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La estrategia del nacionalismo

“La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” (Jean Francois Revel). Si esta frase es aplicable al mundo político actual, en el nacionalismo domina no sólo sus tácticas sino su estrategia y su misma ideología. El nacionalismo es mentira.

El analista del nacionalismo Ernst Gellner ya dijo que esta ideología nunca dice lo que es. El nacionalismo ha sabido disfrazar sus más viles métodos y sus actos más represivos bajo el manto del lenguaje “políticamente correcto” del momento.

Las ideologías separatistas en España llevan medio siglo practicando diversas técnicas político-culturales para enraizarse en la sociedad y obtener poder. Por su misma naturaleza, el nacionalismo mantiene una relación totalitaria con la sociedad, enfocada a su control, mafiosa, similar a la que existía en la Alemania nazi o la Rusia stalinista.

La principal vía de expansión del nacionalismo ha sido la infiltración en partidos y movimientos sociales, copando su discurso y cargos.

Desde que, a mediados de la década de los 60, el régimen franquista toleró y potenció los grupos culturales de tipo tradicionalista-regionalista como contrapeso al arraigo de organizaciones marxistas en el ámbito universitario y juvenil, las bases culturales del nacionalismo se fueron ampliando.

Cuando muere Franco esa expansión soterrada de las mentiras culturales agazapadas tras el tradicionalismo, tan querido por el régimen, les proporciona una legitimidad en la sociedad y las fuerzas políticas emergentes en la Transición política.

Aparte de los partidos nacionalistas específicos, construidos apresuradamente puesto que no existían ni habían tenido ningún protagonismo en la escuálida resistencia antifranquista, será la izquierda la que resultará fascinada e infiltrada, desde el protagonismo etarra en el Juicio de Burgos a comienzos de la década de los 70.

Grupúsculos ínfimos de intelectuales nacionalistas, como el PSC (escindido además en dos ramas), se favorecerán de la hegemonía en el seno del socialismo del PSOE-interior de González y Guerra, financiados por el SPD, partido socialista alemán, y de su meta de unificar a todas las fuerzas socialdemócratas bajo sus siglas.

El PSUC (ahora Iniciativa por Cataluña y Verdes -¿?-) sería la rama oficial catalana del PCE (hoy IU), ya de por sí totalmente nacionalista y cabeza del catalanismo “de izquierdas” entonces.

Estos grupos se constituirían en la elite nacionalista de los partidos, basados en militantes y masas de votantes netamente izquierdistas y españoles.

Un proceso similar se daría en la zona vasca, donde en el Partido Socialista local desembocarán viejos izquierdistas y jóvenes procedentes del nacionalismo, con la distorsión de una “izquierda” nacionalista más potente: HB y ETA.

En cuanto obtuvo poder, el nacionalismo comenzó una labor callada de infiltración de su discurso en instituciones, amparados en la tolerancia democrática y en su falso “antifranquismo” (en realidad:antiespañolismo). Era la época en que la CDC pujolista se definía como socialdemócrata.

Paralelamente, los movimientos sociales surgidos en medio de la oleada de movilizaciones de 1976-79 (asociaciones vecinales, centros culturales, ecologistas...), son infiltrados por ellos. Es un proceso cuyos plenos resultados se evidenciarán tardíamente, en los años 90 sobre todo.

Las firmas de manifiestos en hechos puntuales, promovidos por las instituciones y organizaciones nacionalistas, pone de manifiesto la imbricación con ellos de este “tejido social” cancerígeno superpuesto a una sociedad amordazada y desarticulada por la “normalización” democrática y la hegemonía nacionalista.

El acoso en el seno de las instituciones es aún silencioso: Manifiesto de los 2.300, caso Gómez-Rovira, éxodo masivo de profesores, silenciamiento en los asesinatos de ETA, entrega socialista de la enseñanza a los nacionalistas (lo que provoca más nacionalismo y represión)...

Desde el 92, la espiral se acelerará, haciéndose más transparente. Los marginales en el ámbito nacionalista se reforzarán con las nuevas incorporaciones juveniles surgidas de las escuelas “nacionalizadas” y de la ruralización profunda, intrínseca del nacionalismo.

El control de la enseñanza ha resultado fundamental, como ya predijo Hitler y como no han ocultado los nacionalistas.

La infiltración en los sindicatos se ha efectuado del mismo modo, a través de los equipos directivos, que si bien no son vascos o catalanes en gran medida, se han doblegado totalmente al discurso dominante. El primero fue CCOO, cuyo nombre en la región catalana es CONC (Comisión Obrera Nacional de Cataluña), y cuya bandera es la catalana y no la roja.

