedes de los conventus, reuniones oficiales de ciudadanos romanos que fueron los instrumentos de unidad política y cultural a través de su labor jurídica y su lealtad al emperador. El esfuerzo urbanizador romano logró que el número de ciudades fuera de unas 225, conectadas por una importante red de caminos y puentes. En el siglo I d.C. su número se había más que duplicado, enriquecidas por la emigración itálica.

La cultura ibérica era sofisticada y compleja. Dama de Baza y restos de cerámica.Eso no quiere decir que la anterior cultura ibera fuera primitiva, como no lo era la Hispania que encontraron los visigodos o los musulmanes a su llegada. En aquella época existían ciudades y monumentos importantes sobre los que se ha construido o que han desaparecido y esperan su redescubrimiento, muchos de ellos no catalogados como iberos.

El camino central era la Vía Augusta, antigua Vía de Hércules, que cruzaba la península desde Cádiz hasta Narbona a través de 1.600 km. Crearon un total de 85.000 km. de calzadas y una importante red de regadíos hoy desaparecida.

La prosperidad que trajo el periodo de paz de Augusto y Diocleciano provocó un aumento de la construcción de ciudades y monumentos a imitación de los de la capital, Roma. Estatuas de los emperadores y dioses romanos, el foro, anfiteatro y teatros, circo...

Hispania se convirtió en el principal distribuidor de la cultura latina y Roma la consideró la perla del Imperio, numerosos hispanos alcanzaron los altos cargos de la política y la cultura en Roma. Llegó a hablarse de un “partido hispano” en la capital, donde el curioso acento del latín hispano llamaba la atención:

"Esta España produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dio para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio".

Pacato, retórico galo romano.

HISPANE NON ROMANO MEMORERIS LOQUI ME” (“Acuérdate de que yo hablo hispano, no romano)

Quinto Ennio (S. II a.C.) “Annales”

El primer senador de provincias fue un hispano. El primer cónsul nacido fuera de Italia fue el gaditano Balbo, amigo personal del emperador Augusto. El poeta satírico Marcial era de Bilbilis, cerca de Sevilla. El famoso orador y filósofo Séneca era cordobés, y el mayor retórico de la época, Quintiliano, era de Logroño. Escribió la Institución Oratoria, que tuvo una gran influencia hasta el Renacimiento.

Los dos emperadores más importantes después de Augusto, Trajano y Adriano, eran de la ciudad de Itálica, y Teodosio, el emperador que declaró al cristianismo religión oficial del Imperio como medio para conservar su unidad, era hispano también. Las provincias de Hispania y de la Galia Narbonense proporcionaron la mayor parte de los soldados en las legiones de Occidente, con lo que los hispanos fueron ocupando toda la jerarquía social y administrativa, hasta poner a un emperador hispano y fundar una dinastía de gobernantes hispanos y narbonenses.

Pero la crisis económica del siglo III d.C. que afectó a todo el Mediterráneo golpeó a Hispania también. Las minas interrumpieron totalmente su producción y el comercio y la exportación de trigo, aceite y vino disminuyeron. La aparición de una epidemia de peste diezmó a muchas ciudades. Finalmente, bandas bárbaras de germanos arrasaron varias ciudades, especialmente en el norte.

A finales de siglo, los emperadores Aureliano y Diocleciano organizaron gobiernos fuertes que restauraron la prosperidad y el esplendor cultural, reorganizando el territorio. Ese periodo terminó con la caída del Imperio y la llegada de los visigodos en el año 466 d.C. Una triste etapa de la Historia.

El personaje político hispano más importante fue el emperador Trajano, designado emperador en parte por la influencia del grupo hispano en Roma. En diez años había sido tribuno militar, cónsul y legado. Durante los 20 años de su reinado demostró ser un excelente militar y sabio administrador, extendiendo las fronteras del Imperio más allá del Danubio. Eliminó cualquier tensión interna, obteniendo el apoyo de los senadores al respetar la estructura civil del principado, del pueblo por sus repartos de trigo, y del Ejército que mandaba. Su gobierno fue llamado Imperio Humanista, símbolo de la virtud y a él se le dio el sobrenombre de Óptimus, como el del padre de los dioses, Júpiter.

