La Invasión de los Ladrones de Cuerpos

Cartel de anuncio

Director

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Actores

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Año: 1956 (blanco y negro). Está basada en una novela de Jack Finney

La interpretación más tópica del argumento es que refleja la histeria anticomunista de la época del macarthysmo en los EEUU. Creemos que hay que ir más allá.

No es tampoco, a pesar de su cartel promocional, la usual película de marcianos invasores que lo achicharran todo. La invasión extraterrestre se realiza en el pequeño pueblo de Santa Mira, adonde llega el joven doctor Miles Bennell y su novia Becky Driscoll para encontrarse con el extraño suceso de personas que aseguran que vecinos y parientes mutan en seres faltos de emociones y sentidos, lo que se extiende cada vez más.

No tarda el doctor en descubrir, tras la visita a un vivero, que unas vainas de origen extraterrestre duplican y sustituyen a las personas mientras duermen. Tras una huida accidentada sólo queda Miles, que incluso ha perdido a su novia, también duplicada, que le invitaba a convertirse en un ser sin emociones, un hombre-masa obediente e integrado en el ser colectivo de modo impersonal.

Al final Miles llega a un autopista e intenta avisar a los automovilistas de modo desesperado, llegando a gritarle a la cámara, a los espectadores.

Tras el pre-estreno se añadió un final feliz, donde Miles es llevado a una comisaria, en la que narra el relato (que empieza en el prólogo de la película, también añadido), y que no es creido, hasta que un policía comunica que en un accidente de tráfico han descubierto en un camión volcado unas vainas enormes. Miles llora. Fin.

Lo cierto es que la película mejora el relato original, lo acorta y elimina escenas trasnochadas o inútiles, incluido el final, el cual tampoco tiene importancia puesto que siempre se basa en la voluntad del director más que en la conclusión lógica del propio argumento.

El hecho de que las personas conserven su aspecto físico pero pierdan su humanidad es lo que ha llevado a las explicaciones tanto anticomunista como antifascista. Lo cierto es que "La Invasión de los Ladrones de Cuerpos" se encuadra en el auge de la ciencia-ficción de la postguerra que trataba, en unos casos, de exorcizar, explicar y negar la colaboración de la población alemana en la barbarie del Holocausto, el exterminio masivo perpretado por el régimen nazi en Europa, y en otros, de denunciar el totalitarismo que lleva a él, ejemplificado no sólo en el fascismo sino también en la dictadura comunista.

Son objetivos de más largo alcance y más asumibles para la sociedad de los años 50 que una hipotética reacción antimacarthysta del izquierdista Hollywood.

Hubo dos secuelas (y aún una tercera posteriormente): "La Invasión de los Ultracuerpos" ("Invasion of Body Snatchers") de 1977, dirigida por Philip Kauffman, y "Secuestradores de Cuerpos" ("Body Snatchers") en 1993, bajo la dirección de Abel Ferrara.

La primera la protagoniza Donald Sutherland y el protagonista original tiene un pequeño papel que sugiere una voluntad de continuidad con la primera. Transcurre en San Francisco cuando la invasión ya está en marcha y tiene tres innovaciones destacables: los efectos especiales, un guión más coherente y el aullido con el que los duplicados denuncian a los aún humanos mientras les señalan acusadoramente.

El final es menos optimista: cuando uno supone que el protagonista, Sutherland, se ha salvado, resulta que su compañera lo encuentra en un parque y es señalado por el reconvertido compañero mientras aulla de modo escalofriante. Buen final.

Se mantiene el análisis sociológico de el mundo deshumanizado no por circunstancias de la estructura socio-económica sino por la labor de grupos con objetivos concretos, aunque quizás la referencia al comunismo o al totalitarismo en general ya no persista. Indudablemente películas actuales como "Matrix" dan más juego, aunque su interpretación produzca resultados aún más polémicos y contrapuestos.

En todo caso, la tercera aún respetando la intencionalidad básica se aleja del original más acusadamente. Los invasores hacen mella en una base militar, y sus opositores son un grupo de jóvenes. Mejores efectos, quizás más consistente, final feliz al enfentarse fuerzas militares leales a los duplicados y arrasarles. No pasa de ser una película de terror-acción al uso.

"La Invasión de los Ladrones de Cuerpos" es un clásico de ciencia-ficción pero es mucho más. Inaugura, junto con otros (como "Qatermass and the Pitt"), una serie de películas que se interrogan sobre el ser humano desde la perspectiva de los hechos políticos ocurridos en la primera parte del siglo XX, el de las utopías colectivas asesinas, y hasta qué punto de deshumanización pudieron llegar. Es de esa deshumanización de la que tratan.

Porque el miedo a esa situación no fue ninguna "histeria", el comunismo y el nazismo fueron reales, pese al esfuerzo mitificador de una izquierda desmemoriada.

Hitler y Stalin asesinaron por motivos que hoy pueden parecernos ridículos y alucinatorios, pero que fueron reales, y esa realidad estuvo muy viva hsta los años 70, especialmente en lugares como Italia o Hispanoamérica. Y real fue su expansionismo, que condicionó buena parte de la política interna y exterior de las naciones.

También fue real otro aspecto muy escondido de esos regímenes: la colaboración, activa o pasiva, de la población

.

El argumento de estas películas es precisamente intentar explicar, superar y exculpar el colaboracionismo de la población, hoy demostrado en varias obras de historiadores, recientemente publicados en español: ("La utopía nazi (Cómo Hitler compró a los alemanes)". Götz Aly. Ed. Crítica, 2006). ("No sólo Hitler (La Alemania nazi entre la coacción y el consenso)". Robert Gellately. Ed. Crítica, 2002).