Ernesto "Che" Guevara

Ernesto Guevara de la Serna nace el 6 de junio de 1928 en Rosario (Argentina), de unos padres acomodados, venidos a menos, y sin recursos notables (lo que no era el caso del resto de parientes). Su padre era maestro mayor de obras. En 1930 se traslada a Montecarlo, en Misiones, para explotar una yerbera que posee. Ante la dureza del trabajo y del ambiente, vuelven a trasladarse cerca de Buenos Aires, en San Isidro.

Debido a un enfriamiento de Ernesto en una piscina, y por recomendación del médico, vuelven a trasladarse a Alta Gracia, cerca de Córdoba, en 1932, donde el padre creará una empresa de construcción.

Ernesto acaba los estudios primarios en 1941 y la familia se traslada a Córdoba. Ingresará en el elitista “Colegio Nacional Déan Funes”. Allí demostrará su afición por las excursiones, su desparpajo y su insolencia, propio de la juventud de clase alta con la que se relacionaba gracias a sus vínculos familiares que le abrían las puertas a círculos elitistas sin propiamente "pertenecer" a ellos. Tal vez estas circunstancias junto con las irregularidades de la vida familiar hicieran de él un desarraigado social.

Integraba un grupo de 10-12 chicos y chicas entre los que destacaba por su personalidad, sus bromas y su vestimenta claramente provocadora, tan bien descrita por sus antiguos amigos Gustavo Roca o Chinchina Ferreyra (zapatos de distinto color, camisa transparente, pantalones rajados...). A él no le importaba que le apodaran “chancho” (cerdo) o neandertal. Según Sebreli, el personaje de E. Salgari, Sandokán, le inspiró la pasión por la aventura y el mito del rebelde primitivo; algunos han querido ver en ello el germen de su vocación antiimperialista. Parece ser que la figura de Hemingway (otro aventurero), también dejó su correspondiente poso. Si bien su apasionamiento por la lectura fue muy posterior, la fascinación por las armas y su tendencia a la crueldad, que se fue acentuando, fue temprana.

En 1946 recibe su diploma de bachillerato. Lo poco que se conoce de sus actitudes políticas de entonces, erráticas y pueriles, son las de un germanófilo (comentarios contrarios a Churchill y De Gaulle), probablemente por mera provocación. En su primera correspondencia se reconocía como simpatizante peronista, luego antiperonista "de siempre", y finalmente "comunista estalinista", admirador del "viejo y llorado camarada Stalin" (carta a su tía Beatriz, 1953), posteriormente siempre reivindicó su "herencia estalinista", sin fundamento alguno en ningún caso.

Estas informaciones contradicen a las aireadas por su padre, militante reformista entonces, afirmando la militancia antiperonista en el hijo. También son fantasías edulcorantes las inexistentes “lecturas marxistas” que las biografías de derecha e izquierda le adjudican; al respecto era un perfecto ignorante, completamente al margen e indiferente a las cuestiones políticas.

En 1947 se trasladan a Buenos Aires, ingresando en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. A pesar de la agitación estudiantil ante el control peronista, no hay constancia alguna de su participación en ella. Sí la hay de sus aventuras como joven osado y arrogante de la oligarquía porteña, que han descrito compañeros suyos como Delfor Gómez o Fernando García.

En 1951 y 1952 realiza viajes en motocicleta (en parte) en compañía de Alberto Granados, hermano mayor de un amigo, visitando de paso diversas leproserías. Duraría 6 meses, en los que apenas visitó la leprosería de Iquitos, el resto fue aventura. El objetivo del viaje eran los USA, donde esperaban instalarse ("Notas de viaje", Ernesto Che Guevara, Ed. Byblos).

En Caracas, Granados se coloca en la leprosería de Calvo Blanco y Guevara continúa hasta Miami, viviendo con amigos de modo bohemio, según uno de ellos, Jaime Rocas. Regresaría en octubre y es muy dudoso que terminara sus estudios de medicina puesto que nadie ha visto los documentos acreditativos ("han desaparecido" según la Universidad en la que supuestamente "estudió").

