La Guerra Civil

El intento de golpe de Estado del 18 de julio de 1936 se dio de modo precipitado en Melilla, tras el asesinato del líder derechista Calvo Sotelo, en condiciones políticas adversas para su triunfo, mucho peores que en 1934, durante la abortada sublevación de octubre de las izquierdas.

Ahora todas las derechas, atemorizadas ante el acoso de los revolucionarios, apoyan el golpe en curso, que sólo adoptó el ropaje fascista (en uso en el resto de Europa) posteriormente y de modo estético, como se encargaría de demostrar la limitada ideología del general Franco.

Los republicanos se quedaron entre el miedo a la rebelión y el temor a la violencia revolucionaria, con un Ejército muy infiltrado por la UMRA (Unión Militar Republicana Antifascista) o la UME (Unión Militar Española); demasiado tarde para elegir, serían desbordados.

De ahí esa imagen suya como víctimas, cuando ellos mismo forjaron su desgracia, ya desde sus intentos de alzamiento armado para traer la II República. El mismo victimismo, pero de las izquierdas, fue utilizado con éxito por su propaganda, mucho más elaborada que la de los rebeldes. Un ejemplo es la falsa matanza de la plaza de toros de Badajoz, difundida por el periodista norteamericano de izquierdas, Jay Allen, basada en la represión que siguió a la toma de esa ciudad por las tropas rebeldes.

Fusilamiento del General Fanjul (17.Ag.1936) un mes después de la toma del Cuartel de la Montaña.España quedó dividida en dos zonas según hubiera triunfado o no la rebelión; Galicia, norte de Castilla y parte de Extremadura y Andalucía quedaron en manos rebeldes. No poseían estos zonas industriales o financieros importantes y habían perdido Madrid y Barcelona. En donde uno de los bandos triunfaba, los oficiales vencidos eran fusilados.

El Ejército de África (30.000 hombres) logró salvar su aislamiento y pasar lentamente a la península en poco más de un mes, y avanzar hacia Madrid. Allí el gobierno armó a las milicias de los partidos; en algunos lugares no hacerlo supuso el triunfo de la rebelión, pero más importante fue el encuadramiento de estos por oficiales y tropas de los cuerpos de seguridad o el Ejército.

Milicianos del Frente Popular en las calles de Madrid.En todo caso, en la España republicana, organizaciones como el PCE o la CNT tuvieron mucho más poder que antes del 18 de julio.

En Barcelona, los anarquistas (la CNT y la FAI, “Murcia y Almería”, en alusión despectiva a los orígenes territoriales de los trabajadores barceloneses) eran los dueños de la situación, pero el plegarse a colaborar con el gobierno catalán en un Comité de Milicias Antifascistas (y posteriormente en el gobierno regional y en el nacional), les dejará supeditados a la política catalanista de independencia del gobierno nacional. Diría el presidente Azaña:

La Generalidad se aprovechó de la rebelión militar para acabar con el poder del Estado en Cataluña y luego intentó explicarlo todo diciendo que el Estado no existía”.

Asaltaron la frontera, las aduanas, el Banco de España, Montjuich, los cuarteles, el parque, la Telefónica, la CAMPSA, el puerto, las minas de potasa... ¡Para qué enumerar!. Crearon la Consejería de Defensa, se pusieron a dirigir la guerra, que fue un modo de impedirla, quisieron conquistar Aragón, decretaron la insensata expedición a Baleares, para construir la Gran Cataluña...”.

En octubre también los nacionalistas vascos aprovecharían la gravedad de la situación para hacerse con el control de las fuerzas de seguridad, mientras algunos de ellos contactaban con los franquistas al mismo tiempo que se votaba su Estatuto de Autonomía en las Cortes. En buena parte de Álava y Navarra se sumaron a la rebelión. Estas actuaciones irritaban a los republicanos y daban razones a la causa rebelde.

En los seis primeros meses de la guerra debieron de ser fusilados más de 50.000 personas, y en los dos meses siguientes las cifras aumentaron a través de los “paseos” y de las “patrullas de control”. En el lado republicano, los partidos de izquierda crearon “checas”, cárceles secretas al estilo soviético, similares a las “carboneras” nazis, en las que colaboraron todos los partidos del Frente Popular, en las instituciones o creando las suyas propias.

