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ONGs: el negocio de la “solidaridad” (II)

Hasta no hace mucho, afirmar que las ONGs eran venales, un negocio, un montaje de aprovechados y niños ricos ociosos, una estructura de poder ilegítima, y de hecho unos nuevos colonialistas, habría sido descalificado de mala manera.

Las ONGs han disfrutado de una auténtica patente de corso por parte de los medios de comunicación y de los Estados, quizá por aparentar ser el símbolo de una falsa e innecesaria “mala conciencia” de los países del "Primer Mundo". Hoy la prensa ya informa de todo tipo de actividades ilegales, comerciales y delictivas por parte de ellas: venta de automóviles de lujo, financiación de las redes terroristas islámicas, fiestas de leyenda en medio de la miseria, casas de lujo, venta de niños en adopción, contrabando, ajustes de cuentas internos, acoso, estafas, prostitución... Sólo en el caso de las ONGs norteamericanas y sólo en un periodo de siete años, más de un centenar de ellas han estado implicadas en actividades criminales.

Existen 60.000 organizaciones registradas en todo el mundo, pero sólo un 10 % (¡!) de la inversión en cooperación al desarrollo llega realmente a la población del Tercer Mundo.

Las ONGs empezaron a proliferar a finales de los 80 y su auge se dio en la década de los 90, con el esnobismo de la “postmodernidad”. Hoy son enormes estructuras empresariales del peor capitalismo salvaje, protegido además por el voluntarismo que genera lo “políticamente correcto”, implantado a fuego en la población a través de las instituciones oficiales, los partidos desorientados y los manipuladores medios de comunicación.

Como toda estructura con intereses, están más preocupadas por sobrevivir y reproducirse que en conseguir sus fines aparentes. ( Algunos niños “apadrinados” siguen viviendo en una miseria extrema, enfermos, y sólo han recibido un par de libretas en varios años de ayuda oenegera, pero en cambio suelen editar revistas propagandísticas que tratan de los proyectos en curso:"desarrollo", "ecología", "defensa de los derechos de la mujer" etc....También en esta modalidad de captación de recursos, según nuestros datos, la competencia es feroz. La fórmula "apadrine un niño", como señuelo para captar donaciones permanentes, y no donaciones esporádicas, ha sido novedosa y muy efectiva, pues llama directamente a la vehemencia voluntarista del potencial donante de querer ser útil, y a la vez, a sus buenos sentimientos; debe tenerse en cuenta que la "asignación" de un niño al donante es simbólica, pues obviamente las donaciones no se dirigen a un niño concreto sinó a los "proyectos" de la ong, la ficción es sostenida mediante fotografías de niños, dibujitos y alguna carta no redactada por el supuesto niño, pero que ayuda a mantener la ilusión de "apadrinamiento". Como idea de marketing ha resultado perfecta).

El director de MSF (Médicos Sin Fronteras) en España, Rafael Vilasanjuan, afirma que existe un desequilibrio entre las necesidades de las poblaciones del Tercer Mundo y la aportación de las ONGs, y explica lo escandalizada que quedó su organización, Premio Nobel de la Paz de 1999 y una de las más profesionales, cuando vio el desastre organizado en la zona de Sri Lanka afectada por el maremoto por culpa de las 18 unidades médicas oenegeras operantes en el sector. Hasta tal punto que decidió no aceptar más donaciones, que se dispararon en todo el campo ONG con motivo de esta catástrofe natural. Y con ello la competencia feroz por atraer la atención de la cobertura mediática.

Y es el mismo caso en Camboya, Afganistán o Indonesia.

El afán por alejar de ese inmenso pastel a las organizaciones religiosas, que hasta hace pocos años prácticamente monopolizaban el sector y actuaban con eficacia, tiene mucho que ver con la irrupción del creciente movimiento laicista de la izquierda, auténtica panacea de la política occidental.

De ahí que la mayor parte de las peticiones que reciben las Administraciones públicas por parte de las ONGs sean para la "profesionalización de sus miembros". Desean convertirse en verdaderos funcionarios, pero fuera de control, y de hecho las ONGs son gubernamentales puesto que viven exclusivamente de las subvenciones estatales (excepto las más grandes, como Cruz Roja, Intermon o Cáritas, que se nutren también de las cuotas de sus miles de socios o de las colectas públicas).

Según un estudio de la Universidad John Hopkins realizado en 22 países dedujo que emplean a 19 millones de asalariados en todo el mundo. Mucho burócrata para ser organizaciones “desinteresadas” y “neutrales”.