En 1953 en un viaje a Bolivia conoce al abogado Ricardo Rojo, miembro de la colonia de exiliados argentinos, casi todos de derechas, que afirmará (en su biografía del Che, un tanto desmitificadora) que Guevara muestra posiciones escépticas e indiferentes hacia el proceso revolucionario que vive el país, apoyado por toda la izquierda. Afirma también que la meta, un tanto dudosa,de Guevara es la leprosería donde dejó a Granados.

Emprenderá el camino con Rojo y otros más hacia Perú y Colombia. Debido a la actividad guerrillera llegarán a Panamá en barco. En Costa Rica, un grupo de exiliados cubanos les relatan emocionados el asalto al Moncada, respondiendo Guevara: “Bueno, muchachos, ahora que terminaron con lo del Moncada, cuéntense una de cow-boys”.

Rojo, convencido activista político, presentará a Guevara personajes que protagonizarán la Historia hispanoamericana en breve (Bosch, Betancourt, Leoni, Arévalo, Magobre) ante su indiferencia.

En 1954 se trasladan a Guatemala, donde conocerá a la que será su mujer dos años después, la peruana aprista Hilda Gadea. Se desinteresa del proceso revolucionario de Jacobo Arbenz, más atento a explorar ruinas mayas. Rojo describirá a Ernesto como “siempre escéptico y sarcástico... bromea, hace pullas y chascarrillos”. Tras el golpe de Estado y la invasión estadounidense habrá nueve días de resistencia. Sólo en los últimos tres Ernesto se dejará contagiar de la actividad de los exiliados peruanos. Como dejó escrito los bombardeos le parecieron simplemente "una bonita experiencia", si bien posteriormente se arrogó un protagonismo que es estrictamente falso.

Escapa a México-capital donde se gana la vida de fotógrafo callejero y se reencuentra con Hilda. Gregorio Selser, uno de sus biógrafos, da una importancia enorme a la estancia en México y a la aventura guatemalteca, pero no aporta prueba alguna de su “politización”.

Su afición por los viajes y el exotismo que estos proporcionan -paisajes y personajes- se ha querido relacionar con la "beat generation" pero nada más alejado de las posiciones de aquella que el Che. Tampoco es aceptable en el personaje "el camino", "el viaje" como una experiencia "iniciática" en busca de la conciencia política y la revolución, falsedad que se ha tratado de imponer, a la fuerza, contra la realidad de los hechos. Su vida, sus "caminos" fueron tumultuosos, caóticos, sólo el azar puso un cierto "orden" y una dirección. Cayó en la mística de la "revolución" como pudo haberse inclinado por cualquier otra oportunidad antitética. La escritura incansable de sus vivencias, como una necesidad, le permitieron presentarlas como "el descubrimiento de su voz interior". No se trató de la "causa" en sí misma, sinó la aventura que propiciaba (la "causa" al servicio de la "aventura"), justo lo opuesto del militante, pero una vez se enfundó en el "personaje", se entregó con la vehemencia y el fanatismo del converso.

Lo que sí es indudable es su acentuada inclinación por la violencia y la guerra, lo que queda constatado no sólo por declaraciones de quienes le conocieron directamente, sinó muy especialmente por sus propios escritos, en los que supera ampliamente en crueldad y dureza a otros autores comunmente descalificados como "belicistas" (aunque él jamás ha sido calificado así). Su pasión por las armas le venía de muy atrás, desde la primera juventud, pero fue en Guatemala donde, mero espectador, se despertó esta faceta que pudo satisfacer algo después, en Sierra Maestra, donde según Sebreli "experimentó el novedoso placer de matar" (no sabemos cómo calificar la frase...), y en otras ocasiones, más tarde, se declara "sediento de sangre" (en carta a su mujer del 18 de enero de 1957)

Conoce a Raúl (padrino de su boda) y a Fidel Castro. El encuentro con Castro, casual, fue providencial, quedó fascinado por él y por fin encontró "su" aventura. Y así, de modo repentino (“en una noche” dirá Fidel), decide unirse a una expedición “sin barco, ni armas, ni tropas”. Será otra aventura.

