La Guerra de la Independencia: España por su libertad

El mayor error que he cometido es la expedición a España”. Napoleón, 1819.

En 1808 España tiene 10,5 millones de habitantes con una población básicamente rural y una clase media en alza.

Por la paz de Basilea está obligada a ayudar a Francia, interviniendo contra Inglaterra y su aliado portugués, lo que provoca la destrucción de la flota en Gibraltar.

Manuel de Godoy y Álvarez de Faria (Castuera -Badajoz- 1767, París 1851) por GoyaEl anciano rey, Carlos IV, estaba asistido por el valido Godoy, odiado por el pueblo y por todos los grupos sociales, cuyos intereses había tocado; aunque egocéntrico, había intentado una política ilustrada y se enfrentó al príncipe Fernando.

En aplicación del tratado con España, 80.000 soldados franceses penetran en la península en Octubre de 1807, en apariencia para invadir Portugal. En realidad ocupan todo el territorio y doblan el número acordado, utilizando todo tipo de tretas y abusando de la hospitalidad de la población y la debilidad institucional.

Los motivos napoleónicos eran varios: debilidad militar y política española, Portugal, fobia antiborbónica, y también motivos económicos (la codicia por las minas americanas, las lanas españolas y el control del Mediterráneo). Por el lado británico, la eliminación de la competencia textil española; durante la guerra destruirán las grandes fábricas textiles de Segovia y Ávila y las exportaciones inglesas en España aumentarán entre 1807 y 1808 un 963 % a pesar del bloqueo.

La Cataluña ocupada, con la complicidad de las autoridades militares imperiales, los barcos piratas, los comerciantes y los armadores británicos, estará mejor abastecida que antes de la guerra, excepto las fábricas textiles por la competencia francesa. Apenas sufrirá la guerra (excepto la heroica resistencia de Gerona, donde Álvarez de Castro sufrirá un asedio contra un enemigo que le supera en una proporción de 5 a 1) y será objeto de la atención especial de los fabricantes franceses y del propio emperador por motivos territoriales.

Proclamación de guerra por el alcalde de Móstoles (Pérez Rubio en  "la Ilustración")Napoleón hace suyos los prejuicios de su pueblo sobre España: decadencia, pasividad... Comprobará demasiado tarde que se equivoca y lo pagará caro. Mientras, aprovechando el enfrentamiento de Fernando con su padre, obliga a abdicar a este y atrae a toda la familia a Bayona, donde obliga a Fernando a ceder sus derechos reales. Dará la Corona a su hermano José Bonaparte. Fernando felicitará a José por el nombramiento y se mostrará rastrero y solicito con Napoleón, llegando a felicitarle por sus victorias militares, pero nada de esto sabrá el pueblo español, que depositará en él sus esperanzas sin conocer su servilismo, incentivado por las rentas que recibe de Napoleón.

La Junta de Gobierno en Madrid cede también ante las exigencias francesas, que ya habían previsto la resistencia popular.

El 2 de Mayo de 1808, ante la salida del último miembro de la familia real, el infante Francisco, el pueblo se amotina en un Madrid extrañamente lleno de forasteros, mientras las clases acomodadas se mantienen al margen y las instituciones colaboran con el ocupante, temerosos de la anarquía popular.

El 2 de Mayo de 1808. (Goya)Los mandos militares se mantendrán quietos, pero los soldados se irán incorporando a las filas patriotas. El 2 de Mayo los capitanes Daoiz y Velarde se rebelarán en el cuartel del Parque de artillería de Monteleón.

La soberanía nacional recae en el pueblo y este escoge la resistencia. Atacan a las tropas que llegan, con navajas, con tiros y piedras desde las ventanas, y serán aplastados. La represión durará tres días, pero la rebelión se extenderá por toda España a lo largo del mes. Al mismo tiempo, las deserciones en masa de las tropas de cuerpos extranjeros (suizos, polacos...) son masivas: 900 en un mes.

El Ejército español había sido modernizado y ampliado durante el siglo XVIII por oficiales progresistas, que lo habían unificado sin llegar a aplicar la inhumana disciplina prusiana, no aceptada por los soldados y oficiales. Pero la desidia de Carlos IV y el valido Godoy le había inflingido un grave daño.