La práctica de las sacas, y la creación de las chekas, se extendió por todo el territorio siempre rodeadas de arbitrariedad y descontrol;constituyen uno de los hechos más  "brillantes" de la heroica contienda.El Ministerio del Interior, de Ángel Galarza, las fiscalizó desde la Dirección General de Seguridad, y posteriormente bajo jurisdicción del SIM (Servicio de Información Militar), controlado por los comunistas.

En un principio las más numerosas fueron las del PSOE. Sólo en Madrid hubo un total de más de 226 checas. La admisión en ellas de delincuentes comunes liberados, los saqueos, depuraciones, delaciones, ilegalidad y la política de exterminio social (las “sacas”, fusilamientos masivos sin juicio), provocaron el terror en la retaguardia republicana.

En Madrid mandaba la UGT. El PCE adoptó una política de moderación social y unidad bajo las directrices de los asesores del Komintern (Internacional Comunista) mandados por Stalin.

Cuando el 4 de septiembre cambió el gobierno y el presidente Azaña encargó formar gabinete a Largo Caballero, este propone entrar a los comunistas, frente a la oposición de ellos, que aceptan entrar sólo por orden de Stalin; fue el primer gobierno occidental con participación comunista.

A finales de año, el pequeño PCE tenía más miembros que el PSOE o la FAI anarquista, controlaba las Juventudes Socialistas Unificadas, las checas, la policía, un tercio del Ejército eran miembros del partido, y se le consideraba el partido de la firmeza y la resistencia, atrayendo por ello a militares.

El Ejército, la Guardia Civil y otros cuerpos de seguridad quedaron divididos por las fidelidades políticas o el azar: 18.000 guardias civiles estaban con el gobierno y 14.000 con los rebeldes, 4.000 carabineros con el gobierno y 10.000 con los rebeldes.

Los ejércitos regulares estaban igualados, pero el rebelde duplicaba al de sus oponentes al sumar el Ejército de África. Hubieron un millón de hombres encuadrados en cada bando; en el republicano llegaron a llamar a la quinta del 19, en el rebelde sólo hasta la del 27.

Casi todo el mundo tenía un pariente combatiendo en el otro bando. Se estaba librando una guerra, prólogo de la que estallaría cuatro años después en toda Europa, en la que dominan ideologías ajenas a España: el comunismo y el fascismo.

Las grandes potencias se dieron cuenta de este hecho, y por sus propios motivos ayudaron a los dos bandos con armas, equipo (aviones, tanques...) y voluntarios. En concreto las famosas Brigadas Internacionales fueron organizadas por la URSS con apoyo del Komintern y los PC francés e italiano. Su participación en el conflicto les costaría, a la mayoría, la vida al regresar a sus países y encuadrarse en la resistencia antinazi: serían asesinados por los estalinistas.

Por el lado rebelde la más famosa fue la Legión Cóndor alemana, aunque su material no era tan moderno como se ha pretendido.

Tanto Hitler como Mussolini prestaron ayuda a Franco por razones estratégicas y políticas, pero con desgana al principio; también el Portugal de Salazar le ayudó. Los alemanes específicamente a él como jefe del Ejército de África, de la Junta de Burgos y único líder tras quedar fuera de juego Sanjurjo (muerto en accidente de aviación), José Antonio Primo de Rivera, jefe de la Falange, fusilado en el lado republicano, Calvo Sotelo y Goded, y siendo los generales Mola, Cabanellas (masón) y Queipo de Llano (ex-republicano) políticamente menos fiables. Había sido el último en unirse a la rebelión.

Infantería de la Legión Cóndor en los alrededores de Madrid en 1939, y aviones de bombardeo Heinkel 111.Los diversos organismos estatales de la Alemania nazi mantuvieron posiciones contrapuestas a lo largo del conflicto. Los motivos específicamente económicos de la ayuda alemana eran las concesiones mineras, según Hitler, pero ignoraba la precariedad de los yacimientos. Al principio la motivación principal fue contrarrestar la ayuda soviética (como Gran Bretaña), y lo lograron.

Mussolini deseaba victorias que no obtuvo, pero el papel de su CTV no fue tan negativo como presentaron sus enemigos. Las Brigadas Internacionales tampoco fueron decisivas y el agobiante control comunista (60-80 % de miembros del partido) motivó las deserciones. Estas además, en 1938 estaban formadas en gran parte por españoles y por castigados, bajo control de mandos extranjeros. Hubo además graves disensiones y agravios hacia los mandos del ejército regular, pero lo que sí hicieron las Brigadas fue elevar la moral.