Guevara se incorpora a la desastrosa expedición del “Granma” de 82 hombres (y frustrada al desembarcar en la playa de Las Coloradas por la aviación), en calidad de médico (asignado por Castro), como él mismo indicará en sus “Apuntes de la guerra revolucionaria cubana”.

En ellos relata tanto su falta de medios como su desinterés por aplicar e investigar la medicina en la atrasada población de la sierra. Por el contrario, la sustituirá por una fórmula política.

Reiterará en su diario la pobreza de sus conocimientos médicos, y será en el combate de El Uvero en el que confesará su fastidio por el papel profesional asignado.

Finalmente será nombrado comandante de una columna de 75 hombres en abril de 1957, habiendo participado sólo en dos combates, con eficacia incierta. El ascenso y su anterior inclusión en el Estado Mayor guerrillero se debe a la voluntad de Fidel, y coincide con la llegada de un nuevo médico, Sergio del Valle.

En repetidas ocasiones repudió todo contacto que hubiera podido tener con la Medicina, lo que no fue óbice para que, en su apogeo, fuera nombrado "Médico Honorario" como "prestigioso médico argentino", por el Colegio Médico Nacional de Cuba (distinción y privilegio, inmerecidos, que obviamente aceptó).

Narrará en sus escritos la ilusión por “estar a la altura” y “elucubrar hazañas”. En el “Diario de Bolivia” escribirá: “La leyenda de la guerrilla crece como la espuma, ya somos los superhombres invencibles”. No hay aquí rastro del ideólogo serio con conciencia social, sólo del guerrero aventurero.

Por otra parte, sus lecturas, descritas por Luís Simón, serían las de cualquier intelectual hispanoamericano. En cualquier caso, lo precipitado y azaroso de las mismas, en medio de sus vehementes y dispersas actividades, no permiten considerar seriamente su "formación" ideológica. La idea de propagar la insurrección contra las dictaduras continentales no es izquierdista ni marxista, sino común a los reformistas de todas las tendencias.

Posteriormente, a Guevara se le ha atribuido militancia marxista (J.P. Morgan), o troskista y peronista (L. Simón), este último reconoce, sin embargo, que su socialismo es “reformista” y no revolucionario. El hecho, no obstante, es que se hizo "comunista" de golpe, en versión primitiva, voluntarista y emocional, por influencia de su mujer Hilda Gadea; precisamente su falta de formación y lo incidental de su "conversión" hicieron que estuviese totalmente al margen de la evolución del mundo, incluso del mundo comunista.

Su obra “Notas para el estudio de la ideología de la revolución cubana” es reveladora: “revolución singular”, “teoría empírica”, teoría innecesaria, foquismo guerrillero.

Este último punto resultará fatal para sus múltiples imitadores y para el propio Guevara. La revolución cubana triunfó por el apoyo y organización urbanas, tal y como lo ha narrado Carlos Franqui. El Che no entendió nada del proceso y el porqué de la revolución cubana, de los factores de su éxito (una dictadura sin crédito, corrupta, abandonada a su suerte por los USA, sobre todo sin auténtica voluntad de defenderse, y hostigada por la burguesía urbana y la clase media), que la hacen irrepetible, ajenos por completo a las vehemencias y exaltaciones de su "izquierdismo" infantil. De ahí procede su culto al campesinismo, mundo que no comprendió por puro desconocimiento, y la desconfianza de la "ciudad". No se trata de maoismo, sinó de puras quimeras.Y así se constata en sus subsiguientes, estrepitosos y costosos (para los demás), fracasos, en el Congo y en Bolivia, propios de un inútil (tanto como guerrillero como en cualquier otro campo en que intervino). I
ncluso el medio elegido para la guerrilla, el rural, lo es en base de la efectividad y no de las necesidades objetivas de la supuesta “revolución agraria”, meta teórica.

