Descubrimiento de América

Nunca nación alguna extendió tanto como la española sus costumbres, su lenguaje y armas, ni caminó tan lejos por el mar y tierra, las armas a cuestas.

En el año 1492 España descubre América. Es decir, hombres al servicio de la Corona española, los conquistadores, con un sistema de valores y conocimientos anteriores al humanitarismo del siglo XVIII y al desarrollo científico del XIX, se ven inmersos en unas sociedades radicalmente distintas en costumbres y grado de evolución histórica de cuantas jamás fueron conocidas anteriormente.

Y decimos descubre porque con el Descubrimiento, España integra América en el momento histórico europeo, y sobre todo en la cultura europea. A través de la cultura española a América se le transmite la filosofía griega, el cristianismo, el Derecho romano y toda una concepción político-económica en trance de evolución hacia el Renacimiento.

Inútil sería recordar que, a pesar de la evolución de los tiempos, los 200 últimos años han presenciado horrores mayores y más sistemáticos que los anteriores.

Por otra parte las civilizaciones indígenas que encuentran son imperios semi- fraguados surgidos de un periodo convulso de luchas intestinas que se enfrentan a rebeliones internas: el inca, el azteca y el maya. El resto eran tribus neolíticas o nómadas.

Un mundo donde se daba el canibalismo, el exterminio ritual, la rígida jerarquía social, la crueldad y la ignorancia, muy alejado del ecologismo bucólico de los ideólogos indigenistas de hoy.

El conquistador surge del pueblo, del “común”, y de la clase media entre los caballeros, es decir segundones, hijosdalgo, pecheros y menestrales. Procede sobre todo de Andalucía, Extremadura y Castilla, y suele ser hombre joven.

La idea de deportar condenados, de modo condicionado y muy limitado, ante el peligro de lo desconocido y el fracaso del segundo viaje colombino, se corrige controlando todo el proceso migratorio y organizativo que se completa en 1503 con la constitución de la Casa de Contratación de Sevilla.

En las motivaciones de la conquista se dan varios factores: mejora económica, ansia de fama y honor social, aventura, plenitud cultural, quizá celo religioso...

Si la labor descubridora tiene nombres propios es porque a través de las Capitulaciones las instituciones estatales conceden poderes a los que deseen invertir su dinero y convertirse en capitanes de tropa, debiendo cumplir las Instrucciones disciplinarias de modo estricto. La Corona recibía a cambio el Quinto Real, la quinta parte del botín de guerra. Por lo general era la que financiaba la expedición en mayor o menor cuantía.

La ligazón entre el jefe y los soldados es la misma entonces que la de aquél con el Rey, la del Pleito Homenaje, verificada al poner el soldado sus manos entre las del capitán, que las aprieta. Un rito heredado de los guerreros iberos y de su institución militar de fidelidad al jefe y los compañeros, la devotio.

Un mundo donde el canibalismo era habitual.Junto a ellos, centenares de guerreros indígenas aliados, enemigos de otras tribus o imperios por odios antiguos o por deseos de liberación. La participación en las guerras indias retrasó considerablemente la conquista de los territorios ya descubiertos, proceso que se desarrolla ya entrado el siglo XVI.

Fue un momento, a caballo entre una Edad Media, en la que se completó la épica de la Reconquista del territorio peninsular, y un Renacimiento mamado en Italia que prefigura el mercantilismo. El conquistador es un hombre que participa de ambos universos con sus contradicciones a cuestas, construyendo un mundo. Las experiencias de la Reconquista contra los musulmanes no les sirven, ya que no les opone una negación de sus respectivas religiones. Es más bien una relación de desconocimiento mutuo.

El indio verá en el conquistador un aliado militar (Tlaxcaltecas, Cakchiqueles, Huancas...) pero también un ser ignorante del propio medio que conquista, y por ello mejor señor que el de los crueles caciques de los imperios amerindios. Existirá una incomprensión mutua que se reflejará sobre todo en las diferencias de civilización, de desarrollo económico y laboral.

De esa situación surgirá una relación donde ambas partes sacará de la otra lo que le interese: oro, ayuda militar, honor y posición social... muy parecidas en ambos casos.

En el Derecho internacional de la época el hallazgo de tierras que no pertenecieran a algún príncipe cristiano constituía título suficiente para la apropiación de ellas. Aunque los derechos de los Reyes Católicos se basan en el Descubrimiento, saben que, según las Partidas, deben basar el título de soberanía en la concesión pontificia, por lo que solicitan al Papa Alejandro VI tres bulas, de donación, de concesión y de demarcación, similares a las que ya poseen los portugueses. No tanto por los conflictos jurisdiccionales con Portugal sino con otros países, y a pesar de que el poder papal decae, que sus dictámenes no tienen carácter arbitral y que están surgiendo otras formas de legitimación política.