De hecho, en el verano de 1938 la República mantendrá contactos con los alemanes con vistas a ser abastecidos de material bélico o buscando algún tipo de mediación; el motivo de la disponibilidad alemana era el maltrato dado por Franco a estos y el tema de las concesiones mineras.

Brigadas Internacionales en la base de Albacete y carros soviéticos T-26La República recibió ayuda de la URSS, México y Francia. El pago a estos suministros fue garantizado con las reservas nacionales de oro del Banco de España (eramos el cuarto país del mundo en reservas de oro) enviadas a Moscú, y del que Stalin afirmó que jamás devolvería; recientemente se ha afirmado que el material enviado era de calidad inferior. La responsabilidad absoluta de la operación fue de los ministros socialistas Negrín, Largo y Prieto.

La URSS envió blindados, armas, alimentos y 12 escuadrillas aéreas superiores a los Heinkel alemanes.

El Acuerdo de No Intervención fue sistemáticamente violado por todos, y cuando se constituya la fuerza naval de bloqueo los incidentes menudearán. La política de no-intervención de las potencias occidentales tuvo más que ver con el radicalismo revolucionario del Frente Popular que con un hipotético desinterés por una democracia republicana que no existía.

De hecho el Frente Popular asaltó y ametralló consulados y asesinó diplomáticos, habiendo incidentes con Uruguay, Perú, Noruega, Bélgica, Francia, Gran Bretaña...

Franco unificó a los partidos de su zona, que con sus jefes dispersos o muertos y el resto situándose en el seno del régimen, no opusieron resistencia. Continuó el asedio a Madrid, la principal batalla de la guerra (junto con Guadalajara, Teruel, Brunete, Santander y el Ebro), y el régimen acentuó sus invocaciones religiosas.

De hecho, la resistencia de los focos aislados era muchísimo más alta cuando eran del bando rebelde, lo cual era reconocido por los políticos republicanos. De ahí la importancia propagandística de la resistencia de Madrid, no obstante sin apoyo popular.

Económicamente gozaba de buena salud, con una cotización de la peseta el doble que la republicana, y crédito internacional a pesar de su falta de respaldo en oro.

En otoño de 1936 también hubo un intento de golpe de estado protagonizado por los nacionalistas catalanes del partido Estado Catalán exiliados en París, que pensaban negociar con los franquistas. Llegaron a estar exiliados por este motivo 12 ex-consejeros de la Generalidad.

Estuvieron implicados el comisario de Orden Público de la Generalidad y el Presidente del Parlamento catalán. Descubiertos, se les dejó huir y se tapó el asunto. También estaban en contacto con anarquistas y con nacionalistas marroquíes.

En la pugna por el control político y la dirección de la guerra, los comunistas lograban hacerse con el control. Su agresividad e intrigas hicieron declinar a las demás fuerzas políticas. CNT pese a su entrada en el Gobierno - o también por eso mismo- perdió el protagonismo.Al mismo tiempo, el gobierno catalán trabajaba cada vez más estrechamente con los comunistas locales del PSUC-PCE, con vistas al control de sus rivales anarquistas. Su secretario general, Comorera, era quien dominaba el nuevo gobierno catalán. A principios de 1937, el PSUC había logrado disolver los “comités revolucionarios” o los había colocado bajo el control de la Generalidad.

Esta había conseguido organizar las columnas de los partidos en divisiones, que deseaban mantener aparte del Ejército republicano, pero conservaban su color político; tenía además otras tres divisiones de reclutas, pero sin equipar.

A nivel nacional, el PCE había logrado que los republicanos y los socialistas de Prieto (moderados), adoptaran su política económica y militar, muy moderada y dirigida a la clase media, opuesta a la revolucionaria de los anarquistas. Mientras que sus exigencias y las de los rusos habían convertido a Largo Caballero, antiguo simpatizante de ellos, en anticomunista.

Lo cierto es que el gobierno de Largo y los nuevos funcionarios anarquistas lograron realizar reformas necesarias, especialmente en la enseñanza, sanidad y justicia, al margen de los dictados comunistas.

La flota republicana sólo servía para proteger la ruta de Rusia, con una marinería anarquista y una oficialidad desmoralizada. La aviación era comunista. La policía y el “cuerpo de investigación y vigilancia” estaban formados por comunistas en buena parte.