UGT tardó un poco más pero es hoy una simple rama del nacionalismo disgregador. Sindicatos más minoritarios como USO o CGT (escisión nacionalista de CNT) están muy infiltrados.

Si a esto se une la transformación de los sindicatos en meras burocracias auxiliares, vislumbramos un mundo maduro para el nacionalismo. Nadie que aspire a reivindicar sus derechos culturales-lingüísticos como español encontrará eco en ellos. Para ayudar a cerrar una fábrica sí colaborarán (cobrando), o para obtener un buen puesto de agregado laboral en un consulado o embajada.

Los más radicales tienen su propio proyecto de asalto al mundo sindical. Se trata de la unión de pequeños sindicatos nacionalistas y de extrema-izquierda que forman estructuras sindicales de apariencia moderada, pero con mandos y cuadros de ideología independentista en todas las autonomías, pero sin que los afiliados lo sepan.

Estas estructuras deberían unificarse en una HB a nivel español para impulsar la desintegración de España. Ya se han establecido en muchas autonomías, partiendo del núcleo catalán del antiguo MDT (Movimiento de Defensa de la Tierra) y del “Proceso de Vinaroz”. Su base es la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de la Enseñanza.

Ya existen la Intersindical Alternativa de Cataluña, la Confederación Intersindical Gallega y la de Canarias, Aragón, Valencia y Andalucía. En esta última está integrado el histórico SOC (Sindicato de Obreros del Campo).

Por supuesto, cuentan con la presencia del sindicato nacionalista radical vasco LAB.

En cuanto a los métodos que emplea el nacionalismo, son reveladores de su carácter y de la falsedad de sus presupuestos ideológicos.

La mentira es, efectivamente, el primero. El nacionalismo miente por principio. Tal y como aprendió de su maestro, Adolph Hitler, disfraza cada fase de su estrategia con una negación de lo que hace. Así, cuando el entonces presidente Felipe González afirma que el nacionalismo es simplemente una ideología política, porque si se tratara de descentralizar el Estado ya existen para ello las diputaciones, la Generalidad se indignará, cuando esa es la verdad y su meta.

Niega asimismo su represión y fanatismo, o su racismo, así como su profundo complejo de inferioridad.

Su otra gran arma es la tergiversación, la manipulación del lenguaje. Términos como “pluralidad” o “democrático” esconden en realidad su absoluto dominio y la subordinación de los demás. Una esclavitud legalizada. El último de ellos y más peligroso es la “asimetría”, es decir, todos los derechos para ellos y ninguno para nosotros, pero sí todas las obligaciones. Una explotación constante y perfecta, que vienen realizando parcialmente desde la Edad Media, con los fueros, y después con la supremacía de las elites locales, el control del comercio con América y la exigencia de proteccionismo para sus productos. Y así hasta hoy.

El tercer elemento de su estrategia es el cinismo. Porque es cinismo acusar a los demás de hacer lo que ellos sí realmente hacen, cambiando así la situación y, con el consabido victimismo mezclado con la coacción soterrada, lograr metas y cumplir objetivos. El caso Carod-ETA es un buen ejemplo.

Otras veces utilizan movimientos o consignas en los que no creen para golpear al enemigo. Caso “ No a la guerra”, “Prestige”, la Olimpiada del 92, el ecologismo, antirracismo (la bocaza racista de Heriberto Barrera, histórico dirigente de ERC, les descubrió, pero transformaron la situación proponiendo... “inmersión lingüística” para la “integración y la multiculturalidad” -¡!-), y la apropiación de cualquier hecho o manipulación.

Pluralidad” que ellos rechazan en la práctica pero sostienen en su discurso “externo” (en el interno reina el fanatismo, los complejos y la intolerancia de tipo nazi).

Todo ello a lomos de los manejos, la apatía y la tolerancia que provoca la democracia, por ellos corrompida hasta extremos caricaturescos.

Y esto nos lleva a la perversión de la ley. Ejemplo claro es la “inmersión lingüística” y la “Ley de Normalización del Catalán” que, bajo la excusa de un tecnicismo, viola las leyes, Constitución y derechos básicos, consagrando la prohibición tácita del idioma español en escuelas, comercios y organismos oficiales. Proceso que en la zona vasca está más atrasado, aunque en la escuela ya se ha implantado el modelo “todo en vasco”.