Desde el inicio del descubrimiento, los conquistadores llevaban consigo a misioneros católicos.Desde el comienzo, surge una oposición entre el clero a dotar de poder político al dominio español, pretendiendo que sólo debería existir evangelización. En este sector se sitúan Las Casas, Vitoria y los jesuitas de las fundaciones del Paraguay, y todos los intentos por aislar a los indios de la organización social, la cultura y la lengua españolas, pretendiendo que quedase el clero como único punto de referencia y de doctrina.

Otro problema surge con la misma llegada de Colón: la rebeldía que manifestarán los colonos frente a la justicia real (dado el incumplimiento de las condiciones de la institución laboral de la encomienda sobre el indio y de la mita, de origen inca), el conocido “se obedece pero no se cumple”, acentuado por la distancia y la lentitud de las comunicaciones, que ya en 1502 provocarán las primeras actuaciones de la Corona y que diez años después originarían las Leyes de Burgos, donde se regula el trabajo y los derechos del indio, reiterados en las Leyes Nuevas de 1542 y en las Ordenanzas de 1573, siguiendo el Derecho romano.

Esta misma actitud provocará más tarde, por la codicia del comercio con holandeses, británicos y estadounidenses, la cadena de independencias americanas del siglo XIX, y no la inexistente influencia de las ideas ilustradas en las élites criollas.

La Corona, atenta a este peligro, evitará la concesión de ventajas sociales y de poder político al cuerpo conquistador, rápidamente sustituido por burócratas fieles.

No obstante, dotará a las instituciones americanas de amplia potestad legislativa y de total igualdad a su población, gérmenes de las futuras independencias. En ningún momento antes del siglo XVIII se calificará de colonia o factoría al territorio americano, sino de dominio.

El conquistador está impelido también por el afán de explorar, a veces de un modo temerario, irracional y anti-económico, y posteriormente, de poblar, de civilizar. Eso les diferencia de modo radical de la rapiña colonialista del siglo XIX-XX: el poblamiento será una verdadera obsesión. Ahí está el ejemplo de los grandes capitanes: Pizarro, Cortés... Extraordinario, teniendo en cuenta que el poder local pasaba a manos del Cabildo formado por los pobladores.

Esta realidad está alejada en general tanto del héroe mítico y neutro como del mercenario codicioso y marginal.

Y sobre todo, mezclarse. Nada que ver con la actitud de los norte-europeos, los nórdicos, los sajones, bárbaros que nada aportaron a la civilización. Ya el historiador americano Toynbee afirmaba que el afán de exterminio había sido adquirido por los ingleses en las zonas célticas de su país. Y lo mismo hicieron los alemanes en la concesión que se les dio en Venezuela: exterminar sin construir.

En cuanto a la poligamia y el concubinato no son extraños para ninguna sociedad primitiva, tampoco la donación de mujeres, destinada tanto a la adquisición del poder y el nivel social del grupo extranjero, exógeno, como a la renovación de la sangre de la tribu.

Las sociedades indígenas eran exogámicas, matriarcales y en ellas la actitud sexual de la mujer era de una extrema liberalidad y sensualidad, que se unieron a la mayor sensualidad de los españoles con respecto a la del indio, a juzgar por las numerosas crónicas de la época. De todos modos, la llegada de los españoles supuso una ocasión para las mujeres de romper los tabúes sociales y sexuales de modo legítimo.

La Corona toleró y fomentó el mestizaje desde el principio (1514), recriminando el extendido amancebamiento pero tolerándolo. También llegaron posteriormente mujeres conversas y moriscas, que dejaron descendencia.

La poliginia (emparejamiento múltiple) y la inexistencia de diferencias sociales por motivos raciales incentivaron un mestizaje generalizado. Por otro lado, el mestizo o mulato podía escoger ante la Administración su adscripción racial libremente, siendo sus motivaciones culturales y por lo tanto fáciles de combinar. Una sociedad homogénea y fluida en su mestizaje.

Las primeras universidades se fundaron pronto (1551 la del Perú) y no hubo restricciones para el ingreso.

Nada queda de cierto en las tendenciosas teorías del “genocidio” indio, que sí que se dio en el territorio dominado por anglosajones y nórdicos. Las cifras de población indígena se exageraron tanto por los conquistadores como por los frailes, producto de la impresión de las dimensiones americanas y de la influencia de las fantasías caballerescas. Las más fiables hablan de 13 millones de habitantes indígenas en los dos hemisferios americanos en la época del Descubrimiento.

