Roger Garaudy

Roger Garaudy nació en Marsella en 1913, en una familia trabajadora. Llegó a ser presidente de “Acción Católica”. En 1933 se trasladó a Estrasburgo, estudiando teología en la cátedra del pastor Karl Brath. Ese mismo año se afilió al Partido Comunista Francés y se convirtió al protestantismo.

En esa crisis concibe la conjunción entre comunismo y cristianismo. En 1937 es nombrado profesor de filosofía en el liceo de Albi, e ingresa en el Ejecutivo de la Federación Comunista de Tarn, junto al líder Maurice Thorez.

A partir de 1944 es miembro del Comité Central del PCF (en 1945 y en 1956-70). Elegido diputado por Tarn en 1945, ocupa la presidencia de la Comisión de Educación del Partido. Se doctoró en filosofía en la Sorbona de París y en 1953 también por la Universidad de Moscú con la tesis “Teoría Materialista del Conocimiento”, donde afirma: “Nunca la filosofía, en su más noble sentido, ha tenido tanta importancia como en la era de Stalin”.

En esta obra pretendía que sólo existía libertad en los países comunistas, como hicieran otros intelectuales progres (Neruda, Alberti...). Años después afirmará que no conocían el verdadero estado de la URSS bajo la dictadura estalinista. Como los alemanes con Hitler.

Aún en 1963, cuando escribe “¿Qué es la moral marxista?”, efectuará afirmaciones tan ridículas como que “la instauración del comunismo puede prolongar la media de vida humana hasta los 150 o 200 años”.

Garaudy siempre fue un utópico de los que llevan sus sueños monstruosos hasta el final, siempre encarnados en dictaduras antihumanas, aunque bajo la bandera del amor o la libertad.

También fue durante diez años el director del CERM (Centro de Estudios e Investigaciones Marxistas), siendo el más relevante ideólogo marxista francés junto a su oponente en el seno del PCF, Louis Althusser.

Es allí donde generará la estrategia de la “mano tendida” entre el cristianismo “progresista” y el comunismo dictatorial, por la necesidad de entendimiento entre las fuerzas “revolucionarias” y las “espirituales”. Se llamará “humanismo marxista” o “teoría del diálogo”. Mientras, escribía “Dios ha muerto”, un grueso ensayo sobre Hegel.

Para Garaudy, el marxismo no era determinista, ni economicista, ni materialista.

En 1949 escribe “La Iglesia, el comunismo y los cristianos”, consiguiendo una entrevista con el Papa a través del embajador francés, el filósofo católico Jacques Maritain. A su regreso critica la actitud del PCF con los cristianos.

Después del Concilio Vaticano los sectores socialistas de la Iglesia reconocen su contribución ideológica, y durante la década de los años 60 aumentan sus críticas a los dirigentes soviéticos y del PCF con respecto al cristianismo y por los hechos de mayo de 1968 en Francia y la invasión soviética de Checoslovaquia, pero especialmente por su defensa de la necesidad de la “coexistencia pacífica” entre la URSS y los EEUU, que después se implantaría en la teoría socialista, siendo expulsado en el XIX Congreso del PCF, el 6 de febrero de 1970, y abandonado por sus viejos compañeros y amigos.

Es en 1968 cuando escribe “Cómo ser comunista hoy”. Y en 1970 “Palabra de Hombre”, variante del anterior, donde relata su conversión, basada en la “trascendencia”, por la que el principio de la unidad y la conciencia de Dios derivan de ella, y por lo tanto los valores absolutos quedan por encima de los intereses grupales e individuales. De ahí deduce un totalitarismo idealista, que pasa de la religión a la política.

Un libro, además, muy inferior al resto de su obra, mezcla de exaltaciones amorosas y dogmatismo igualitario. El “amor” en el que se basa es “el amor a los otros, a todos los otros”, pero eso le lleva a propugnar la disolución de la persona en el “Gran Todo”: “La felicidad comienza con la desposesión de sí y con la comunión con el todo”. Así, el universalismo es el bien y la autoafirmación el mal.

Rechaza asimismo la cultura griega y la renacentista, orígenes de la ciencia, la técnica y “el colonialismo” cultural, verdadera obsesión del tercermundismo de Garaudy, y en general, lo europeo, laico y masculino. En definitiva, la cultura occidental. De ello se deriva la crítica a la educación, la familia y la propiedad.

En 1981 se presentará como independiente a las elecciones presidenciales francesas. Habiendo acentuado su fervor religioso, concibe el “Proyecto Esperanza”, donde el marxismo fue desapareciendo, y a partir de su matrimonio con la palestina Salma Farouqui impulsó el diálogo entre las religiones y después se convirtió al Islam en 1982, adoptando el nombre de “Ragaa” y afirmando que el Islam es la más ecuménica de las religiones. Lógico, puesto que el Islam, al no permitir separación entre religión, sociedad, economía y política, colma a la perfección la necesidad de totalidad de Garaudy y su plasmación en una sociedad necesariamente totalitaria. Lo cual se ha encarnado en todas sus variantes ideológicas en dos símbolos malignos: Estados Unidos e Israel. Es decir, contra el liberalismo ideológico y a favor del antisemitismo: Islam ahora, antes el comunismo y aún antes el nazismo.

A lo largo de su periplo islámico (rama integrista) ha escrito “Promesas del Islam”, “Córdoba, capital del pensamiento unitario”, “¿Hacia una nueva guerra religiosa?”, “Los Estados Unidos, vanguardia de la decadencia”, “El Islam en Occidente”, “Los integrismos: ensayo sobre los fundamentalismos en el mundo” o “¿Tenemos necesidad de Dios?”.

Desde 1987 vive en Córdoba, donde creó la “Fundación Garaudy de las Tres Culturas”, el mito de Américo Castro, para conservar el legado musulmán de la ciudad, basándose en la existencia de una Universidad en los siglos XI-XIII. A tal fin, el Ayuntamiento le cedió la Torre Calahorra en 1997, de la que toma su nombre actual.

En 1996 escribió el antisemita “Los mitos fundacionales del Estado de Israel” (una extensión de su anterior obra de 1986 “Palestina, tierra de los mensajes divinos”), donde calificaba al Holocausto de mito y negocio, citando a los autores negacionistas de tendencia nazi.

El libro le proporcionó los parabienes del mundo islámico radical, especialmente de los iraníes, y le valió dos condenas judiciales en Francia en 1998 y 1999, incluidos 6 meses (en suspensión) de cárcel y dos cuantiosas multas (280.000 francos).

Ante las protestas generales por este hecho, incluidas las del “Centro Simon Wieshental”, el museo ha excluido a Garaudy de su Consejo de Administración.

Garaudy representa a una buena parte de la “izquierda divina”, los intelectuales que se pasaron del marxismo al "tercermundismo" y a la versión Islam “revolucionario” cuando cayó por su propia podredumbre la evidente irrealidad del “socialismo real”.

La mayor parte de los conversos al Islam proceden de los nacionalismos y la izquierda. Integran las más fervientes defensas de las masacres y aberraciones de los musulmanes en Europa.

La “Alianza de Civilizaciones” zapaterista ya la promovió anteriormente Garaudy, y después Jatami, presidente de la República Islámica de Irán. El 2001 fue declarado Año del Diálogo de Civilizaciones, también promovido por la UNESCO.

Las entidades internacionales están bien infectadas por la claudicación ante el “yihadismo”. Garaudy es el mejor representante de todo ello.

 

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