Portada Indice

Dominio económico vasco-catalán: 300 años de opresión

La sociedad industrial en la que hoy vivimos comenzó a desarrollarse en el siglo XVIII, hace 300 años. El actual muro de represió n cultural y política, de saqueo económico, comenzó a construirse entonces; el muro del dominio de las oligarquías vasco-catalanas. Ellos han participado en todas las maniobras para impedir el bienestar, el progreso y las libertades del pueblo y de las instituciones, es decir de la nación española.

El inicio del poder de las oligarquías de esas zonas es el monopolio del comercio americano y peninsular que lograron Barcelona y Bilbao, creando y controlando las redes comerciales que cubrían las costas mediterránea y cantábrica y el centro marítimo de Cádiz, marginando al resto.

Estas ciudades participaron en el comercio naval americano desde el principio a pesar del monopolio formal que poseía la ciudad de Sevilla, y después Cádiz.

Se creó una clase mercantil que termina dominando toda la zona mediterránea, utilizando cuando le conviene el contrabando, pabellones de conveniencia o el tráfico de esclavos.

Una clase mercantil formada por banqueros, financieros y comerciantes al mayor que dominaron no sólo el tráfico comercial sino la mayor parte de la vida económica a partir del siglo XVIII. La red burocrática que tejieron los cargos locales y estatales copados por las élites terratenientes y comerciales y sus conexiones familiares, al servicio de sus propios intereses familiares y de grupo social, les dieron además el control político para enfrentarse a las medidas reformistas del Estado.

La administración de entonces se basaba en numerosos procesos de negociación con cientos de señoríos, terratenientes, ciudades forales e instituciones religiosas que ocasionaban un auténtico atasco y fragmentación administrativos. Hasta el siglo XX y a pesar de la reforma provincial del siglo XIX, los funcionarios provinciales no tuvieron ninguna autoridad.

La oligarquía barcelonesa controlaba una red comercial que tenía como cabeza Barcelona e iba desde la frontera francesa hasta Málaga y por el interior en su punto más ancho hasta Zaragoza, habiendo anulado la autonomía de Alicante, Valencia y Mataró, donde sólo se embarcaban cargas parciales de comerciantes (o de financiación) barceloneses y que no recibían los productos coloniales y la plata que iban directamente a Barcelona, que ya tenía una estructura de astilleros y servicios navieros y financiero-comerciales, o a los agentes barceloneses en Cádiz.

La red del norte, controlada por los vascos del mismo modo, iba desde Vigo a San Sebastián y hasta Valladolid, con centro en Bilbao, neutralizando a Santander y La Coruña.

La recuperación vasca frente a la posición marginal de su hierro en el mercado europeo y a las guerras carlistas proviene de su relación con el comercio lanero castellano hacia los Países Bajos, la reconstrucción de la Marina española en sus astilleros, el desvío del comercio americano de Cádiz y el abastecimiento de Madrid, es decir que su éxito se basó en su firme relación con la economía española en general y en sus prácticas monopolistas desleales.

Otra red tenía como centro Sevilla hasta Sierra Morena, pero las sucesivas ventas de tierras aumentaron excesivamente sus latifundios y desequilibraron la escala social, y durante el siglo XIX vio marginada su industria. Y la última comprendía las dos Castillas con centro en Madrid, dedicada sobre todo a la agricultura, aunque la élite bancaria era mayoritariamente norteña y la de los comerciantes al por mayor catalana.

Ya en 1524 hay agentes aragoneses y catalanes en Sevilla, puerta de América. Y por otra parte la construcción del 80% de los barcos de la ruta americana se lleva acabo en puertos del Norte.

Y en el siglo XVI, salen de los problemas financieros y la despoblación que provocaron sus guerras civiles de 1462-1472 gracias a los privilegios comerciales para las plazas africanas y Sicilia y Nápoles, concedidos por los Reyes Católicos.

A mediados del siglo XVIII comienzan los viajes directos a América de sus naves y se instalan corresponsales en los puertos americanos del mismo modo que los había en todos los puertos de las redes, para controlar la totalidad del proceso, lo que supuso un despegue económico extraordinario a costa del de otras zonas peninsulares y de la debilidad estatal.

Es entonces cuando se otorga el monopolio de la Real Compañía de Barcelona para el área del Caribe, y la Guipuzcoana para Venezuela, por orden del rey Felipe V, el primer Borbón, contra el que algunos habían combatido en Cataluña durante la guerra de Sucesión.

