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Historia económica de Tabarnia (siglos XVIII- XIX, breve resumen)

Los avatares de la Historia configuran grupos humanos sobre los que también dejan su impronta la sucesión de hechos económicos. La porción noreste de la Corona de Aragón, tiene una evolución singular. Irrelevante y poco poblada, hasta el S.XVII, la expansión hacia el Mediterráneo, de Aragón, ofreció posibilidades de comercio e intercambio marítimo (medio más fácil, entonces, que el tráfico terrestre) dando lugar a una cierta iniciativa económica, si bien breve, a la franja costera: Condado de Barcelona, y hasta Valencia.

La escasez alimentaria, la peste negra, produjeron una gran caída demográfica, y junto a la expansión de los turcos, se inició la decadencia del mundo mediterráneo. Cesó el crecimiento económico y aparecieron los desórdenes sociales (bandolerismo, pillajes etc..) e inestabilidad política. Por el contrario, en el Oeste, la navegación oceánica (más costosa, larga y arriesgada) hasta entonces desestimada por Aragón, ofrecía buenas oportunidades comerciales. La apertura de todos los puertos españoles al comercio con el resto del Imperio facilitó el comercio de esa región (del que nunca estuvo excluida). La incorporación a la "Carrera de Indias" inició el notable desarrollo de las zonas costeras hasta la Guerra de Sucesión, tras la cual, la racionalización del Reino de España (eliminación de fronteras interiores etc...) generó un importante salto comercial terrestre, y sobre todo marítimo.

En el S.XVIII ya se manifiesta, de forma efectiva, la diferenciación del territorio que ya podemos identificar como Tabarnia, preindustrial y socialmente evolucionado, de un territorio interior, atrasado, anquilosado e improductivo, y reaccionario frente a la modernidad. Así se entra en el S.XIX, de la gran expansión, gracias al predominio del proteccionismo arancelario (el juego del "arancel" y el "contingente"), e incluso las prohibiciones absolutas de importaciones de determinados productos. Este fue el gran impulso, y Tabarnia se destaca industrial y comercialmente: la burguesía se enriquecce y apetece, ahora, el poder para mejor ajustarlo a sus conveniencias. Confluyen, en ese momento, con las nuevas ideologías nacionalistas, con quienes, en un juego equívoco de intereses, dan lugar a un nuevo siglo de inestabilidad y dudas hasta hoy, en un interminable ir y venir de aproximaciones y amenazas centrífugas.

El hecho es que, entre tanto, Tabarnia se ha ido configurando como una entidad diferenciada de su entorno, con identidad, que la va alejando de las peligrosas tentaciones separatistas, y aspira a su reconocimiento como Comunidad Autónoma aferrada a su unión y plena integración en España.

En la Edad Moderna, un eje comercial y de desarrollo económico primordial español fue el trayecto a América, en un contexto en el que las comunicaciones e infraestructuras terrestres y la elaboración de manufacturas eran aún primarias en toda Europa. Aunque el comercio interior y por carretera no era desdeñable, el comercio extranjero es un índice de la producción y de la actividad económica general, y además es una prueba de la interdependencia de las regiones económicas dentro de España.

No obstante, a nivel nacional las exportaciones nacionales trasatlánticas representaron menos de un 1% de la Renta Nacional. Las aportaciones tabarnias fueron un 7% del total nacional.

Fue el comercio americano el que posibilitó el surgimiento de una burguesía industrial y la necesaria acumulación de capital para el desarrollo industrial, y esa es su principal e importante consecuencia.(“Comercio exterior y cambio económico en España (1792-1849)”, Leandro Prados de la Escosura, Alianza Editorial, 1982)

 

El comercio del siglo XVIII

La expansión de las embarcaciones de Indias en Cádiz, puerto de embarque de los convoyes protegidos intercontinentales, fue, tomando el periodo 1691-1700 con la pauta de 100, de 402 en el de 1761-1777.

Carrera de Indias

La relación de Tabarnia con los mercados ultramarinos, la llamada Carrera de Indias, existió desde los inicios de esta a través de las escalas de Sevilla, Cádiz y Lisboa, y desde fecha tan temprana como 1524 con toda libertad al desaparecer las restricciones sobre los súbditos de la Corona aragonesa, aunque el desarrollo pleno será a partir de 1742.

El puerto de salida de este comercio será Cádiz desde la segunda década del siglo XVIII al estar Sevilla en decadencia como puerto de embarque, y habiendo sido Gibraltar un puerto provisional para el comercio tabarnio durante la Guerra de Secesión al cerrarse Cádiz a los territorios implicados con el archiduque Carlos de Austria.

En 1740 los comerciantes tabarnios no sólo disponen de corresponsales en los principales puertos mediterráneos hasta Cádiz sino que se preparan para los primeros envíos de productos propios con naves de su propiedad en 1749.

En los comerciantes matriculados en Cádiz de 1744 a 1756 hay un 84% de tabarnios frente a un 16% de gerundenses.