El gobierno nacionalista vasco afirmaba que su Ejército no estaba integrado en el de la República, y ni siquiera en él confiaba ya que la mitad era comunista o estaba formado por asturianos. Durante toda la guerra persistieron los enfrentamientos con el gobierno nacional y los contactos con los rebeldes.

En las siguientes ofensivas permanecieron pasivos, boicoteándolas o huyendo. Fueron desarticulados tres de los cuatro cuerpos del ejército del norte, cayendo 55.000 prisioneros y gran cantidad de armamento.

Así, el 18 de junio de 1938 caía Bilbao; apenas hubo la habitual represión inmediata. La superioridad técnica del armamento rebelde no explica esta derrota ni otras. La desunión, desconfianza y desmoralización provocadas por el fraccionamiento nacionalista y su explotación de las rencillas republicanas, fueron las causas principales.

Otros motivos fueron la burocracia, las envidias internas y la negligencia. Por ejemplo, la indefensión aérea de Barcelona que permitió los bombardeos impunes de marzo de 1938 fue debida a las envidias y disputas del arma aérea, provocadas en buena parte por los nacionalistas catalanes.

La Legión Cóndor bombardeó Guernica por ser un nudo de comunicaciones, con el frente a 14 km., tropas enemigas en retirada y fábricas de armas y cuarteles; el general Vigón estaba informado del bombardeo de un puente, pero no sus superiores, Mola y Franco. Pese a las cifras de víctimas manejadas (de 1.500 a 3.000) sólo 120 muertos constan como tales.

Tampoco es cierta la destrucción del árbol símbolo del nacionalismo vasco, que no estaba en la zona bombardeada (protegido por los carlistas cuando ocuparon la villa). La devastación se debió al incendio provocado por el bombardeo concentrado, mal controlado por los bomberos de Bilbao, que pronto se fueron.

Otras versiones afirman que los nacionalistas vascos contribuyeron con dinamita a la destrucción; manipulaciones del propio bando se han repetido, por ejemplo, en la guerra de Croacia-Yugoslavia.

La iniciativa fue obra de la arrogancia del teniente-coronel de la Legión Cóndor, Von Richthofen, enfrentado al general Mola, que había ordenado avanzar sobre Durango. De hecho se hizo contra la orden expresa del propio Franco, de Mola y Kindelán, y del jefe de la LC, Sperrle, de no bombardear los centros urbanos, incumplida por Mussolini en los bombardeos de Barcelona y el Levante.

El mito de Guernica fue iniciado por los conservadores británicos, capitaneados por Steer, deseosos de frenar el poderío militar alemán y rearmarse, con razón.

En el bando rebelde, fuerzas de este se hallaban aisladas en el Alcázar de Toledo y en el Santuario de Santa María de la Cabeza, en Sierra Morena. El primero fue rescatado por el avance rebelde y el segundo fue incendiado.

En mayo de 1937 los comunistas decidieron atacar a Largo, el POUM y acabar con sus frecuentes enfrentamientos con los radicales anarquistas en Barcelona, con la ayuda de los nacionalistas catalanes. Las exigencias rusas sobre este tema provocaron agrias e insólitas discusiones con Díaz, secretario general del PCE.

Los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona dejaron unos 250 muertos y 1.000 heridos y acabaron cuando Prieto logró enviar tropas. La CNT y sus ministros en el gobierno no apoyaron a sus compañeros barceloneses y el caótico poder anarquista quedó destruido.

Otra consecuencia fue la reasunción de las funciones estatales por el Estado en Cataluña, fundamentalmente por la presión del presidente Azaña.

Hasta el final, los nacionalistas catalanes estuvieron quejándose del “control del gobierno” nacional, del “exceso de importancia de la resistencia de Madrid”, de no controlar las policías, de los comunistas (que ya no les apoyaban)...

Estos hechos fueron también la excusa para un cruce de acusaciones entre el PCE y Largo apoyado por los ministros anarquistas. De hecho todo el asunto debió de ser una conspiración entre el PCE, Prieto y Azaña, que apoyaron el plante de los dos ministros comunistas del gobierno, Hernández y Uribe, para acabar con Largo.