El otro emperador hispano fue Adriano, legado, gobernador, cónsul y miembro del Consejo Imperial, nombrado sucesor por Trajano. Al contrario que él, prefirió la seguridad militar a nuevas conquistas.

Fue la personalidad más destacada de su época por sus múltiples cualidades. Perfeccionó la administración y facilitó la obtención de la ciudadanía romana. Fue además un artista, un intelectual que causó fascinación. Viajó por todo el Imperio y embelleció Atenas y Roma.

Hoy aparecen cada vez más estudios que afirman la existencia anterior a la llegada de los romanos de una civilización superior a estos. Numerosas obras catalogadas apresuradamente como romanas o incluso tartésicas serían anteriores. Entonces la aportación ibérica a la civilización romana sería aún mayor y permanecería desconocida.

El secreto de la romanización fue la atracción de la civilización romana, sincrética, y su carácter no excluyente, no racista. Esta sería también la característica del imperio que le sucedió más adelante y que se consideraría su sucesor: el imperio español, que como su predecesor practicaría el mismo tipo de integración cultural.

Si los hispanos se integraron tan rápido en el universo cultural romano fue porque el latín pertenecía al mismo tronco lingüístico que el ibero, y sus habitantes del mismo origen: la población ibera que se expandió por todas las costas mediterráneas y que fue la primera población neolítica europea. Explicaría también el alto número de alistamientos en el Ejército por parte de la población hispana, incluida la del noroeste, los últimos romanizados.

Porque los hispanos formarán la columna vertebral del ejército romano occidental, y no por casualidad. El vínculo que unía al guerrero español con sus armas era más importante que su propia vida, por ello preferían morir antes que rendirse y entregarlas. Como guerreros los españoles eran la élite de las tropas auxiliares. Púnicos y romanos los utilizaron ampliamente. De hecho, en Cannas, Aníbal tuvo que alternar compañías españolas y galas porque no se fiaba de éstos últimos y sabía que los españoles cumplían siempre con las órdenes hasta el final. El 90 % de las tropas de Anibal en Italia en la campaña del 218 a.C. fueron iberos.

En España, al utilizarse la espada corta, la formación era en línea, claramente ofensiva, ya que el gladius es una poderosa arma que de poco sirve a la defensiva. De ahí la tremenda mortandad causada por los españoles en Cannas y después en las legiones romanas.

En conjunto, la táctica ibera fue literalmente copiada por los romanos tras la I Guerra Púnica. El infante español llevaba el temible soliferrum, una lanza enteramente de hierro, especialmente diseñado para perforar cualquier tipo de escudo, aún cuando fuera metálico. Tras lanzarlo contra el enemigo desenvainaba su espada corta y protegido por su escudo celta atacaba usando la punta de la espada para clavarla contra un enemigo que usaba la suya para golpear con el filo, quedando al descubierto.

Los romanos quedaron tan impresionados por esta forma de luchar en la batalla de Cannas que cuando llegaron a España adoptaron el gladio, ahora llamado hispano, como arma estándar (ha sido el arma que más muertes ha causado en la Historia hasta la introducción de la pólvora).

Tampoco la legión manipular romana era la unidad más apropiada para este tipo de táctica, que encontraría su pleno rendimiento en las nuevas legiones de Mario en las que las cohortes actuaban como un bloque, arrasando las líneas enemigas. Así que el ejército romano se formó con la forma de combate y la táctica hispanas. Asombraría y conquistaría la mayor parte del mundo conocido.

Sus sucesores imperiales serían los Tercios españoles de Carlos I y Felipe II. También asombrarían al mundo.

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