Obviamente toda esta dinámica provoca contradicciones y oposición, hábilmente soslayadas por el chantaje al sistema y su infiltración en él a la vez. Una oposición interna-externa.

Esta doblez se manifiesta en el reparto de tareas con los sectores nacionalistas marginales (HB, PUA –hoy “Adelante”-, Comités de Jóvenes...). Es decir, la famosa frase de Arzalluz: “Unos mueven el árbol y otros recogen las nueces”. Reparto que hoy parece desplazado por el avance de ERC, el empecinamiento en sobrevivir de ETA y la total asimilación de la extrema-izquierda (y del ecologismo, ocupas...) al nacionalismo.

En el mundo económico la infiltración no ha sido menor. Es bien conocida la tradicional relación del nacionalismo político con un empresariado local disminuido que lo necesita como fuente de privilegios por su incapacidad y cobardía, y un sector de pequeños comerciantes que se vincula al conservadurismo de los partidos nacionalistas en el poder (CyU, PNV).

Pero la telaraña de intereses económicos de la que es representante el nacionalismo no se detiene ahí. La trama económica está al servicio de la causa, tal y como la industria alemana estuvo bajo los dictados de Hitler, y no al revés como lo interpretaba la teoría marxista.

El buque-insignia económico del nacionalismo catalán es la Caja de Pensiones. Esta ha reforzado extraordinariamente su grupo industrial, en una clara política de colonización de otras empresas estratégicas españolas, en su papel de “caballo de Troya” de los intereses (económicos y políticos) de los nacionalistas. Desde abril de 2004 tiene el 34,5 % de Gas Natural (compañía catalana también en expansión exterior), el 23,1 % de Aguas de Barcelona, el 12,5 % de Repsol YPF, el 5 % de Endesa y el 5,03 % de Telefónica, transformándose en rival, en lugar de socio, de otras entidades bancarias como el BBVA y el BCHA. En otros sectores posee: el 15 % del Banco de Sabadell, el 3,8 % del Deutsche Bank, el 43 % del complejo “Puerto Aventura”, el 30 % de Panrico y el 20 % de Caprabo, así como el 85,8 % de la editorial catalanista Ediciones 62, entre otros.

Si no se ha apoderado de más es por el control de las privatizaciones de las empresas públicas por parte del Estado, pero un gobierno débil podría acelerar este proceso de colonización por el chantaje de los partidos nacionalistas ... en el gobierno socialista de 2004, el ministro de Industria es el nacional-socialista Montilla, del PSC.

El PNV ya practica esta política de infiltración desde hace años. Obtuvo puestos para hombres suyos en cargos de empresas públicas como ACB, CSI, Petronor, Repsol, Babcock&Wilcox, Astilleros Españoles..., algo que sus homólogos catalanes han reclamado también, logrando que las sedes de algunas empresas públicas se instalen en Barcelona (Retevisión, REE...).

Y si la “Caja de Pensiones” es el ejemplo aplicable al nacionalismo catalán, la “Corporación de Cooperativas Mondragón” lo es al vasco.

CCM es el mayor grupo de negocias de Vasconia y el mayor grupo industrial español. Fabrica marcas como Fagor o Irizar, los supermercados Eroski y Consumer, la Caja Laboral (que jamás ha sufrido un atentado etarra) y que financia generosamente la red de escuelas nacionalistas y que reúne todas las cuentas de las organizaciones nacionalistas, varias editoriales (de obras nacionalistas) y la Universidad de Mondragón junto a una red de escuelas en vasco. Tiene más de 120 empresas distribuidas por toda España y el mundo, 1,8 billones de facturación y 60.000 empleados en su red industrial y distributiva. Todo ello sirve de apoyo a las metas del PNV y ETA.

La detención en el año 2003 del director de la Auditoria Interna de la Caja Laboral, implicado en colaboración con ETA desvela parte de este entramado.

Todos los cargos de este entramado empresarial los ocupan políticos nacionalistas, y la mayoría de los empleados en la región vasca tienen esa ideología.

En sus escuelas y Universidad se imparte férrea doctrina nacionalista, contando incluso con ONGs como Mundudike o Entreculturas (vinculada a los jesuitas) con los que se relacionan con países amigos de ETA (Venezuela) y con las estructuras vinculadas a grupos guerrilleros de las que forman parte los jesuitas de la “Teología de la Liberación”.

El nacionalismo es un entramado político, económico y social que cumple la función de unificar las demandas frustradas de individuos, grupos y sectores sociales marginales, en un proyecto totalitario y agresivo. Es el mayor peligro que nos amenaza. Movilicémonos.