Quedando en minoría, Largo tuvo que ceder el puesto a Negrín, socialista y candidato propuesto por el PCE, que le juzgaba manipulable. Negrín quería un Estado fuerte y dictatorial, como el PCE, y eso le creó enemigos. Como en el caso de Largo, los comunistas terminarían enfrentados a él.

Con la ofensiva aragonesa estancada y la superioridad rebelde en el norte, la insistencia de Negrín en resistir, sólo apoyada por los comunistas, supuso alargar la guerra innecesariamente por interés de los rusos, tal y como denunció Prieto.

El asedio de Madrid, con fuerzas rebeldes inferiores en número, permitió que afluyera la ayuda soviética a las compactas unidades comunistas, en trance de organizar el Ejército Popular bajo su control militar y político, alargar la guerra y definirla como de enfrentamiento militar clásico.

Stalin y el PCE destruyeron al POUM acusándoles de espías fascistas, matarán a algunos de ellos (como Andrés Nin, su jefe) y detendrán a otros; la tortura y los juicios amañados fueron habituales.

Acabarían también militarmente con el Consejo de Aragón, anarquista, y con sus colectivizaciones.

A finales de año, Prieto se percató de que la política comunista consistía en apoderarse del aparato estatal, (como el SIM -servicios secretos-, los tribunales militares y el comisariado político) y se enfrentó a ellos, tal como lo haría Negrín medio año después, aunque a Negrín no le quedaba más remedio que contar con el PCE. El problema es que no existía otra manera eficaz de organizar la guerra y la retaguardia distinta a la practicada por el PCE, pero esa misma política había destruido el espíritu republicano y creado una dictadura.

El PCE y sus asesores soviéticos eliminarán a los oficiales desafectos, instalarán el control político con un cuerpo de comisarios sobre los soldados que disparará las deserciones, y montarán grandes campañas de propaganda.

En esto último triunfarían, ya que sus consignas perdurarán hasta ahora: el oro de Moscú realmente fue requisado por Stalin, las obras del Museo del Prado fueron transportadas de mala manera hacia la frontera para ser vendidas y seguir comprando armas a la URSS, la destrucción y robo durante toda la guerra de obras de arte por parte del FP fue real, y también que el Gobierno autorizó vaciar las cajas particulares de Bancos y Montes de Piedad....

Dinero que desaparecería en el extranjero y jamás llegaría a las masas de exiliados.

Expolio del Museo del Prado bajo la excusa de proteger sus contenidos.Negrín consiguió tardíamente más armas de Francia y Rusia, que no llegarían ya, y Prieto realizará propuestas a los ingleses como alternativa a la dependencia rusa, que incluían cesiones de bases militares. Lo mismo hicieron los nacionalistas vascos y catalanes.

Entre marzo y julio de 1938 caen Aragón y el Levante en manos rebeldes. Con las tropas franquistas combatiendo ya en territorio catalán y la desmoralización extendiéndose y creando división en los partidos, a la Generalidad no se le ocurre otra cosa que solicitar la ampliación de competencias del Estatuto en materia militar.

Y eso con el presidente catalán, Companys, abandonado por los miembros de ERC, pasados al PSUC o huidos, desmoralizado y hundido.

A seis meses del fin de la guerra, el gobierno catalán seguía preocupado por sus competencias y sus mezquinos y constantes recelos contra el gobierno nacional, y el exiliado gobierno vasco por la libertad religiosa.

Le diría Negrín a Azaña: “Aguirre no puede resistir que se hable de España. En Barcelona afectan no pronunciar siquiera su nombre. Yo nunca he sido españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderíamos nosotros o nuestros hijos, o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco”.

Y en un mensaje al asesor Voroshilof:Se ha prohibido el español en las escuelas catalanas... el gobierno catalán no se ocupa de los hijos de los refugiados de otras regiones... no quiero que el dinero que le paso al gobierno catalán sirva para la propaganda antiespañola de la burguesía catalana”.

Por entonces la represión política y el cansancio hacían mella en ambos bandos y en sus amigos extranjeros, y la economía seguía hundiéndose: la producción había bajado más de la mitad y los precios subido a más del doble. En 1938, en el bando republicano apareció la peor hambruna del siglo.