Los centros tabarnios de este comercio marítimo son:

Barcelona

Desde la Guerra de Secesión se convierte en el principal centro económico tabarnio con capacidad de exportación de capitales. Las grandes compañías de la capital en el siglo XVIII tienen como principal objeto de su labor el tráfico americano y sólo como actividades secundarias los seguros, arriendos, préstamos, industria textil y construcción naval. Barcelona dispone de astilleros e instalaciones portuarias, servicios navales, instalaciones comerciales y bancarias, y centros de almacenamiento y distribución.(“España, 1700-1900: el mito del fracaso”, David R. Ringrose, Editorial Alianza Universidad, 1996)

Mataró

plaza comercial de gran importancia en auge desde finales del siglo XVII, en permanente disputa con Barcelona y centro de construcción naval junto a Arenys.

Vilafranca del Penedés

centro de la comarca, productora de aguardiente desde el siglo XVI con puertos de salida en Sitges y Vilanova, este también productor junto con Mataró.

Salou

puerto de salida de las mercancías de Reus y comarca hacia Lisboa, que perderá esta condición al prohibir en 1717 el gobierno portugués la entrada de vino y aguardiente españoles, y responder el gobierno español con el veto al cacao y azúcar de Portugal y sus colonias. Junto a esto, la Real Orden del 8 de septiembre de 1722 aseguraba a Cádiz el monopolio del abastecimiento de azúcar y cacao siendo excluidos todos los extranjeros, aunque subsistió un pequeño contrabando.

Arenys y Canet

puertos al servicio de las compañías barcelonesas.

Reus

principal centro productor de aguardiente, que será el artículo de exportación más importante.

 

Indianas

La preponderancia del aguardiente en la exportación tabarnia surge de la escasa calidad de los vinos tarraconenses, la capacidad competitiva de los destilados, su mejor conservación en el transporte y la fuerte demanda americana y del norte de Europa de estos.

De ahí que sean los pueblos costeros, con el punto de transporte cercano, los que vean crecer las áreas de viñedos y su rápida venta.

Como productos complementarios de exportación están el vino (Tarragona), los frutos secos tarraconenses (almendras, avellanas, piñones y pasas), y en menor medida productos metálicos (clavos, martillos, planchas) de Barcelona y Manresa, y papel (La Pobla de Claramunt y Capellades) y libros (Barcelona).

Despuntando encontramos los productos textiles, especialmente la seda (con centros productores en Barcelona, Mataró, Manresa, Reus, Tortosa y Tarragona), la pañería (Barcelona) y las indianas, unos estampados de algodón, también en Barcelona.(“Cataluña en la carrera de Indias”, Carlos Martínez Shaw, Editorial Crítica, 1981)

 

Las compañías privilegiadas

Todo ello nació con la creación, por parte del primer rey Borbón, Felipe V, tan denostado por la mentira separatista, de las compañías privilegiadas, en concreto la de Barcelona, que canalizó el esfuerzo comercial en una única empresa colectiva oligopólica que controló todo el comercio del litoral mediterráneo, como la Guipuzcoana de Caracas lo hizo con el cantábrico, mientras Madrid copaba el centro-sur de España.

Compañia de Comercio de Barcelona

La Compañía de Comercio de Barcelona tuvo, desde 1765 hasta su disolución en 1785, en régimen de monopolio el comercio con Puerto Rico, Santo Domingo, Margarita, Guatemala, Honduras, norte de Venezuela y parcialmente con La Habana.

Como principal consecuencia posibilitó el desarrollo de la industria textil que sería la base del desarrollo industrial tabarnio en el siguiente siglo y creó las condiciones para la implantación del libre comercio. Tras la pérdida de los últimos territorios de ultramar (de los que los tabarnios fueron los principales defensores) a finales del siglo XIX ciertos sectores burgueses e intelectuales inútiles y resentidos empezarían a inventar y cultivar el nacionalismo regional separatista.

Vapor Ricart

Las otras compañías privilegiadas fueron: la Compañía Guipuzcoana de Caracas para el monopolio de Venezuela, la de Galicia o Campeche, la de Honduras (estas dos sin actividad), la de Sevilla y la de La Habana para el monopolio del tabaco cubano, en claro seguimiento del ejemplo dado por las compañías privadas holandesas, inglesas y francesas.

Cuando surgen estas compañías ya existe un sistema comercial de intercambios a pequeña escala entre Tabarnia (con relaciones con Zaragoza, aunque esta zona tuvo un desarrollo autónomo y una economía dual), el Levante, Baleares y Sicilia, que llega hasta Cádiz, con plazas fuertes en Málaga (donde mercancías extranjeras podían ser reetiquetadas como nacionales), Alicante y Cartagena.

Ni la Compañía de Comercio de Barcelona ni la Guipuzcoana de Caracas fueron rivales del monopolio gaditano sino más bien complementos integrados que finalizaron con las reformas del sistema en 1778 (la ampliación del comercio trasatlántico a 13 puertos españoles) y la pérdida de la mitad de sus barcos en las guerras de independencia americanas.

