Un día en Barcelona

Me levanto por la mañana. Ni pensar en poner la radio a según qué hora. Todas las emisoras están obligadas ¡por ley! a emitir la mitad de su programación en catalán. Incluso hay cuotas de música en ese... lenguaje.

Pero no existe obligación alguna de horas en español. Hay radios totalmente en catalán, pero no puede haber ninguna totalmente en español.

El idioma no sólo condiciona la expresión sino los temas, su enfoque, su intencionalidad, y la de sus comunicadores. Hablar catalán es ser catalanista. Es un dialecto generado por el nacionalismo, un acto político de fanatismo.

Y esto ocurre en todos los ámbitos donde dominan ellos. Su radio, como su televisión, es pura basura con motivaciones políticas.

Salgo a la calle. Las placas de las calles y las señales de tráfico están en catalán. Ya no me acuerdo desde cuando… principios de los años 80. Entonces aún tardaríamos una década en percatarnos de la conquista absoluta de la sociedad a la que aspira el nacionalismo. Creíamos que su fanatismo sólo les afectaría a ellos y a los suyos.

La última medida para forzar a la gente es la de los rótulos. Reglamentan hasta el % de su espacio que ha de estar en catalán. Pero no hay obligación de poner ningún trozo en español. Asimetría lo llaman, pero es desigualdad y represión legalizada.

Pasa un coche con el adhesivo de un burro pegado detrás. Es el “burro catalán”, algo parecido a la “gallina vasca”. Antes probaron con otros símbolos (un gato –cat en inglés-, copito…). La obsesión de esta gentuza por “ser” algo es penosa. Quiere decir que no son realmente nada. Nosotros tenemos el toro (lo que les enfurece). Cada uno lo que es.

Entro en el bar. Conversaciones banales, nadie toca el tema principal, todos lo saben… como en la Alemania nazi. Cojo el periódico: multa a Correos por no tener información en catalán. Mentira. Hasta los empleados lo hablan, sino no entran.

Los renegados y colaboracionistas terminan por hablarlo hasta con quienes no lo hacen, con lo que se convierten en los más fanáticos. Hay dos usos del idioma: el personal y el social. El primero suele ser adaptativo, pero el segundo es impositivo. Y en el caso de los renegados, ya es sabido que el peor fanático es el converso.

He presenciado una pelea callejera donde un andaluz, para quedar por encima de su rival, le chillaba las cuatro palabras que sabía en catalán chapurreado en un fuerte acento de su tierra. Es un arma coactiva, omnipresente, como lo fue el antisemitismo en el nazismo.Y así tanto trabajadores como gente de corbata, español-hablantes, venidos de otras regiones, habitualmente menores de 40 años, que utilizan el catalán en su trato comercial, como medio de elevarse socialmente, de compensar sus frustraciones sociales o personales, falta de educación, clase social…

El resto de españoles que ataca a esta gente cuando van de vacaciones a sus pueblos de origen, por su arrogancia, tienen toda la razón. Son un legítimo objetivo. Son despreciables, gente que venden lo que son y a su familia. Colaboracionistas sin necesidad.

Otras noticias: las provocaciones de Ibarreche, las matrículas con las banderitas autonómicas, la representación de esta mierda en la UE… todas las iniciativas catalanistas las está adoptando este sospechoso gobierno socialista surgido de la sangre del 11-M.

Veo el anuncio de clausura del desastroso Fórum (otra pantalla del nacionalismo), ilustrativo de sus tácticas y mezquindad. Se trata de la imagen de un chico visto desde atrás que lleva una camiseta con la leyenda “campo de la paz” en varios idiomas, el primero y más grande en catalán, el último el español “casualmente” tapado por la mano del que le abraza.

Ya hubo una protesta al principio porque en los petos de los informadores había frases en catalán, ruso, chino, inglés… pero no en español. Su rabia y su envidia.

Recuerdo una entrevista a Pilar Miró en un periódico local. Era apabullante el acoso tendencioso al que le sometió el periodista. No se dan cuenta, es lo que son.

Ojeo el “20 minutos” y el “Metro”, gratuitos, que son una mezcla espantosa de artículos en los dos idiomas, tendenciosos a pesar de lo escueto, y con un apreciable aumento del catalán. Su táctica es siempre meterlo en todos los sitios.

Entro en el trabajo. Los carteles, las frases en los monos, las oficinas, están en catalán sólo. Hasta la década del 2000 no había entrado en las empresas, pero con la última “Ley de Normalización ¿? Lingüística” ha arrasado.

Al salir voy a un centro comercial. Los grandes centros e hipers aún utilizan el español, pero en la propaganda estática ya han entrado en el monolingüismo. Entre los más entusiastas están El Corte Inglés, Alcampo y, por supuesto, el vasquista Eroski, que marca sus productos en cuatro “idiomas peninsulares”. Otras cadenas como el Media Market, de material electrónico e informático, tienen toda su información y propaganda en catalán. ¡BOICOTEADLOS!. El Corte Inglés tiene carteles con una cara en catalán y la otra en español, pero la que se ve es la de “ellos”. La información de planta, frente a las escaleras mecánicas, es de fondo verde oscuro, con las letras amarillas en catalán, bien contrastadas… y de color verde claro, poco visibles, las de español. En los enormes carteles de ofertas del exterior del edificio ya sólo los ponen en catalán.