Cuando tomó contacto con el elemento social objeto de la guerrilla, el campesino, tanto en el Congo como en Bolivia, experimentó con perplejidad que los campesinos no estaban a su lado, y sus prédicas fuera de lugar. En Bolivia, tras los primeros contactos y la nula posibilidad de movilización, recomienda desconfiar. De los seis primeros contactos, dos son chivatos y a dos los toman de rehenes. Los pocos que se unen a ellos les abandonan al poco tiempo. Predomina la desconfianza y la rapiña. Ernesto hablará de los “prejuicios” campesinos y de su “valía para la guerrilla”. Se quejará más delante de los “numerosos chivatazos”. Lo afronta como una cuestión técnica pero no ideológica, y mucho menos “marxista”. La desconfianza era mutua, escribirá: “... y nosotros no temíamos la presencia campesina, puesto que nuestra fuerza relativa había aumentado considerablemente y nos sentíamos más seguros. En su “Diario de Bolivia” escribirá cínicamente: “... mediante el terror planificado lograremos la neutralidad de los más”. Allí la captura de campesinos será sistemática, formando “una verdadera colonia”.

Este era el tipo de solución que solía aplicar siempre, desde sus años de apogeo; frente a todo tipo de problema y disfunción que surgía,, o que él mismo creaba dada su incapacidad y absoluta carencia de conocimientos, la fórmula invariablemente era: la represión y el terrorismo de Estado. Eso sí lo sabía.

Es decir, no entendió nada ni de la guerrilla ni de la guerra que tanto amaba y echaba de menos según numerosas declaraciones (entre otros a Neruda, a Annuar el Sadat, etc...).

Su “materialismo” marxista se contradice con su teoría de la veracidad del pasado frente a los conceptos nuevos. Su culto a la acción transformadora definida como “revolucionaria” le sitúa fuera del marxismo.

Por otro lado, todas sus elucubraciones "teóricas" están encaminadas a solventar a favor de los guerrilleros las luchas políticas frente al Movimiento 26 de Julio “del llano”, uniéndose para ello al paraguas ideológico del “Frente Unido” o “Nuestro Tiempo” auspiciados por los comunistas.

Poco duró la alianza ante las tácticas comunistas de apoyar las demandas obreras contra la administración, o a esta contra los obreros, para fortalecer su poder y aislar a sus opositores. El Partido Socialista Popular de Cuba, contrario a la lucha armada, había colaborado con el régimen de Batista durante bastantes años. Guevara los calificará en enero de 1960 de “oportunistas de izquierda”.

Los contactos de Guevara con la URSS, como director de industria del Instituto Nacional de Reforma Agraria (después fue presidente del Banco Nacional y ministro de Industria), sirvieron para que apoyara la teoría de Escalante de “excepcionalidad de la revolución cubana” en el seno del partido comunista, pero en todo caso fueron a partir de 1960 y no antes.

El mismo Luís Simón afirma que los comunistas cubanos cercanos a los dirigentes (Carlos Rafael Rodríguez y Luís Mas Martín) cuidaban mucho el no utilizar estos contactos.

Lo mismo cabe decir de su “economicismo”. Todos sus cargos se debieron a su pertenencia al grupo guerrillero, y a la fidelidad que profesaba a Castro, porque de hecho habían verdaderos economistas en la izquierda cubana, y las "teorías" (más bien ocurrencias) guevaristas sobre la “responsabilidad” y la “abnegación” no tienen nada que ver con conceptos económicos sino meramente voluntaristas.

Los dos principales consultores económicos (Bettelheim y Dumont) eran los más afines al comunismo... y los más críticos con Guevara. Reconoció los errores (fracaso del voluntariado, aumento de accidentes mineros...), pero no la responsabilidad, ni tampoco aportó soluciones, a pesar de su empeño en profundizar en la economía cubana "estudiando" (... improvisadamente y a salto de mata). De su paso como director del Banco Nacional de Cuba y del departamento de Industria, tareas para las que era incompetente, quedó un reguero de desastres y aberraciones de todo tipo, evidenciando incluso falta de sentido común. Pero la solución estaría en el "hombre nuevo" libre de taras, religión que pretendió imponer violentamente como un iluminado fanático, y por lo tanto, criminal.

Al final todo quedaría en la dependencia de la ayuda soviética. Entonces, la obsesión por las granjas estatales, por ejemplo, fue más bien fruto de la ceguera del converso que de de imposiciones rusas, que lo desaconsejaron.