Estas compañías afianzaron las redes comerciales y clientelares durante la segunda mitad del siglo XVIII. En 1800 la red cantábrica de la Compañía Guipuzcoana de Caracas había copado parte de la élite financiera de la capital y de las relaciones entre Cádiz y Madrid, compuestas por miembros originarios de Vasconia, Cantabria y la Rioja. En la mediterránea eran mayoritarios los originarios de Tabarnia y el Levante, seguidos por los extranjeros. Mientras que las élites gaditanas seguían siendo en buena parte locales o de Sevilla (que comprendía las actuales provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz).

Frente a la cuestionable utilización e invención de datos de ciertos historiadores económicos catalanófilos, las actuales investigaciones aquí plasmadas muestran que la pérdida de las provincias americanas no supuso tanto como dicen si se eliminan las distorsiones del ciclo de inflación y deflación europeas desde los años 80 del siglo XVIII hasta los 30 del XIX.

Ni la industrialización española fue un atraso ni un fracaso, por el contrario encontró vías y medios propios, teniendo además en cuenta que la inversión industrial no era la única alternativa comercial atractiva ni la única forma de desarrollo económico capitalista.

Puerto de BCN 1856

El establecimiento de un mercado interior protegido por aranceles fue el principal sostén del desarrollo industrial capitalista tabarnio y vasco en el siglo XIX, con una red comercial integrada ya desarrollada desde dos siglos antes.

El crecimiento industrial tabarnio se da a partir de 1830 teniendo su punto álgido en 1865, centrado en la actividad portuaria, el crecimiento de la población, el algodón, la lana, las sedas, el cuero, los zapatos, los productos químicos y el alcohol

 

El mito de la crisis colonial

El impacto económico de la crisis colonial equivalió como máximo a un 3,9% de la Renta Nacional española, de lo cual un 1,9% corresponde a las remesas reales e ingresos aduaneros, muy importantes, con lo que la repercusión en la economía básica fue aún menor, y si descontamos la capacidad de los exportadores para desplazar productos y servicios a otros mercados, la cifra se queda en un máximo de un 2% de la Renta Nacional.

Aún así, las exportaciones españolas para la etapa 1814-1819 crecieron hasta un 97% con respecto al promedio de la etapa 1784-1796, y para la de 1835-1840 eran ya un tercio más elevadas.

Por lo tanto las conclusiones son que la crisis provocada por la pérdida de los territorios de ultramar y las guerras napoleónicas fue tanto española como europea, y que las exportaciones no sufrieron tanto como se ha afirmado en otras épocas, y se recuperaron rápidamente y expandieron.

Ciertamente los bloqueos de 1797-1801 y 1805-1808 impidieron el comercio trasatlántico pero fortalecieron la posición tabarnia en los mercados interiores así como en el comercio corsario.

Cuando, después de la Guerra de Independencia las expediciones no dieron los resultados esperados, se recurrió al contrabando hacia La Habana y el Caribe.

La pérdida definitiva de los territorios americanos en 1898 no hizo sino acentuar la disminución de la relevancia de los puertos tabarnios en el sistema regional mediterráneo creado por el Pacto de Familia borbónico y que unió Marsella, Italia y Cádiz con estos puertos, y que ya en 1800 había comenzado a perder importancia.

Pero no perdieron tráfico ni se desaceleró el crecimiento económico debido al alza de precios de materias primas del periodo 1780-1880 en Europa que provocaron de hecho ese crecimiento de las exportaciones españolas y el aumento de la inversión en ellas, especialmente agricultura y minería, estableciendo sólidas relaciones con la producción minera de Málaga y Murcia, con los cítricos valencianos y el grano aragonés.

Es así como Tabarnia se distanció considerablemente de la zona circundante y se dio un trasvase de población tanto inmigrante como emigrante (por ejemplo hacia Murcia) que la transformaron y diferenciaron de ese territorio, integrándose completamente en el sistema económico español y cohesionándose como zona comercial en su seno.

 

El desarrollo industrial del siglo XIX

Fue el rabioso egoísmo proteccionista de estos industriales burgueses, ya contaminados de nacionalismo separatista, y poco amigos de renovaciones, los que provocaron que el precio de sus productos supusiera hasta el 400% de los importados, y que causaron la ruina de otras regiones desarrolladas entonces como Galicia, con más población, agricultura autosuficiente y una industria popular, con minería, ganadería, comercio portuario…

Los diversos aranceles afianzarán esta posición, especialmente el de Cánovas del Castillo de 1892. La situación de la protección arancelaria se prolongará prácticamente hasta el plan de estabilización de 1959.

Los aranceles propiciaron el despegue industrial

Sin embargo, nada perderá la economía catalana ni la tabarnia con el fin del proteccionismo y la implantación de medidas netamente capitalistas. La economía regional seguirá representando, incluso hoy, un 18% de la nacional y no más. Es Tabarnia la que concentra el 87% del PIB regional, creciendo en población y soportando el peso muerto de las masas separatistas subvencionadas, los intelectuales orgánicos y los burócratas autonómicos y municipales improductivos.

Quienes pierden son los burgueses ladrones, con fuertes ligazones con la casta política regional, que basan su prosperidad económica en las prebendas y privilegios, el funcionariado a ellos ligado y los puestos de cariz político, como el profesorado y los sectores de la clase media-baja de escasa competitividad. Los mismos que hoy promueven el separatismo.