Apenas hay datos fiables sobre el destino de tanto dinero.

Muchas de ellas invierten más en publicidad que en proyectos, aliándose además con multinacionales o cadenas de TV. Se sugiere que los consumidores están dispuestos aceptar el encarecimiento de los productos, y la cantidad idónea a pagar en concepto de sobreprecio por un producto o servicio que apoye un proyecto social se sitúa entre un 5% y un 10%, al tiempo que se denuncia a aquellas empresas que se niegan a "colaborar" mediante propaganda negativa (tal como los informales premios a la "irresponsabilidad social", etc ... ) como método de presión. A su vez, las empresas que "cooperan" rentabilizan esta colaboración mejorando su imagen y "lavando" su conciencia ante prácticas y complicidades no confesables que simultanean en otros ámbitos.

El mercado de la solidaridad es como cualquier otro: o es rentable o no subsiste. El medio es el fin.

Mucho esnobismo, altivez, soberbia, manipulación, sectarismo e intolerancia, y mucha complicidad con radicales de tipo terrorista o nacionalista, influencia, dinero y poder.

Organizaciones indígenas y de izquierda heterodoxa han denunciado además su labor de división de la población local con intenciones políticas o económicas y la creación de una nueva burocracia indígena internacional con intereses propios. Los consideran apéndices de multinacionales, instituciones, partidos y políticas ajenas a los intereses reales e inmediatos de la población local más desfavorecida.

Lo cierto es que el crecimiento de las ONGs coincide con el aumento cuantitativo y cualitativo de la pobreza y la esclavitud infantil en todas partes.

Datos como estos se publican frecuentemente con la finalidad de demostrar cómo con un esfuerzo tan pequeño se puede resolver mucho. Pero algo huele mal. Si el presupuesto global de las ong en España alcanza 2000 millones de euros (año 2006), recopilando los datos retrospectivos desde 1945 (y reduciéndolos a valor constante para tener en cuenta la depreciación de la moneda por la inflacción) y extendiéndolos a toda Europa solamente...bastan simples divisiones para pensar muy a "groso modo", y dejando de lado otros aspectos, que el problema de extrema pobreza y hambre en África no existiría. ¿Dónde ha ido tanto dinero durante tantos años?

Aunque se afirme que más del 80% de la población "cree" en la eficacia y utilidad de estas organizaciones, parece que este prestigio se va empañando a medida que la información se va abriendo paso en medio de una espesura de opacidad , silencio y encubrimiento en cuanto a su gestión, así como la evidencia de que una buena parte de ellas nada tienen que ver con la tarea humanitaria de paliar la pobreza y el subdesarrollo en el mundo.

Las críticas afloran por todos lados:

"... Para ello es fundamental que las ONGs sean dependientes cultural y económicamente. El papel que les asigna el imperialismo: la despolitización, la movilización puntual y rendirse totalmente a una estrategia de ayudas generadoras de dependencia mediante la palabra - cooperación - como forma de integrar. Su lenguaje está diseñado para generar simpatía popular y fortalecer la política de mantequilla, no-conflictiva, generando la ilusión de que un puñetazo es una caricia. Sus proyectos parecen buenas obras, pero en realidad están bloqueando una lucha con protagonismo nacional... son subcontratados de los gobiernos y colaboran en su estrategia política. En las zonas donde las ONGs son fuertes no hay movimientos populares de relevancia. Forman parte de un nuevo colonialismo”. James Petras.

... Cuando llegué era un joven idealista, que siempre había estado en el mundo de las ONGs y que quería ayudar a los necesitados. Mi experiencia con la ONG fue muy mala: el director general y el presidente de la Junta Directiva se robaban más del 90 % del dinero y tenían colocados a varios miembros de su familia, que no hacían nada pero cobraban. Después me enteré que el presupuesto de mi proyecto era de 10 millones de pesetas y que casi todo se lo robaban. De vez en cuando, hacían una fiesta con las comunidades pobres, regalaban pupusas (un platillo barato de aquí), sacaban unas cuantas fotos y las enviaban a Suecia, donde los donantes quedaban satisfechos”.

“El Gobierno argentino ha anunciado que un grupo de ONGs será convocado para poner en marcha una reforma político-electoral que podría derivar nada menos que en una reforma constitucional. Luego aclaró, como quien concede una gracia: los partidos políticos también van a ser convocados en un momento determinado.