Las ofensivas republicanas se saldaron frecuentemente en desbandadas. El Coronel Casado encabezó una rebelión contra los comunistas y trató de negociar con Franco  el fin honroso de la guerra y evitar una resistencia inútil .El 25 de julio de 1938, el Ejército de la República intenta cruzar el Ebro para conectar Cataluña con la bolsa de Valencia. Fracasa, y tras un periodo estacionario todo acaba el 18 de noviembre. Costó 20.000 muertos.

Entonces también abandonan España la mayoría de los voluntarios extranjeros de ambos bandos en virtud de un acuerdo laboriosamente logrado entre las potencias. La República empeoraba: las enfermedades y el hambre aumentaban.

Barcelona cayó el 25 de enero sin resistencia y el 10 de febrero los rebeldes controlaban la frontera. La campaña catalana fue un desfile. A pesar de tantas competencias exigidas y tanta crítica, los territorios dominados por los nacionalistas vasco-catalanes apenas ofrecieron resistencia, contactaron con el enemigo desde el principio de la guerra y sólo causaron problemas, como hicieron en la Guerra de la Independencia un siglo antes.

La caída sin lucha de Cataluña, teniendo la República un tercio del territorio nacional, un Ejército de medio millón de hombres y con cuatro de sus cuerpos de ejército sin ser derrotados, aunque con problemas de suministros, desanimó a muchos.

Hubo guarniciones que evacuaron y países amigos de la República (Francia y Gran Bretaña) que cortejaron al régimen franquista.

La desmoralización se extendió y los oficiales que se habían acercado a la disciplina comunista ahora les odiaban. Pensaban que la negativa franquista a negociar se debía a ellos. Los anarquistas dieron la consigna de huir y el coronel Casado, en contacto con el servicio secreto rebelde, se convirtió en el eje de la conspiración anticomunista, junto a los dirigentes del PSOE; Azaña estaba ya en Francia.

El PCE se empeñó en una resistencia a ultranza.Mientras tanto, la situación de Madrid era trágica: sin alimentos, medicinas ni calefacción, y con el gobierno en Valencia; en esta ciudad y en Cartagena hubo levantamientos anticomunistas apoyados por la “quinta columna” clandestina franquista. Se solicitó ayuda a los rebeldes pero fueron sofocados por fuerzas comunistas.

El 5 de marzo de 1939, Casado da el golpe con apoyo anarquista y socialista e incluso del SIM, contra Negrín. Entablaron combate con las divisiones comunistas de Madrid, aunque las órdenes de la dirección del PCE, huyendo ya de Valencia a Francia, eran de no combatir. El día 11 se rendían.

Los rebeldes interrumpieron las negociaciones con la Junta de Defensa presidida por Casado al no rendírseles previamente la aviación republicana. El 26 de marzo el Ejército republicano se desmovilizaba en masa. Miles de personas que se agolpaban en los puertos de Levante no encontraron barcos con los que huir. El 31 de marzo la guerra había acabado.

Huyeron 400.000 a Francia, regresando 240.000 a lo largo de 1939. Los refugiados que lograron llegar a Francia fueron internados en playas alambradas del Sur; allí se reprodujeron las peleas y los asesinatos entre los diversos partidos.

Los excesos de la represión deslegitiman a ambos bandos en sus acusaciones recíprocas.En los 3 años de guerra el Frente Popular asesinó a 4 veces más personas que toda la represión franquista de la posguerra. Su represión se centró especialmente en los sectores católicos.

El coste de la guerra fue de unos 30.000 millones de pesetas, los daños en bienes inmuebles se calcularon en unos 4.250 millones. Un cuarto de millón de casas quedaron destruidas y otro tanto dañadas.

Sin embargo las fábricas de Bilbao y Barcelona resultaron intactas.

La red y el material ferroviarios resultaron bastante dañados pero no las carreteras, y un tercio de la marina mercante estaba hundida. Los estudios más fiables sobre la represión, elaborados en los años 70, la cifran en 35.000-45.000 durante la guerra y 25.000 después, para el bando franquista, y 75.000-100.000 para las izquierdas.

Los dirigentes, las organizaciones y las ideologías del siglo anterior y principios del XX habían muerto. Nuestra guerra civil tuvo una repercusión enorme en los protagonistas y los acontecimientos europeos posteriores.

Curiosamente, la mayoría de sus principales actores terminaban sus carreras políticas al retractarse de su apoyo a sectores más radicales: republicanos, socialistas, anarquistas, e incluso comunistas y derechistas.

Lo que perdurará de la Guerra Civil serán las mentiras:

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