La “otra” alternativa tampoco funcionó. La “importación” de economistas chilenos y argentinos se reveló inoperante, tanto por su teoricismo como por las objeciones “ideológicas” de Guevara. La política era similar a la de la CEPAL, tan denostada por él.

Las fotografías, en el período de la zafra, simulando su participación  en el trabajo junto al pueblo, formaron parte entrañable del ritual revolucionario.La limitación de importaciones haría el resto para volverse hacia la URSS y los comunistas (y a la aceptación del monocultivo azucarero). No hubo ni marxismo ni “complot guevarista”. Este fue el decepcionante resultado de su viaje a la URSS de 1960 y de su primer viaje al exterior.

Por otra parte, Guevara dejó bien claras, en diciembre de 1964, las ventajas que les reportaría una coexistencia con los EEUU, pero también que la élite guerrillera en el poder no toleraría un menoscabo ni injerencias en su posición. Lógica política, no ideológica.

En diciembre de 1960 iniciará un periplo por Asia y África, y a su regreso se eclipsará. En este lapso de tiempo morirá su madre, el 18 de mayo de 1965, lo que disparará los rumores sobre el paradero del hijo.

Sus excesos le hicieron conflictivo tanto para las relaciones con los USA como con la URSS (de la que ya dependían totalmente), y a partir de entonces, para Fidel, el Che le era más útil muerto que vivo. Todos los que habían sido críticos con la radicalización comunista de la revolución (que ya no pretendía instaurar la democracia en Cuba), iban siendo eliminados ( Camilo Cienfuegos, Huber Mato, etc...), y el propio Che siguió el mismo camino que ayudó a preparar para los otros, aunque por razones opuestas: exceso de radicalismo y doctrinarismo fanático.

Se diga lo que se diga, el Che no se sustrajo a las realidades nada brillantes de lo que significa siempre "la revolución una vez en el poder", y que desmienten la impostura que supone esa falsa devoción por el ideal del "hombre nuevo" (excusa "moral" para todos sus excesos).

De esta época de marginalidad y desengaño es el texto, publicado póstumamente, “El socialismo y el hombre en Cuba”, escrito en Argelia, y en el que subyace una crítica a la inmadurez del régimen cubano ante la imposibilidad de crear una base que no sea la fuerza armada (crítica un tanto cínica por su parte). De este fracaso y de esta relación forzada con los soviéticos quedarán los problemas sobre la “guerra revolucionaria” y contra el “divisionismo” que son un guiño a China.

Será el día 2 de octubre cuando se anunciará la renuncia de Guevara al PURS, el nuevo partido castrista, y a la ciudadanía cubana, y su salida del país, con la carta leída por Fidel en el Teatro Chaplin, fechada el 1 de abril.

El 23 de noviembre la policía colombiana lo sitúa en Bolivia, en la frontera, como miembro del ELN. Después llegaría el comunicado a la I Conferencia de la OLAS, llamando a “crear muchos Vietnams”, netamente guevarista, y que no fue difundido por el régimen cubano.

Y el fin. El 27 de marzo el anticuado Ejército boliviano localiza el foco guerrillero, aislado de cualquier apoyo político.

El 20 de abril capturan a Regis Debray, cuyas declaraciones les conducen a Guevara. Contra lo que ha difundido la izquierda, su acompañante, el argentino Ciro Bustos, no habla, deseando proteger a multitud de contactos en su país.

El 10 de octubre de 1967 Guevara está muerto.

El mito del Che es básicamente obra de los "intelectuales" (que él tanto despreciaba) europeos, en especial franceses, y de sus "biógrafos" (más bien hagiógrafos) que sistemáticamente han preferido, y siguen haciéndolo, mirar hacia otro lado y seguir consolidando con falsedades insostenibles y omisiones de las evidencias, el mito de un "héroe romántico", o un "héroe santo". Todo un sarcasmo, porque para quienes le conocieron el Che no fue un idealista que ofreció su vida como un mártir, sinó un asesino sediento de sangre.