Las Compañías fueron la primera obra conjunta de la naciente burguesía urbana vasca y catalana formada por la élite de los negocios enriquecida con el comercio americano, y su monopolio fue la causa directa de la acumulación de capitales que permitieron la industrialización (mediocre y falta de dinamismo) durante el siglo XIX, para sustituir las importaciones agrícolas.

Fueron las presiones catalanas las que lograron la promulgación de la “Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas”, el 20 de julio de 1882 y del arancel cubano de 1891, para captar el mercado antillano en su totalidad para las industrias catalanas de bienes de consumo.

Ello fue reconocido por la Comisión de Fabricantes de Tejidos de Algodón, en 1889. Las exportaciones de tejido de algodón pasan de 458 toneladas anuales en 1867 a 3.315 toneladas anuales en el periodo de 1886-1890 y a 5.265 toneladas anuales en el de 1896-1900.

De ahí que los industriales catalanes fueran los patriotas más fanáticos, y posteriormente los primeros separatistas.

Hoy se considera que ello llevó a plantear la independencia a las oligarquías criollas en 1895.

A finales del siglo, con la pérdida de América, la repatriación final de esos capitales cimentará la industria y acentuará el desequilibrio territorial en el siglo XX; además, las redes norteñas controlarán directamente el comercio con el resto de las posesiones españolas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, a pesar de la ampliación del comercio exterior a 13 puertos españoles.

Hacia finales de la década de 1830 aparecen las fábricas algodoneras catalanas, en estrecha dependencia de los cuantiosos capitales procedentes del comercio americano con el objetivo de exportar el producto en esa ruta, así como la lana, la seda y los tintes.

El dominio económico lo tuvieron las oligarquías locales y americanas, sólo formalmente leales o abiertamente rebeldes cuando consideraban lesionados sus intereses, como fue el caso de la revuelta granadina en 1568 o la catalana de 1640. Su incompetencia y avaricia destruyeron la operatividad de la Marina, convirtieron la guerra americana en un desastre y arruinaron el comercio gaditano. Se perdió América por su culpa.

Durante el siglo XIX, fundamental en la interpretación del atraso económico español, se registró en sus inicios una moderada expansión, con un aumento en la producción de bienes y servicios junto a la de la población, pero lastrada por los costes económicos de la transición del antiguo régimen a la sociedad liberal y las secuelas de la guerra carlista, la invasión napoleónica y la emancipación colonial.

Y en el siglo XX España era un país con una economía capaz de utilizar un amplio abanico de tecnologías industriales de la época, con una agricultura en evolución constante, un proceso de urbanización en marcha, y un crecimiento sostenido de la población a pesar de tres guerras, crisis de abastecimiento y varias epidemias.

La idea de una correspondencia entre la modernización y la industrialización es característica de los autores marxistas. Pero análisis de otros, de la solvencia de E.A. Wrigley o Rostow, demuestran que los elementos de la modernización no se dan simultáneamente ni completamente y que además son producto de un lento proceso acumulativo.

La modernización no implica necesariamente la industrialización, como ilustra la obra de Roessingh sobre la Holanda del siglo XVIII o la de Deprez y de Mendels de la Bélgica valona. El caso inglés es una excepción. La conexión entre ambas parece mucho más una cuestión de feliz coincidencia que de necesidad ineludible.

cacique Cambó

La acusación de atraso es falsa y la de achacar las diferencias regionales a cuestiones caracterológicas en lugar de favoritismo es cinismo.

Fue el dominio de las élites comerciales y políticas vasco-catalanas lo que provocó el atraso económico a través de la monopolización económica y política, el desequilibrio territorial, la falta de competitividad, de inversión y productividad de su industria, su dependencia exterior, y su exigencia de un mercado subdesarrollado y protegido a partir de la pérdida de América, lo que demuestra su fracaso.

El mantenimiento de los fueros y códigos medievales, en Cataluña primero y después en Vasconia (las guerras carlistas), impidió una igualdad fiscal, económica y político-militar. Localismo motivado por el beneficio político y económico que les proporcionaba una unión a la que ellos apenas aportaban nada y exigían mucho.

Esto produjo un Estado débil, una burocracia paralizada, una crisis fiscal permanente y una soberanía estatal cuestionada. El dominio político de las oligarquías locales se transformó en caciquismo con la llegada de los partidos, comprometiendo la modernización y recuperación de España en el siglo XX.