Se proclama la Constitución de Bayona, impuesta por los franceses y los colaboracionistas; será papel mojado, y además no supondrá un reflejo de la política ilustrada sino que contiene importantes componendas con el conservadurismo. Reflejaría también la absoluta impotencia política del rey José, y harán inútiles sus reformas ilustradas. Económicamente, el gobierno no tiene recursos, los impuestos no se cobran y las empresas se hunden, cada general francés manda en su zona y la exprime, engrosando así las incorporaciones a las bandas rebeldes.

Los fusilamientos del 3 de Mayo de 1808 (Goya)La política imperial es de mayor represión, que sólo logra más motines. Se formarán Juntas locales que serán las que declaren la guerra; la de Madrid dirá:

...Decididos a sacudir el yugo de la tiranía, ordenamos a todos los españoles que actúen como enemigos de Francia y le hagan todo el daño que esté en su mano...

Con las primeras batallas, el comportamiento de las tropas francesas será degradante. El saqueo y vandalismo, incluido el de los más altos mandos (Murat, Sebastiani, Soult...) es general y organizado. Destaca el de Córdoba: 800 carruajes repletos con el botín, sobre todo de sus iglesias. Tras su salida de Córdoba, serán derrotados en Bailén por el general Francisco Javier Castaños, uno de los mayores genios militares de la época, hábil político próximo a los liberales en Cádiz; será una derrota que resonará en toda Europa: Rusia, Alemania, Austria... Un oficial francés dirá: “Mucho tiempo antes de Moscú, sonó en Bailén el toque de agonía del imperio.”

General CastañosEl primer efecto será la evacuación de Madrid y de varias provincias y asedios. Reina el pánico más absoluto. El cuerpo expedicionario español en Dinamarca se pasa a los ingleses, uniéndose después a los patriotas en España. Los ingleses, a su vez, envían víveres y municiones, que se unen a las armas que se fabrican en las zonas libres. La Junta Central Suprema empieza a encuadrar a los numerosos voluntarios.

El odio y la rabia que generará el comportamiento francés influirá en los sucesos posteriores; el rey José escribirá a su hermano: Para conquistar a España harían falta doscientos mil franceses y cien mil cadalsos para mantener al príncipe condenado a reinar en ella. No, sire, no se conoce a este pueblo; cada casa será una fortaleza y cada hombre tiene la misma voluntad que la mayoría. Todo el que diga otra cosa, o miente o no tiene ojos.”

A finales de 1808, Napoleón viene a encargarse personalmente de las operaciones, llegando a lograr la capitulación de la Junta local de Madrid (en contra de la actitud de resistencia del pueblo) y expulsará al pequeño ejército inglés. Promulgará decretos ilustrados contra la Iglesia, que sólo logran crear más oposición. Problemas de política interna y exterior le harán regresar a Francia. Esta nueva guerra y sus exigencias en hombres levantarán las primeras protestas de la población francesa.

La población española entera está rebelada, y si en las ciudades está contenida, el campo escapa al control francés, donde adentrarse es peligroso. No hay campesino sin armas, y las mujeres y los niños también. Cada día mueren soldados en emboscadas, los ataques de la guerrilla son constantes y las deserciones se multiplican. Columnas enteras desaparecen. Además está el ejército español de 120.000 hombres; es una guerra popular generalizada que no tiene igual en la Historia. Sólo para combatir a la guerrilla (de unos 50.000 componentes iniciales) tienen que apartar a 50.000 hombres, la sexta parte del total del ejército expedicionario francés.

Serán famosas las partidas de Espoz y Mina en Navarra (3.500 hombres) y la de Juan Martín “el Empecinado” en Castilla, que llegaría a entrar en Madrid; siguen a un jefe natural y se componen de voluntarios espontáneos y soldados evadidos, viviendo del saqueo a los franceses, del apoyo del pueblo y de requisas cuando es necesario.

Francisco Espoz y Mina (1781-1836). Uno de los más destacados guerrilleros; al terminar la guerra fue reconocido como mariscal de campo.Los franceses lo comprobarán con la llegada de un nuevo ejército inglés de 12.000 hombres y la tenaz resistencia de lugares como Gerona, Cádiz o Zaragoza; esta última, sitiada del 15-6-1808 al 13-08-1808 y del 20-12-1808 al 21-2-1809, será el asedio más duro de la Historia, en medio de un territorio totalmente sublevado. De 100.000 habitantes sobreviven la mitad y de 45.000 combatientes salen 8.000, verdaderos espectros harapientos comandados por Palafox, ante los que los franceses rinden honores; durante el asedio, los que insinúan rendirse son ejecutados, se combate casa por casa, mujeres y niños, con una ferocidad y tenacidad inauditas que despiertan el asombro y la admiración francesa. El general francés Lannas dirá: “El sitio de Zaragoza no se parece en nada a la guerra que hemos hecho hasta el presente... Es una guerra que da horror.”

