"Carlos"

Ilich Ramírez Sánchez nació el 12 de octubre de 1949 en Venezuela, hijo del acaudalado comunista José Altagracia Ramírez, que puso a todos sus hijos nombres del ideólogo marxista ruso Lenin (Vladimir Ilich “Lenin”), en contra de la influencia de su madre, Elba, católica conservadora y coleccionista de antigüedades.

Fue ella la que logró que fuera a estudiar a Londres, en donde llevó una vida lujosa, “burguesa”, sin preocuparse por los estudios. Esa fue la excusa que permitió a su padre enviarle a Moscú, a la Universidad “Patrice Lumumba”, donde estudian numerosos jóvenes de países del Tercer Mundo. Allí contactará con palestinos.

Sus modos aristocráticos provocan que le expulsen de la Universidad en 1970, pero son los servicios secretos soviéticos, la KGB, los que le reclutan. Su primera misión será precisamente junto a los izquierdistas palestinos del FPLP, en Jordania.

Posteriormente se le localiza en Londres, donde sigue llevando una vida fácil. Sus primeros atentados fallan, lo que será una constante en su carrera de terrorista. El 30 de mayo de 1972 ocurre la masacre del aeropuerto de Lod, en Israel, por parte de un comando del Ejército Rojo Japonés, inspirado por él en represalia por las acciones israelíes contra los grupos y objetivos palestinos. Se traslada a París bajo identidad falsa en 1973. Allí atenta contra las sedes de varios diarios con coches-bomba.

Pasa a Holanda donde organiza el trágico asalto a la embajada francesa de La Haya el 13 de septiembre de 1974, por parte de tres militantes del Ejército Rojo Japonés para liberar a uno de sus jefes detenidos.

En enero de 1975, los días 12 y 19, fracasa en el intento de atentar con tres lanzagranadas contra el avión israelí que traslada al ministro de Asuntos Exteriores, Ygal Alon, en el aeropuerto parisién de Orly, de donde escapan los siete hombres del comando a tiros, y la segunda ocasión contra un avión de turistas de Nueva York hacia Israel, tomando rehenes hacia Bagdad.

El 27 de junio asesina a tres policías de la DST y al responsable de la célula europea del FPLP, Michel Moujarbal, en una extraño hecho, en su piso. En esta operación se descubre documentación suya a nombre de Carlos Martínez Torres, así como un ejemplar de la obra “Chacal”, por lo que la prensa lo bautiza así.

Los medios crearon el mito de Carlos-el Chacal-.Aunque nace el mito del terrorista refinado, trasunto de James Bond, la realidad es que sus nervios y miedo provocan la destrucción de toda la red del FPLP en Europa. Sus éxitos, como los de otros grupos terroristas de entonces, se deben más a la inoperancia de unas fuerzas policiales que no están preparadas para hacer frente a las nuevas organizaciones. También por su soberbia y egocentrismo, reflejada en sus declaraciones a la prensa (como la publicada por el diario “Al-Watan” en 1979), así como por su papel en la coordinación de varios grupos distintos (palestinos, japoneses, alemanes…).

Ha declarado recientemente: “Mi ejército podía ir a todos los países socialistas, a diez naciones al sur del Sahara, a la mayoría de los países árabes y a cuatro asiáticos”. En una carta que ha enviado a la revista “Jeune Afrique”, nombró sucesor suyo a Osama Ben Laden en la “lucha contra el imperialismo judeo-americano”, y lo define como el “nuevo flagelo de Occidente”. Califica al Islam de “revolucionario” en un libro que ha escrito para explicar su nueva ideología.

En diciembre del mismo año ocurre el asalto a la Conferencia de la OPEP en Viena, donde el comando formado por miembros del FPLP y de la Fracción del Ejército Rojo alemán (“ banda Baader-Meinhof”), secuestra a 11 ministros y huyen a Argel con un rescate.

Buscado en cinco países, se refugia en Hungría y Rumanía y reaparece en el secuestro de un avión de “Air France” que desvían a Entebbe (Uganda). En los años 1982 y 1983 atenta contra varios trenes y estaciones francesas, muriendo nueve personas, en represalia por la detención de su novia Magdalena Knopp y de su lugarteniente alemán.

Pero por entonces su actividad y la de las organizaciones terroristas decrece bajo los efectos de las deserciones y el acoso policial, y del fin del bloque soviético que les apoyaba.

Sus antiguos patronos comienzan a rechazarle. “Carlos” se transforma en un mercenario, y su principal fuente de financiación terminará siendo la extorsión a millonarios árabes. Se convirtió al Islam en 1985.

En la década de los 90 Siria le envía a Libia, y esta a Sudán, que en agosto de 1994 le entregará a las autoridades francesas. Lo acusarían de ser un vicioso, borracho, cocainómano y mujeriego. Se había convertido en un alcohólico y drogadicto que vivía con una chica jordana de 16 años, un despojo de la “guerra fría”, calvo y gordo.

Juzgado y condenado a dos cadenas perpetuas por más de 80 asesinatos en 1997, ahora está encarcelado en la prisión parisina de “La Santé”, en régimen de aislamiento, a la espera de juicio por varias de sus acciones, siendo reclamado por otros países como Austria o Libia.

Pasa los días leyendo textos legales y prensa internacional. Se casó en 2001 por el rito islámico con su actual abogada, Isabelle Coutant Peyre, compañera también de ideología, aunque aún no está divorciado de su anterior matrimonio con la palestina Laila Jarr, y es apoyado por la embajada de su país, Venezuela, contando con el favor del presidente populista Chávez.

Aparte de los atentados a los trenes franceses, sus próximos procesos pueden aclarar atentados en Israel, Gran Bretaña, Austria, Alemania, Holanda, Líbano y Japón.

Es un resto del antiguo entusiasmo por el comunismo que ha trasvasado su fidelidad al nuevo terrorismo islámico sin problemas de coherencia o conciencia, sin abjurar de su pasado como terrorista ni como refinado vividor.

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