Contradiciendo la avaricia de Colón, la Corona prohíbe desde un principio (1501) la esclavitud generalizada de los indios, exceptuando los prisioneros de guerra y los caníbales. El emperador Carlos I decretó la pena de muerte para quien lo hiciera. De hecho, el trabajo indio terminó siendo voluntario y muy solicitado, desapareciendo su carácter forzoso, lo que demuestra la falsedad de las acusaciones sobre las condiciones laborales. Por otra parte, en una fecha tan avanzada como finales del siglo XVI, la cifra de encomenderos era de un 2,5 % sobre el total de población española en América.

Los motivos de la disminución de la población indígena fueron el mestizaje, que resta mujeres al indio y brazos para la agricultura, y las enfermedades aportadas por los esclavos negros. Las drogas y el alcohol, a pesar de que se dictaron leyes prohibitivas para proteger al indio, y las numerosas hambrunas por causas naturales o guerras, hicieron el resto. En Yucatán hubo catorce de estos periodos de hambre en tres siglos de dominio español.

Las cifras de disminución de indios es similar a la del aumento de mestizos, por lo que no hubo exterminio como pretende el bando del padre De las Casas, él mismo encomendero fracasado, gran mistificador, fanático y vengativo.

El caso de Las Casas es excepcional por lo paranoico. Sus memoriales encontraron apoyo en los sucesivos cancilleres y predicadores reales, obtiene importantes destituciones de jerarcas por cohecho y nuevos nombramientos de visitadores reales, la aprobación de nuevas leyes y la suspensión de nuevos descubrimientos, se le nombra obispo, recibe una pensión elevada, imprime obras sin licencia... pero todos sus proyectos fracasaron y sufrió un fuerte rechazo: de los jerónimos de Santo Domingo y los dominicos de México, de sus feligreses de Chiapas, y de Yucatán y Oaxaca, fracasa como encomendero, su poblamiento pacífico es masacrado por los indios caribes de Cumaná, sus misioneros desertan tras conocer sus obras...

Las Casas es un ejemplo de antioccidentalismo y de filosofía tomista, en la que los derechos natural y divino se funden, subordinando el poder civil al religioso (lo contrario a la tradición española), agustinismo político y radical que afirma que fuera del poder de la Iglesia sólo hay tiranos y que justifica cualquier medida para llegar al fin. En lo personal, mesianismo, milenarismo apocalíptico, falseamiento de hechos y documentos, obsesión morbosa, ceguera ante la realidad india de sacrificios humanos, opresión social y antropofagia...

Por último reseñar que la emancipación americana no se inspiró en los principios de la Ilustración, simple excusa, a imitación de la del Norte, sino en la propia organización del territorio y en el protagonismo que los Borbones dieron a los criollos en la Administración y el Ejército, y se inscribe en la evolución de la Historia española con la creación de Juntas patrióticas a semejanza de las creadas en la metrópoli, ante la invasión napoleónica de 1808. La degradación, por intereses económicos, frustraciones sociales y aspiraciones caudillistas de algunos (el cruel, traicionero, egocéntrico y millonario oligarca Simón Bolívar, el degenerado cura Hidalgo, el ambicioso Itúrbide...), del papel de tales Juntas generó una dinámica de guerra civil en la que se enfrentaron hermanos de todas las razas.

Indios, negros y mestizos se encuadraron mayoritariamente en el bando español porque sabían que esos criollos que gritaban “muerte a los españoles” (aunque ellos mismos basaban su derecho a la superioridad social en su ascendencia española) eran los que detentaban el poder económico y les explotaban y marginaban socialmente, a diferencia de la actitud de la metrópoli. Cualquier otra interpretación es tendenciosa y maniquea.

Las reformas ilustradas no lograron satisfacer la avidez político-económica de la clase criolla a pesar de la expansión económica que produjeron. El sistema de dependencia económica y la desigualdad social no variarían absolutamente nada después de las independencias.

La tradicional mano pirata de Gran Bretaña, que proporcionaba mercenarios (la “Legión Británica” también famosa por su vandalismo incontrolado y saqueos) organización, medios económicos y material militar, deseosa de los beneficios económicos del comercio americano, fue un elemento fundamental en la génesis de ese proceso, como años después lo sería la de los Estados Unidos. Comprenderían más tarde los países sudamericanos que habían obtenido su independencia a costa de quedar realmente colonizados por los imperialismos anglosajones, hasta hoy mismo.

Por último, resaltar que muchos de los protagonistas murieron a manos de los más radicales de sus compañeros, y otros terminaron sus días miserablemente, y arrepintiéndose de sus actuaciones. Diría José Rizal, antes de entregarse para combatir a los independentistas cubanos y ser fusilado por su participación en la rebelión filipina: “Yo nunca he traicionado a la nación española”.

No puedo dejar de encomiar aquí la virtuosa paciencia de los españoles. Es muy difícil o imposible encontrar otro pueblo que haya soportado tantos reveses y miserias como los españoles en sus descubrimientos en las Indias.

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