El monopolismo interior se inició en 1897 con la constitución del Sindicato Siderúrgico Vizcaíno, que logrará copar en 1907 la Central Siderúrgica de Ventas institucional, y con la expansión de la concentrada Banca vasca, que en 1921 verá consagrado su dominio con la Ley de Ordenación Bancaria, unida al nombre del financiero catalán Cambó, y el Decreto-ley de 1926.

Con el estallido de la I Guerra Mundial en 1914 y la neutralidad española exigida por la burguesía vasca y catalana se registra una expansión económica comercial e industrial, especialmente de la siderurgia y el textil norteños, pero financiados por capitales agrarios o urbanos de las zonas agrarias del resto de España.

Esa mejoría económica permitió superávits de la balanza comercial y liquidar la deuda exterior, pero el descenso de importaciones, el alto nivel especulativo en las exportaciones y la bajada de los precios agrícolas provocan alzas de precios, inflación y desabastecimiento interior, que recaen en la mayoría de la población frente a los elevados beneficios e improvisación económica de los industriales y exportadores del norte, con una industria fragmentada y desestructurada, atenta más al beneficio inmediato que a la innovación y planificación.

Burguesía

Atentas a sus intereses, abortan en 1917 la reforma fiscal del ministro liberal Alba sobre los beneficios empresariales, provocando el estado crónico de déficit de la Hacienda, el aumento de los créditos personales y la entrada masiva de capital extranjero.

Con la llegada a las ciudades de la inmigración masiva del campo, especialmente a los grandes centros industriales, se agudiza la desigualdad territorial, la redistribución de rentas y la explotación y exigencias de las zonas privilegiadas.

La siguiente etapa, la Dictadura del general Primo de Rivera en los años 20, con su política de inversión desarrollista, proteccionista, intervencionista y monopolista, volverá a generar precios elevados y altos beneficios empresariales, pero será muy gravosa para el Estado.

Pero su tímida legislación laboral y social y las medidas fiscales movilizarán a las patronales, capitaneadas por la Federación de Industrias Nacionales (la asociación de productores de acero y electricidad vasco-catalanes) en cuanto flaquearon los beneficios y los monopolios vieron sus privilegios contestados por sectores económicos perjudicados por el proteccionismo.

Ya no propondrían una solución económica sino política, “un cambio de la relación entre España y Cataluña”, es decir el dominio directo.

Lliga

La Liga Regionalista catalana, creada en 1888, inicia entonces una ofensiva que llega hasta hoy: pretenden una descentralización pero con su liderazgo, utilizando el control político y el chantaje económico. El reaccionario y racista PNV nace en 1897 con postulados más integristas. Son reacciones a la nueva situación social y al activismo de una masa obrera identificada como doblemente peligrosa por sus raíces culturales populares y españolas.

Durante la II República de 1931, el catalanismo supuso una provocación y amenaza constantes, con su socavamiento del Estado y su deslealtad económica y política, que culminaría con la traición abierta durante la Guerra Civil, al intentar pactar con los franquistas, al igual que los nacionalistas vascos.

El franquismo y la izquierda, con sus visiones de España y la sociedad, elitistas, ideologizadas y desligadas del sentir popular, contribuirían a fortalecer con sus políticas a los nacionalismos disgregadores, especialmente desde finales de los años 60.

El franquismo promovería el localismo tradicionalista como forma de refuerzo ideológico ante la agitación de la izquierda a mediados de la década de 1960. La izquierda quedaría fascinada por la movilización nacionalista a raíz del proceso de Burgos a ETA y traicionaría sus presupuestos de clase y de Estado.

Con la llegada de la democracia formal de 1977, los nacionalismos periféricos reproducirían sus tácticas, aprovechando el poder que los partidos de ámbito nacional les han dado generosamente, la influencia político-ideológica que tienen y el recurso a la violencia o a la coacción que practican ambos.

Así llevamos 300 años: saqueados y oprimidos por los mismos que tanto gritan. Ahora pretenden continuar explotándonos sin contribuir al esfuerzo común del que siempre han sido los principales beneficiarios aportando casi nada.

Han aumentado su arrogancia y su desprecio hacia nosotros como pueblo y nación españoles y como trabajadores, producto de su ignorancia y provincianismo y de su arraigado complejo de inferioridad y envidia.

Lograron inventarse unas culturitas y unos seudo-idiomas falsamente históricos para justificar su saqueo económico y su chantaje político.

Durante estos siglos han bloqueado el progreso político, acaparado el bienestar económico y los avances sociales y provocado el atraso del que, con absoluto cinismo, nos acusan a nosotros y a las instituciones españolas.