La fascinación de los "intelectuales de izquierda" por el personaje es de lo más vergonzoso. Todos pasaron ante él cuando estaba en el momento álgido de su poder y fama y se le rindieron acríticamente. Muchos fueron invitados a presenciar los fusilamientos, espectáculo obsceno al que asistieron sin rubor (las asistencias están en gran parte documentadas), aunque posteriormente hayan negado los asesinatos o los silencien. Pero casi todos se han entregado a borrar de su biografía todo aquello que desmiente el mito, creando un personaje que nunca existió porque el personaje real es repugnante.

Al "carnicero de La Cabaña", cabecilla de la "Comisión Depuradora" y verdugo insaciable que ejecutaba impertérrito las órdenes y los trabajos sucios de Fidel, que afirmaba que: "las pruebas son secundarias, hay que proceder por convicción" y que en consecuencia fusiló sin ni siquiera simulacros de juicios, que fue protagonista de ejecuciones gratuitas y sistemáticas, tras que las víctimas fueran obligadas a reconocer el merecimiento de la pena de muerte, y que al igual que los nacionalsocialistas alemanes se entregó a la deshumanización previa de los adversarios y disidentes al catalogarlos como "gusanos", se le ha llegado a llamar el "poeta de la Cabaña".

Para toda esa caterva de personajes infames y delirantes, el Che poseía, de modo innato, todas las cualidades que se le atribuyen, poco importa que los hechos lo contradigan. Mientras tanto los intelectuales cubanos vivían presas del miedo, incluso los adictos al régimen. Todo esto tiene interés particular en estos tiempos de "memoria histórica" en la saga de de la mentira a ultranza y la falsificación.

La imagen que se pretende dar de él es la romántica e ideal del "rebelde contra todos", olvidando intencionadamente su sucia cara como lo que realmente fue: un hombre del "poder" (... y víctima de el).

Varios elementos, externos e internos, contribuyeron a crear el mito del “Che”. En primer lugar, el mito del guerrero errabundo, trasmutado en profeta, que es el auténticamente guevariano, aunque, como refleja su vida, la imagen de profeta se frustró y Guevara se quedó sólo ante su propia imagen y sentido.

La prensa internacional hizo mucho en la difusión del personaje que consciente de ello, una vez incrustado en el poder, se sintió "mito", se enfundó en él y lo representó. En sus escritos trató de ocultar sus orígenes aventureros para presentarse como un genuino revolucionario (expresión que le gustaba mucho) en "busca de su destino", ya que las realidades le negaban y resultaban incómodas y reluctantes. Sus verdaderas y únicas batallas fueron propagandísticas, el personaje cuidó muchísimo su imagen: son conocidos diversos montajes periodísticos falsos. De ahí la imperiosa necesidad de lograr que las revistas internacionales, especialmente americanas (Life, Times, NYTimes etc...), publicaran fotografías estudiadamente paradigmáticas, a las que pudiera asociarse cualquier interpretación; imágenes que ocultaran la realidad.

Luego la traición de Castro, aunque fuera simple disidencia. Castro es aquí la imagen del poder. Y los públicos contactos de Debray con él y el papel de este en la captura de Guevara, con su insistencia en salir en el momento más inoportuno y la concentración de tropas en la zona justo seis días después de su partida con Bustos y Guevara (llevaba dos semanas con ellos y tres días desde que ve a Guevara cuando empezó la actividad militar en la zona y había obtenido mapas en dependencias militares, estando la guerrilla en una zona de selva densa), reafirman una posibilidad que hoy está aceptada.

Cuando el Che se vio definitivamente perdido, abandonado por todos, aún se aferró a su mito declarándose la víctima sacrificada (la del "humanista revolucionario", como se le ha querido ver), a lo que contribuyó su muerte; tal vez un error, porque en la hora definitiva ya no despreciaba su propia muerte como tantas veces había proclamado (el cinismo hipócrita no se aplicaba sobre sí mismo).

Tras habérselo sacado de encima, el régimen castrista decoró el paisaje con el nuevo mito. Muerto el burro la cebada al rabo.Por otra parte, la táctica castrista ha demostrado ser la de avivar el fuego cuando decae pero apagarlo cuando arrecia, lo que habría sido imposible con Guevara, aún en su probable papel de entrenador o coordinador guerrillero.