Napoleón además, comete otro error: subestimar el valor del soldado español. Es sobrio, resistente, disciplinado, sufrido; los generales franceses le rendirán homenaje en sus crónicas constantemente. El soldado británico, sin embargo, es un mercenario reclutado entre los marginales; ladrón y borracho, altivo y tenaz, combate porque está bien pagado. Esta diferencia se plasmará en la breve reconquista de Madrid en el verano de 1812 por las tropas de Wellington.

Juan Martín  "el Empecinado" (1775-1824). Levantó diversas partidas de guerrilleros, disciplinadas y estables. Sus gestas fueron reconocidas por la Junta Central quien le nombró Brigadier y posteriormente General. Además de sus hechos de armas, resistió siempre a diversos chantajes e intentos de soborno. La guerra no tiene grandes héroes porque todo el pueblo es el protagonista. La Junta Suprema lo reconocerá así al decretar: “En adelante, todos los españoles quedan autorizados a poseer armas, incluso las que antaño estaban prohibidas. Podrán atacar y desvalijar a los soldados franceses, ya sea individualmente o en grupo. Cada vez que se les presente la ocasión, deberán hacerles todo el mal y causarles todos los daños posibles. Tales acciones serían consideradas como servicios prestados a la nación y recompensadas según sus méritos. El botín de que se apoderen les pertenecerá en legítima propiedad. Se practicarán las viejas leyes de los corsarios ...

La Junta Central, retirada a Sevilla, se disuelve y se pasa a formar Cortes para redactar una Constitución. Cuando el 24 de septiembre de 1810 se reúnen en Cádiz, la regencia dimite y de los dos bandos, tradicionalistas y liberales, la balanza se inclina por el segundo, por su empuje y constante agitación que compensa su número, lo mismo que ocurrió en la regencia y en la Junta de Cádiz, en un enfrentamiento que se reproducirá hasta el siglo XX.

Esa misma agitación y ambiente liberales fuerza al Consejo Reunido y al de Estado a pronunciarse por el unicameralismo, cuando anteriormente habían votado la convocatoria separada de la nobleza y el clero, que no se cumplió.

Desastres de la Guerra (Goya). La guerra no tiene grandes héroes; todo el pueblo es protagonista.La propia formación de las Cortes ya supone el inicio de un proceso original que por sus propias características se llamará Revolución Española. Superará los logros teóricos de la francesa.

No obstante, la Constitución de Cádiz de 1812 será resultado del compromiso de ambas tendencias y de su lucha soterrada. Logrará, por fin, la supresión legal del régimen señorial. Y si bien las circunstancias históricas y la influencia de las ideas de la Revolución Francesa estaban presentes en estos liberales, y aunque, frente a las acusaciones de los conservadores, alegarán promover una restauración de instituciones de la época de los Reyes Católicos, buena parte de su obra política es innovadora, la más progresista de Europa.

También será unitaria. Hasta el más mínimo detalle es regulado por la Constitución, cuyo diseño de Estado nacional imponía los derechos de los españoles por encima de los antiguos de cada reino. La igualdad de los ciudadanos reclamaba una burocracia centralizada, una fiscalidad común, un ejército nacional y un mercado liberado de la traba de aduanas interiores.

En Ocaña y Tudela, a finales de 1809, las tropas nacionales son derrotadas, pero la victoria de Los Arapiles, en 1812, supondrá la evacuación francesa de Madrid y el principio del fin. El 17 de Marzo de 1813 el rey José, las tropas francesas y los colaboracionistas abandonan Madrid y se retiran hacia el norte, a Francia. El regreso de Fernando VII causará la movilización conservadora (“Manifiesto de los Persas”), la restauración de los privilegios, el primer pronunciamiento militar y el enfrentamiento con los liberales.

Ambos bandos sólo lograrán el apoyo popular en la defensa de intereses propios muy concretos (estarán contra los liberales en la disolución de los gremios y de los pastos comunales frente a un idealizado mercado libre).

La guerra costará a España 500.000 muertos sobre 12 millones. Los franceses tendrán 300.000 bajas.

Dejarán un saldo de rencor que, no obstante, no perdurará en el tiempo, como lo demostró la actitud pasiva ante la intervención política de tropas francesas en 1823, ya que no fue una invasión ni supuso saqueo.

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