Carlos I, emperador

Emperador Carlos I y V de Alemania; Carlos I en Mühlberg (Tiziano)Carlos I nació en Gante en 1500, nieto de los Reyes Católicos y llegó a España en 1517. Fue el heredero de los Países Bajos, el imperio de Austria-Hungría, España y parte de la actual Italia. Se pasó buena parte de su vida viajando.

A pesar de no haber nacido en España, hispanizó rápidamente su corte y los cargos del Imperio. Aunque él hablaba flamenco y francés, el español fue el idioma de su séquito; en el famoso discurso en Roma ante el Papa en 1536 dijo: “No espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la que es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana”.

Extraordinariamente activo, especialmente en el campo de la diplomacia y la guerra, causándole esto el deterioro de su salud y no los excesos en la alimentación. Enviudó en 1539. Su reinado se caracterizó, después de la rebelión de las Comunidades de 1520, por la tranquilidad, producto de su legitimidad y de la política de equilibrio e integración de intereses diversos y opuestos. Esa rebelión comunera tuvo su prólogo en el intento del Cardenal Cisneros de crear una milicia ciudadana de 30.000 hombres de toda Castilla, financiada sobre todo por las ciudades. Ello hubiera dado a la Corona independencia militar frente a la nobleza; pero esta presionó a las ciudades para que se rebelaran. En 1517 lo logró y se abandonó el plan.

Ajusticiamiento de los comuneros Juan Bravo, Padilla y MaldonadoYa con Carlos I, la pérdida de influencia de los nobles frente a los borgoñones del Emperador les impulsaron en 1520 a otra rebelión. Fue un movimiento heterogéneo dirigido por la pequeña nobleza rural que deseaba seguir controlando el cobro de impuestos y el comercio local, de la nobleza del Norte, insegura de su poder económico, y del pueblo llano al que movían los problemas locales y proclamas sociales revolucionarias. Esto último terminó predominando y provocó la división y la derrota en 1521. Sólo hubo 22 ejecuciones y cuando el Emperador regresó a España firmó un perdón general. A ninguna ciudad se le quitó sus privilegios.

El resultado de la rebelión fue contradictorio: las ciudades vieron como sus principales reivindicaciones se cumplieron, pero no tuvieron ningún papel político; los nobles confirmaron su posición social y privilegios pero no su poder político, que pasó a la Corona, tal y como intentaron hacer los reyes Católicos.

En ambos casos se integraron en la Administración real. Por otro lado, las Cortes siguieron representando a la élite política y no fueron reprimidas, ni su expresión política y económica reducida.

"landsknecht", escudero en  Alemania; más tarde  mercenarios al servicio de diversos reyes.Carlos I no escogió crear un Imperio, lo encontró en su camino. Un Imperio como no hubo otro desde el Romano. Su primer enfrentamiento con la coalición Francia-Inglaterra-Papa-príncipes italianos se saldó con la victoria de Pavía y el famoso saqueo de Roma (por los lansquenetes, mercenarios alemanes del Condestable de Francia).

Por el tratado de Madrid de 1526 recibió el Milanesado y el ducado de Borgoña.

La alianza franco-alemana con los turcos debilitó el poder cristiano en el Mediterráneo tras la victoria de Mühlberg y el fracaso del asedio de Metz. Fueron varios los enfrentamientos con Francia al intentar esta conservar su anterior hegemonía europea: 1526, 1535, 1544. Los gastos los sacó la Hacienda real de cuatro fuentes: Castilla, Aragón, la Iglesia y América, y en menor medida Italia y Flandes, aunque estos dos consumían en sus campañas lo que se recaudaba. A la Iglesia y América se les sacaba todo lo que podían dar, pero el reino de Aragón (Valencia, Cataluña y Aragón) estaba protegido por sus fueros, lo que le permitió beneficiarse sin pagar.

El comercio americano (en el que participaron catalanes y vascos desde 1524) y la política de promoción y movilidad social de los Reyes Católicos y sus descendientes, provocaron un movimiento de ascensión social desde abajo frente a la aristocracia de herencia o de sangre. El auge de los “estatutos de limpieza de sangre” iba dirigido contra los conversos en la nobleza. El mito de la “deshonra del comercio y el trabajo” en la España de los siglos XVI-XVII es falso. Jamás se censuró el capitalismo ni se pusieron trabas al comercio. Este tipo de argumentos se utilizaban en las luchas entre las distintas élites.

La comunidad cultural hispanoamericana cobra entidad a partir del reinado de Carlos I (y V). "Los mulatos de  Esmeralda" (Adrián Sánchez Galque)No obstante, el aumento de impuestos no fue consecuencia de las necesidades de la política exterior sino de la revolución en los precios provocada por la afluencia del oro y la plata americanas. Si fueron excesivos es porque se libraron de ellos la élite de comerciantes y terratenientes, especialmente la vasco-catalana, ya que el comercio americano y europeo pronto quedó en manos de estos, en competencia con los banqueros genoveses y alemanes beneficiarios de los privilegios debidos a los préstamos a la Corona.

El retiro en YusteCulturalmente se reforzaron los lazos con Flandes e Italia, pero esta vez sin imitaciones, sino como base de un enfoque universal, a medida del Imperio en tránsito hacia el Renacimiento pero con raíces en la cultura caballeresca medieval.

Fue en su reinado en el que se abren escuelas medias y universidades (20 en el siglo XVI), y dentro de ellas nuevos colegios. El Emperador hizo de España la patria de las letras y las artes, consciente de que esta era su posición histórica.

En 1555-8 abdicó en sus hijos y se retiró al monasterio de Yuste, en Extremadura, aunque siguió interesándose por los asuntos de Estado a través de una intensa correspondencia. Murió el 21 de Septiembre de 1558 y su hijo Felipe II trasladó sus restos 26 años después al Monasterio de El Escorial, que construyó expresamente para él.

 

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