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El montaje político de la tiranía nacionalista vasco-catalana

El principal problema político actual en nuestro país es la falta de representación política de una gran parte de la población, la oprimida por los nacionalismos y autonomismos diversos, con la colaboración de los grandes partidos políticos, preocupados por una estabilidad que los nacionalismos socavan cada vez más.

Empecemos por los partidos; el PSOE-federación catalana fue literalmente anulado cuando, en aras de la unificación socialista a partir de 1976, se disolvió en el diminuto PSC, catalanista.

Este puso los líderes e intelectualillos y el PSOE los militantes y votantes. El resultado es un discurso nacionalista y una permanente ambigüedad política hoy encarnada en Pascual Maragall, en el fondo un nacionalista encubierto (cada vez menos) que va de “razonable”.

Con IU el caso es peor, porque esos intelectuales han tenido, desde el principio de la Transición política, el control del partido, que desde siempre ha hecho bandera del nacionalismo.

Y muerto el comunismo y sus polémicas, es lo único que les queda, el nacionalismo, ahora sin la excusa de la táctica leninista de infiltrarse en los “movimientos populares”, porque los infiltrados han sido ellos, desde el principio.

El caso comunista es el del cazador cazado.

UCD ya era, como solución de compromiso entre múltiples y escuálidos grupos de profesionales con ansias de poder, un vivero de conchabeo de élites e intereses. El PP local lo ha heredado. Y es cierto que la situación sangrienta que hay en Vasconia da a estos partidos, como el PP y algunos sectores del PSOE, una imagen más de resistentes que de actores en el sistema político, pero el carácter interno de los partidos es este.

CCOO y UGT heredaron las respectivas situaciones de sus partidos-madre, el PCE y el PSOE. CCOO adoptó muy pronto las consignas nacionalistas y UGT ha tardado algo más.

Actualmente los dirigentes de ambos sindicatos en las regiones catalana y vasca están más atentos a someterse y colaborar con las directrices nacionalistas que a defender derechos de los trabajadores, lo que ni siquiera hacen en el plano sindical.

Especialmente grave es el caso de los sindicatos de enseñanza, vivero de nacionalistas radicales desde siempre, sabedores de la frase de Adolfo Hitler: "no os tengo a vosotros, pero sí a vuestros hijos". El control de la enseñanza con los traspasos que hizo el PSOE a comunidades autónomas, ha agravado enormemente el problema, porque de las escuelas salen sus militantes y jóvenes radicales.

Existe además un proyecto de creación de un partido radical nacionalista que toma como modelo a la HB vasca. El proyecto lo configuran pequeños sindicatos nacionalistas y de extrema izquierda que están gestando una “Batasuna estatal” que tenga una “mayoría social” para apoyar en un momento dado la apertura de procesos soberanistas y a la que se uniría la creación de este partido radical con presencia en toda España.

Los sindicatos se denominan STE (Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza), parten de este medio y la idea proviene de Cataluña, donde ya existía el USTEC-STE. Están implantados también en Andalucía (SOC, SUAC), Galicia (ISG) y Canarias, y en sus documentos explican que no es necesario que sus afiliados conozcan el verdadero fin de la organización y que esta debe aparecer como moderada.

 

La extrema-izquierda, troskistas básicamente, está reducida a mínimos, y todas sus organizaciones, viejas o nuevas (PST, POR, POSI...) se sometieron a principios de los años 80 a las consignas nacionalistas.

Los “nuevos movimientos sociales” (ecologistas, ocupas...) están totalmente infiltrados por los nacionalistas más radicales, siguiendo la estrategia de HB, hecho muy visible en los ocupas, más atentos a poner banderas independentistas y quitar las españolas que a los problemas sociales.

La extrema derecha, lo mismo que la del resto de España y del mundo, está encerrada en el ghetto de sus nostalgias y simbologías, pero con el agravante de que ello hace que su patrioterismo de boquilla no sea capaz de centrar sus ataques en el problema real del separatismo de modo eficaz ni de analizarlo como el cáncer principal de la nación.

Como el resto de la extrema derecha europea, les preocupa más la inmigración del Tercer Mundo o la invasión de la cultura USA, temas menos sutiles y más manipulables.

No es casualidad que las actuales principales organizaciones de esta tendencia en España (MSR –Movimiento Social-Revolucionario- y AE –Alternativa Europea-) tengan su centro en Barcelona, y sus dirigentes sean catalanistas que hacen su propaganda en catalán y exalten “Europa” frente a España... curiosos “nacionales”.

Lo mismo cabe decir del CEI (Centro de Estudios Indoeuropeos), fundado por el ex-disidente de CEDADE, R. Bau, conocido por sus tesis catalanistas y que, lógicamente, no ve ningún peligro en el separatismo dominante. En sus webs y propaganda nada se dice de este tema.

Las organizaciones sociales (vecinos, culturales...) fueron prontamente infiltradas por los nacionalismos en los inicios de las movilizaciones de la Transición, y actualmente están totalmente enfeudadas al poder político, controlado por los nacionalistas, dependiendo de las subvenciones oficiales. Son un vehículo de sus reivindicaciones y campañas, como los sindicales locales.

Los medios de comunicación se dividen en leales y neutrales. Los primeros son sus cadenas de TV y radios (TV3, Com, cat-radio) y algunas secciones locales de las cadenas nacionales, muy infiltradas por personal que les es afecto.

Los neutrales son los que se permiten críticas civilizadas, ventanas de libertad sin censura, como la sección de “cartas al director” de los diarios, pero siempre dentro de los límites del “estado autonómico” y de evitar la descalificación frontal de los nacionalismos y de su permanente subversión.

¿Qué representatividad tiene el ciudadano español como tal en esas zonas (y en otras regiones que siguen sus pasos)?: ninguna.

Con leyes como la de “Normalización Lingüística” que conculca derechos fundamentales, consagrados en la Constitución, a través de redacciones e interpretaciones fraudulentas de normativas de rango menor, con apoyo de los partidos políticos "nacionales" que se doblegan al chantaje nacionalista.

Con la permanente agitación y coacción de sus juventudes radicales nazis.

Con el clima constante de acoso, reivindicación, subversión y victimismo.

Con el persistente lavado de cerebro de las campañas de propaganda y agitación en sus medios de comunicación e instituciones.

Con la estrategia de no atacar sus objetivos frontalmente, o declarar motivos distintos a sus metas políticas reales.

Con la permanente erosión y agresión a los símbolos nacionales españoles y a nuestra cultura y lengua, verdadera obsesión de ellos, que quieren “ser” porque nada son ni fueron.

En resumen: a la desmovilización y desengaño de la democracia se añade la coacción y movilización nacionalistas, con el objetivo de desnacionalizar a la población, debilitar al Estado, saquear la Hacienda y reprimir nuestra cultura e idioma.

La solución: encarar de frente el problema del cáncer de los nacionalismos (y de su ámbito: las autonomías) y, sobre todo, afrontar la construcción de una propaganda política como tal, destinada a enraizarse y concienciar a nuestro gente de su valía como nación, cultura y pueblo, y a combatir a los nacionalismos como meta única y vital, alejándonos de querellas ideológicas propias del siglo XIX, superadas ya por la Historia.