Asistimos, en los últimos años, a la potenciación de un conjunto de ONG que, al amparo del desprestigio de la política, se apropian de facultades que son prerrogativa del Estado y para cuyo ejercicio éste dispone de las herramientas necesarias. Se ha instalado, por ejemplo, la idea de quien se candidatea a algún cargo tiene la obligación de presentar su declaración jurada, no a un organismo oficial, sino a una ONG a la que ninguna ley concedió tales facultades.

Algo análogo se pretende con la supervisión del funcionamiento de privatizaciones y concesiones que debería estar en manos del Ministerio de Economía, o con el monitoreo de la transparencia de los negocios públicos y privados que, en un país en serio, es función del Poder Judicial. Sin embargo, progresivamente, un puñado de ONG se ha venido autoproponiendo para la tutela del funcionamiento del régimen político argentino, de las medidas gubernamentales y, por qué no, también de la economía. Postular candidatos a la Corte Suprema, reformar la Justicia, elaborar planes de defensa, remodelar las Fuerzas Armadas, son algunas de las tareas que estos grupos se encargan a sí mismos”.

Su actuación en el desgraciado continente africano no es mejor. Según el reconocido economista kenyata, James Shikwati, la ayuda externa es un mito de nefastas consecuencias que ocultan eficazmente con lacrimosas imágenes televisivas.

Argumenta que

las enormes burocracias son financiadas a través del dinero en ayudas para el desarrollo, con lo que se promueve la corrupción y la autocomplacencia, a los africanos se les enseña a ser mendigos, no a ser independientes. Además, la ayuda de los países desarrollados debilita todos los mercados locales y socava el espíritu empresarial que tan desesperadamente necesitamos. Es tan absurdo como suena: la ayuda al desarrollo es una de las razones que explican los problemas de África. Si Occidente cancelara las transferencias, los africanos de a pie ni siquiera se darían cuenta...

...Una porción de los cereales va directamente a las manos de políticos sin escrúpulos que luego lo entregan a sus clientes políticos para impulsar su próxima campaña electoral. Otra porción del envío va a parar al mercado negro donde el grano se vende a precios extraordinariamente bajos. Los granjeros locales tienen que dejar de usar sus azadas: nadie puede competir con el programa de Alimentos de la ONU. Y precisamente porque los granjeros se hunden ante esta presión, Kenya no tendrá reservas para afrontar una futura hambruna el año próxima. Es un ciclo simple pero fatal.

En caso de que no existiera el Programa de Alimentos, los kenyatas estarían forzados a iniciar relaciones comerciales con Uganda o Tanzania y comprar allí su comida. Este tipo de comercio es vital para África. Nos forzaría a mejorar nuestras propias infraestructuras, mientras que haríamos nuestras fronteras... más permeables. Nos serviría también para fomentar leyes que favorecieran el libre mercado.

El hambre no debería ser un problema para la gran mayoría de países subsaharianos. Es más, hay una gran cantidad de recursos naturales: petróleo, oro, diamantes. África siempre ha sido representada como el continente del sufrimiento, pero la mayor parte de las cifras exageran la realidad...

El SIDA es un gran negocio, quizá uno de los mayores de África. No hay nada que pueda generar tanta ayuda al desarrollo como las impactantes cifras de seropositivos. Aquí el SIDA es una enfermedad política, y deberíamos ser bastante escépticos... Ahora se están llevando pruebas en todas partes, y se demuestra que las cifras estaban muy infladas. No hay tres millones de kenyatas infectados. De repente, sólo hay un millón. La malaria es un problema tanto o más importante, pero la gente pocas veces habla sobre ella...

Nadie en el mundo africano de los salarios bajos puede ser suficientemente eficiente en costes para competir con productos regalados. En 1997, 137.000 trabajadores estaban empleados en la industria textil de Nigeria. En 2003, esa cifra había caído a 57.000 personas. Los resultados son los mismos en todas las otras áreas donde la predominante caridad y la fragilidad africana colisionan”. James Shikwati.

Mientras tanto, el hospital que el médico español Ricardo Cortés ha levantado en la selva camerunesa de Ebomé, va a cerrar en octubre de 2006 por falta de fondos, ya que este médico ha invertido todo su capital (que gana como cirujano plástico) en él. Falta material, aunque sea de segunda mano, dinero para los sueldos de los 22 empleados y para el programa de tres becas para estudiantes locales.

Pero como no es un montaje oenegero, languidecerá hasta desaparecer, sin ayuda de instituciones ni ONGs, ocupadas en la política y la corrupción