Otro hecho no desdeñable es el juicio a Debray, que terminó en un giró de 180 º de este, con una apología de la guerrilla y de su papel de vocero que antes negó.

Por último está el interés del régimen cubano por utilizar el naciente mito y por alejar sospechas, que surge el mismo día del discurso televisado de Castro sobre la muerte de Guevara, el 15 de octubre.

El Che rendía un morboso culto a la muerte (igual que los nazis y más que los fascistas), incluso a la suya propia, según decía. Pero los hechos son los que son, y en realidad la administraba generosamente a los demás: "liberó" a bastantes de la pesada carga de la vida, no vaciló cuando impúdica e imprudentemente (en la crisis de los misiles nucleares) afirmó que "el pueblo cubano estaba dispuesto a inmolarse en una guerra atómica" que él intentó provocar (por suerte sin éxito), o cuando afirmaba que había que "crear la pedagogía de los paredones de fusilamiento", o que "no necesitamos pruebas para matar a un hombre", o la desvergonzada declaración ante la Asamblea general de la ONU el 11 de Diciembre de 1964: "Hemos fusilado, fusilamos, y seguiremos fusilando mientras sea necesario".

Su comportamiento fue siempre despiadado con propios y enemigos. Intocable bajo la sombra de Fidel, su proximidad inspiraba pavor, tanto entre los iguales como entre sus subordinados. Toda su bestialidad depravada, de carnicero, está perfectamente documentada y probada. Sus propias declaraciones avergonzarían a cualquiera. Otros asesinos análogos, aún amparándose en motivaciones políticas como justificación, tratan de rehuir los hechos de los que son responsables. El Che no, y no por honradez (en el criminal no la hay), sinó porque siempre, desde su juventud, se comportó como el niño mal criado que era, el pretendido "enfant terrible" al que todo se le pasa por alto, y hasta cierto momento así fue con el régimen castrista, gracias a su sincera devoción y sumisión a Fidel, quien, muy astuto, había sabido ver en él al perro fiel capaz de hacer cualquier trabajo por sucio que fuera, pero que no vaciló en deshacerse de él cuando sus excesos imparables y su desastrosa gestión en los cargos que ocupó (profundizando irreversiblemente el caos económico de Cuba) le hicieron incómodo y peligroso.

Pero ni sus pulsiones de muerte, ni su carrera desbocada que le condujo a la suya, le convierten en un mártir: no se "inmoló", ni lo hizo por "los demás". Esa misma carrera la han seguido gánsteres conocidos u otros notables asesinos pero que no han "sabido" revestirse de una supuesta cobertura "ideológica" capaz de atraer el papanatismo de los "intelectuales". La muerte joven ha evitado el envejecimiento del mito y del personaje y tener que enfrentarse a sus miserias reales como fanático estalinista y el deterioro de la imagen del "héroe revolucionario" que nunca fue.

Guevara, en definitiva, se transformaría en mito de la izquierda occidental, formada por gente de su clase, desplazada por las convulsiones sociales y políticas de los años 60. Guevara no representa más que al militante autoconsagrado.

Su designio es bien triste: traicionado y desengañado. En las páginas de su “Diario” revela su desánimo ante la desidia de los bolivianos y la arrogancia de los cubanos.

Su ignorancia, infantilismo y falta de realismo le han hecho "icono de todas las causas" y atractivo a los jóvenes "rebledes sin causa", y a los utopistas. A ello contribuye el sabio manejo de su iconografía, porque el Che no se rebeló contra "todos los poderes" sinó sólo contra quienes osaron oponerse a él, y a sus alucinaciones, como hombre del poder que fue..

La relidad del Che no es esa imagen jovial, fresca, transparente, alegre y radiante, truncada prematuramente y por lo tanto ya eterna.

Su imagen real es justamente la opuesta: muy sombría, torva, cruel, amenazadora, repugnante, antivida, criminal e irresponsable, es decir un ser abyecto como pocos.

Pero hoy luce, como un vulgar icono punkie, en las camisetas de los satisfechos y caprichosos jóvenes de los países desarrollados.

Índice Los Progres
Inicio de ésta biografía