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ESPAÑA, PATRIOTISMO Y NACIÓN

Edurne Uriarte

Ed. Espasa Calpe, S.A, año 2003, 295 págs.

Índice:
1 La transformación de la idea de España. 2 Pero ¿es importante la nación?. 3 Nación, nacionalismos y democracia. 4 La evanescencia de la nación española. 5 Etnia y fanatismo. 6 ETA contra España. 7 El peso del franquismo. 8 El complejo de los intelectuales. 9 La confusión de la izquierda y el miedo de la derecha. 10 La falacia del federalismo. 11 El patriotismo constitucional y la nación. 12 Otros patriotismos constitucionales. 13 La nueva España, los nuevos españoles.

El presente, e importante, ensayo se une a las escasas obras que tienen el valor de sacar al debate público la idea de la nación española, su significado y dimensiones, cuestión políticamente incorrecta, denostada y prácticamente erradicada desde la transición a la democracia. Describe con exactitud el proceso de extrañamiento como consecuencia de la ominosa adulteración y patrimonialización perpetrada en el período franquista y de las condiciones ideológicas de las fuerzas políticas que se decantaron a su salida. Los complejos inducidos por el recuerdo (contínuamente reavivado) de la dictadura tanto en la clase política como en los medios "intelectuales", explican el que la construcción del Estado de las Autonomías se realizara de espaldas a la nación española, silenciándola, y negándola (incluso con agresividad), hasta la erradicación y desaparición de sus símbolos y a su completo vaciamiento de todo contenido político, cultural y afectivo. Simultáneamente asistimos a la exaltación de los mitos de la incomunicable y radical diversidad y peculiar carácter de los "pueblos" del Estado, llegando a convencer a no despreciables capas de la población de la falta de identidad común. Si la "derecha" está atenazada por un complejo de culpa, quién más acusa la herencia del franquismo es la "izquierda", quien en su incapacidad por reconocer realidades, sigue pegada al cliché que la hace ver en todo fantasmas de nacionalistas españolistas, que abomina, mientras se abraza , y legitima, a los nacionalismos integrales, estos sí reales, de un radicalismo y etnicismo retrógrado y vergonzoso, que no dudan en sustentarse, y sustentar, directa o subrepticiamente, la violencia terrorista como instrumento político legítimo. La transición que en algunos aspectos pudo parecer ejemplar (resultado debido en parte al buen nivel de desarrollo económico del país), no resolvió el problema nacional. Más bien lo agravó al ceder ante las concepciones étnicas, sobrevalorando las identidades regionales exclusivas, lo que ha dado a los nacionalismos un poder tal que condiciona totalmente la vida de la nación hasta el extremo de que los símbolos nacionales se consideran agresivos a los nacionalismos, llegando a ser éstos el único valor a preservar. Tanto la "izquierda" como los "intelectuales" han renegado de la nación política como lugar común de la sociedad y la han sustituido por el totalitarismo de las comunidades étnicas profundamente homogeneizadas. Los "intelectuales" alejándose de la racionalidad que cabría suponerles han adoptado la moda de la pose "progre" y se adhieren a la irracionalidad de la ideología nacionalista, el pensamiento único obligatorio, para no ser descalificados, incapaces de reconocer los cambios habidos y de disentir de las consignas de orden. No lideran nuevas corrientes o ideas, son simplemente epígonos del discurso nacionalista dominante e incapaces de poner al día el suyo no pueden reconocer, al igual que los partidos de "izquierda", que es imposible satisfacer las contínuas exigencias nacionalistas. Liquidadas las ideologías, el nuevo tema de movilización, para la izquierda, es la reivindicación de la diferencia y el etnicismo (redivivo en Europa y son los nacionalismos quienes vehiculan ese "nuevo" discurso) al tiempo que manifiestan su rechazo frontal a cualquier idea de nación española y de pueblo español. El franquismo hace tiempo que ha desaparecido de la sociedad española y carece de toda influencia, paradójicamente donde permanece intacto es justamente en los medios autodenominados "progresistas" y en los nacionalismos quienes, si bien gozaron de un aura progresista durante el franquismo, fundamentalmente por su mezcla con el resto de la oposición, y la consiguiente confusión que aún se arrastra, su radicalidad (incluso la de los "moderados") y la evidencia del totalitarismo de esa ideología hace que, según la autora, haya empezado a cambiar la opinión sobre ellos como factores de estabilidad, de progreso y de libertad, situándolos en su justo lugar. Al propio tiempo renace una nueva idea de España percibida como sociedad civil y símbolo de progreso y libertad. Emerge un nuevo tipo de patriotismo civil, laico, basado en las normas politicas básicas, en la nación de ciudadanos (no en las etnias ni en las culturas o historias exclusivas) y en la superación de los complejos del pasado.