Los pequeños supers son de capital y obediencia catalanista. Así reventaran a todos. Pero el dinero es el dinero. Muchas cajeras son españolas o sudamericanas. Para subir en la empresa, o te rindes a ellas (idioma e ideología), o lo finges, o te quedas marginado. Y siempre esa sensación de soledad.

Paso delante de un Banco. La mayoría se están catalanizando, eliminando el bilingüismo de su publicidad.

Pasa una ambulancia. Los letreros sólo en catalán. A la Cruz Roja le han traducido la “cruz” pero no el color, muy distinto en catalán. Ridículo. Transito por la avenida que lleva el nombre del Rey. ¡El apellido lo han catalanizado, en contra de sus propias normas!.

Me acerco a un local de comida rápida. Ha sido este año de 2004 que Pans&Company se ha pasado a la catalanización absoluta. MacDonalds lo había hecho hace unos años.

Voy al quiosco. Cada vez más publicaciones en catalán, hipersubvencionadas, revistas de viajes, dos diarios. Otras están en español, pero se nota que están publicadas aquí, porque siempre meten algo local como si tuviera un interés y un nivel que no posee.

Tras los avisos de los escamots ( las neo-SA), las adhesiones a la única lengua propia son espontáneas. Ahora voy al mercado municipal. Casi todas las paradas tienen rótulos e información en catalán sólo. Hay también una larga bandera catalana en un lateral. ¿?.

De regreso a casa, paso por delante de un estanco (concesión estatal), en catalán casi todos. Veo los sempiternos carteles municipales en los postes, que anuncian alguna exposición o evento cultural. En catalán, claro. Porque han copado el ámbito museístico y teatral, y hacen incursiones en el cine. Con la excusa “cultural” esta gentuza aparecen como sofisticados (¡ !) simplemente por hablar un idiomilla falso y palurdo.

Como los “superhombres” arios de Hitler, y como ellos, con sus complejos a cuestas.

Entro en la panadería. En estos establecimientos, como en las panaderías, está todo catalanizado, ya que la mayoría de sus agremiados son catalanistas. Hay un “pastel del 11 de septiembre”, “día nacional” catalán, pero no uno del 12 de octubre. Comercios como el Corte Inglés cierran el 11 de septiembre pero no el 12 de octubre. Y no lo hacen por obligación.

Al volver al barrio descubro que empiezan las fiestas. Veo un pasacalles: niños de colegios públicos, utilizados de claque, con banderitas… catalanas. Tenderetes de sus partidos políticos, más banderas. Otros de libros, más banderas.

Llego a casa. Abro las cartas del buzón. Las facturas de las empresas públicas están en catalán. Para que te las manden en español lo has de solicitar a la compañía del servicio. Las grandes marcas sólo publicitan en catalán, obra de la última “Ley de Normalización Lingüística”: gimnasios DIR, Pizza-Hut, Tele-Pizza, Viajes El Corte Inglés… Carta de una ONG; “Manos Unidas”, sólo en catalán. Pues que le ayuden ellos.

Repaso los deberes con mi hijo. Todos los libros en catalán. Hace unos pocos años aún se podía escoger el idioma “vehicular”, ya no, como también están haciendo en Vasconia y Galicia. Los esclavos se unen al amo en lugar de rebelarse.

Y con unos contenidos enormemente tendenciosos. En unas editoriales más que en otras, y según el colegio. En algunos la asignatura de español se da en catalán. Miles de profesores se han exiliado en 20 años. Las horas de español son inferiores a las de inglés, a veces los aprobados son automáticos, una situación que, ¿quería? remediar el PP.

En las guarderías las canciones son sólo catalanas, no vayan a “contaminarse”. Somos su obsesión.

Pongo la tele. La de ellos es un verdadero bombardeo de catalanismo autoexaltante permanente. Traducen hasta los anuncios y alguna película española. Constantes burlas y parodias de cualquier cosa o personaje español. Los suyos carecen de interés y son presentados de color de rosa. Más odio y envidia. Antena-3 tiene desconexiones regionales en los anuncios. La 1 y la 2 están en manos de los socialistas aliados al tripartito independentista de Carod-Maragall. Ha bajado la audiencia en picado. Y Tele-5 lanza constantes andanadas a favor de ellos. Y es que programas y series están copados por guionistas y actores nacionalistas catalanes, desde “Cronicas Marcianas” hasta “7 vidas”. Hasta se descubren los anuncios que están hechos en Barcelona por las agencias locales, debido al acento de los figurantes. Es una infiltración subliminal permanente. La labor de Mercedes Milá, con sus constantes guiños y frases catalanas desde “Gran Hermano” es de una manipulación espectacular.

Se acaba el día, la pesadilla nazi continúa. Y alcanza a todos los españoles a través del robo económico y el chantaje político. Quienes nos impiden progresar son y han sido siempre ellos.

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